noviembre 27, 2025

Hace muchos años, vi una película titulada La Profecía (The Omen). El póster mostraba el título y el número 666, lo que me hizo pensar que trataría sobre el Apocalipsis. Sin embargo, descubrí que era una película de terror donde el villano, un niño aparentemente inocente, estaba destinado a ser el anticristo. 

En la trama, el protagonista intenta impedir su ascenso al poder, pero al final el mal triunfa porque, según la película, la profecía debía cumplirse. Luego salieron varias secuelas exaltando la supuesta invencibilidad de este hombre de pecado.

Menciono esto para contrastarlo con la realidad bíblica. Lo que estudiamos en Daniel 11 sobre el anticristo no es para traer temor ni ansiedad. Nosotros conocemos el final verdadero de la historia: el villano será destruido. 

El Señor Jesucristo acabará con el pecado y reinará con su pueblo para siempre. Estudiaremos este capítulo con una perspectiva bíblica, no mundana; sabiendo que Dios derrotará a este dictador mundial.

En la sesión anterior, vimos cómo el ángel le revela a Daniel el contenido del "Libro de la Verdad". Observamos el orden de los reyes desde Ciro de Persia, pasando por Alejandro Magno y la división de su imperio griego entre sus cuatro generales.

 Daniel 11 se enfoca específicamente en el conflicto entre dos de estas divisiones: el Reino del Norte (los seléucidas en Siria) y el Reino del Sur (los ptolomeos en Egipto).

La profecía detalla con exactitud las batallas y las intrigas políticas entre estas dinastías hasta llegar a un personaje crucial: Antíoco Epífanes (versículos 21-35). Aunque secularmente no fue el monarca más poderoso, bíblicamente es prominente porque es un "tipo" o representación del anticristo futuro. 

Su importancia radica en que persiguió a Israel y trajo la "abominación desoladora" al Lugar Santísimo. La historia dice que sacrificó un cerdo en el altar y colocó una imagen de un ídolo, profanando el lugar santo.

Daniel 11:31 dice: "Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora".

Esto es fundamental porque el Señor Jesús citó esta expresión en Mateo 24:15. "Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes".

Algunos creen que esto se cumplió totalmente en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén por el general romano Tito. Sin embargo, Mateo 24 es una profecía de doble cumplimiento. 

En el año 70, los romanos destruyeron el templo, pero no establecieron un culto idolátrico dentro del lugar santísimo como lo hizo Antíoco o como lo hará el anticristo. La profecía dice que el futuro dictador mundial se proclamará Dios. Esto implica que habrá un templo reconstruido donde se reinstaurará el sacrificio, y él vendrá a profanarlo.

El texto en Daniel continúa describiendo la reacción del pueblo. Versículo 32: "Mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará". Históricamente, esto se refirió a los Macabeos, un remanente que no se dejó seducir por las lisonjas de Antíoco. 

Asimismo, en el tiempo del fin, los "sabios del pueblo" (aquellos que temen a Jehová) instruirán a muchos, aunque enfrentarán persecución, espada y fuego (v. 33). Esta depuración tiene el propósito de limpiar y emblanquecer al pueblo "hasta el tiempo determinado".

Al llegar al versículo 35, muchos coinciden en que la profecía deja de hablar de Antíoco Epífanes y salta al tiempo del fin. ¿Por qué? Porque al seguir la línea histórica después de Antíoco, los reyes que le sucedieron en el norte y en el sur no encajan con las descripciones de los versículos siguientes. 

La cronología histórica se detiene, y entramos en territorio puramente escatológico. El texto comienza a describir al hombre de pecado final.

El versículo 36 declara: "Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá".

Aquí vemos la naturaleza de su gobierno: soberbia absoluta. No estará limitado por leyes humanas. Esto se confirma con lo que el apóstol Pablo dice en 2 Tesalonicenses 2:3-4. Allí lo describe como el "hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios".

El anticristo no solo se sentará en el lugar santísimo (el trono de Dios en la tierra). También hablará "maravillas", es decir, blasfemias. Apocalipsis 13:5-6 nos dice que se le dio una boca que hablaba grandes cosas y blasfemias, y autoridad para actuar por 42 meses (tres años y medio, la segunda mitad de la Gran Tribulación).

El texto dice que prosperará "hasta que sea consumada la ira". Esto es clave: su poder tiene un límite de tiempo impuesto por Dios. Dios permite su gobierno como parte de su juicio y su ira sobre un mundo que rechazó a Cristo. Pero todo está bajo el control soberano del Señor.

El versículo 37 añade: "Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres, ni respetará a Dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá". La frase "el Dios de sus padres" sugiere fuertemente que este dictador podría tener ascendencia judía, pero será un apóstata. 

Respecto a "el amor de las mujeres", hay diversas interpretaciones. Algunos piensan que se refiere a una falta de afecto natural o inclinación homosexual. Otros, basándose en el contexto cultural hebreo, sugieren que se refiere al "deseo de las mujeres" judías de ser la madre del Mesías; es decir, el anticristo despreciará al verdadero Mesías.

A pesar de su ateísmo aparente, el versículo 38 dice que "honrará en su lugar al dios de las fortalezas". ¿Quién es este dios? El Apocalipsis nos revela que el dragón (Satanás) le da su poder y autoridad. El anticristo dependerá de la fuerza militar y del poder satánico para mantener su dominio. Con ayuda sobrenatural maligna podrá conquistar "fortalezas inexpugnables" .

El versículo 40 introduce el conflicto final: "Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad…".

Si el anticristo está gobernando (posiblemente desde una posición central o europea), sufrirá oposición. El "rey del sur" (posiblemente una coalición liderada por Egipto o naciones africanas) y el "rey del norte" (regiones al norte de Israel, como Siria, Turquía o incluso Rusia) atacarán. El gobierno del anticristo no será de paz total. La guerra es una característica de la Gran Tribulación (representada por el jinete del caballo rojo en Apocalipsis).

El texto dice que él "entrará por las tierras e inundará y pasará". Entrará a la "tierra gloriosa" (Israel) y muchas provincias caerán. Sin embargo, hay un detalle fascinante en el versículo 41: "Mas estas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón".

Geográficamente, estos pueblos antiguos ocupaban lo que hoy es el Reino de Jordania. Dios, soberanamente, impedirá que el anticristo controle esta zona específica. Esto concuerda con lo que dice en Apocalipsis 12. El texto dice que la "mujer" (Israel) huye al desierto a un lugar preparado por Dios para ser sustentada durante la gran tribulación. Muchos estudiosos creen que esta región en Jordania (posiblemente Petra) será el refugio donde Dios esconderá al remanente judío fiel.

El anticristo continuará su conquista hacia el sur. El versículo 42 y 43 nos dicen que Egipto no escapará y que él se apoderará de sus tesoros. También que los libios y etíopes le seguirán. Esto indica una conquista del norte de África.

Versículo 44: "Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos".

Mientras está en el sur, rumores de movimientos militares del norte y del oriente lo alarman. Esto conecta con Apocalipsis 16:12, donde el sexto ángel derrama su copa sobre el gran río Éufrates para preparar el camino a los "reyes del oriente". El escenario se está preparando para la batalla de Armagedón. Lleno de ira satánica, el anticristo sale para una destrucción masiva final.

Finalmente, el versículo 45 describe su última posición: "Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude".

"Entre los mares" se refiere al territorio entre el Mar Mediterráneo y el Mar Muerto: Jerusalén y sus alrededores. Él establecerá su cuartel general cerca del Monte Santo (Sion/Jerusalén), deseando ocupar el lugar que corresponde a Cristo. Jerusalén es el centro del conflicto mundial porque es la ciudad del Gran Rey.

Pero la promesa final es contundente: "Llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude". A diferencia de las películas de Hollywood donde el mal parece invencible o cíclico, la Biblia declara la destrucción total del anticristo. No será derrotado por fuerza humana, sino por la manifestación de la venida del Señor Jesús (2 Tesalonicenses 2:8). Su poder, derivado del dragón, no podrá salvarlo.

Este estudio de Daniel 11 nos lleva desde la historia verificable de los imperios antiguos hasta el futuro profético que está por cumplirse. Vemos que la Palabra de Dios es precisa. Tal como se cumplieron las profecías sobre Persia, Grecia y Antíoco Epífanes, se cumplirán las profecías sobre el hombre de pecado.

Para el creyente, esto no es motivo de miedo. Sabemos que, aunque se levante un líder mundial que blasfeme contra Dios y persiga a los santos, su tiempo es corto y su fin está decretado. Nuestro enfoque no debe estar en el anticristo, sino en Jesucristo. El es Rey de Reyes que vendrá a establecer su reino eterno de justicia y paz. El "villano" de la historia no gana; el Cordero de Dios ya ha vencido.

Mantengámonos, pues, como los "sabios" mencionados en Daniel, conociendo a nuestro Dios, esforzándonos y actuando con fe, esperando la redención final que se acerca.

Gloria al Omnipotente.

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