febrero 22, 2024
La primera bienaventuranza del Sermón del Monte.

LA BENDICIÓN DE SER POBRES EN ESPÍRITU

En el texto dice lo siguiente: 1 Y viendo la multitud, subió a un monte, y estando sentado, se le acercaron sus discípulos. 2 Entonces abrió su boca y les enseñó, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

¡Aleluya!

Ser bienaventurado

Al leer estas palabras, lo primero que debemos preguntarnos es ¿qué significa el término "bienaventurado"? ¿Qué aplicación tiene para nosotros hoy? Según la Concordancia Strong, esta palabra proviene del griego macarios. Y significa supremamente bendito; por extensión, afortunado, acomodado:—bendito, feliz. 

Pero el significado de bienaventurado es profundo; no podemos aplicarle una definición estrecha. Ser bendecido no se trata de tener posesiones materiales. Más bien, tiene que ver con las riquezas y el bienestar de la vida interior. Algo difícil de comprender porque estamos hablando de cosas abstractas e invisibles. 

Ahora bien, la realidad es que las promesas de las bienaventuranzas aquí pertenecen a un tipo particular de personas. Solo los que han nacido de nuevo las pueden recibir. Estos creyentes deben presentar ciertas características. En la primera hay que ser pobre en espíritu. Y la gran pregunta es, ¿qué significa esto?

Pobres en espíritu

La expresión bienaventurados los pobres suena extraña. Cuando escuchamos la palabra pobre, solemos pensar en algo negativo. No tiene nada de agradable o atractivo. Para nosotros, la pobreza es escasez, necesidad o falta de suministro. Pero Jesús habla de pobreza en el espíritu, lo que implica que también hay una riqueza espiritual. Parece contradictorio que alguien pobre en su interior sea llamado bendecido o feliz. ¿Cómo es esto posible?

Lo que Jesús nos dice indica que debemos considerarnos como pobres de espíritu. Esta expresión parece extraña y contradictoria porque, lógicamente, nuestra condición debería ser la contraria. Si tenemos a Dios en el corazón, debemos ser espiritualmente ricos. 

Sin embargo, la pobreza de espíritu no se refiere a estar sin Dios en el corazón. Aunque tenemos su Espíritu en nosotros, aún nos falta seguir buscando más de Él. Todavía no podemos tenerlo en toda su plenitud..

Dependiendo de Dios

Además de esto, ser pobre en la vida interior es también depender totalmente de Dios. Se trata de reconocer que estamos espiritualmente en bancarrota y siempre necesitamos más de Dios. Cuanto más nos acercamos a su santidad, más reconocemos nuestra bajeza.

En el Salmo 34:6 dice, “Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias.”

Cuando David escribió estas palabras necesitaba ayuda de Dios, pero en su oración no estaba pensando en dinero. No estaba pidiendo una fortuna. Él sabía que le faltaban los recursos espirituales para poder salir adelante. Entendió que necesitaba la riqueza espiritual que viene de lo alto.

Del mismo modo, debemos vernos pobres en espíritu, reconociendo nuestra necesidad continua de Dios. Vivir hambrientos y sedientos de Él para recibir la bienaventuranza prometida del reino de los cielos.

Dueños del Reino

La recompensa para los pobres en espíritu es la posesión del reino de los cielos. Toda la riqueza de arriba le pertenece a aquellos que tienen hambre de Dios. El texto no dice "de ellos será el reino de los cielos," sino que lo dice en tiempo presente. Desde el momento que nacemos de nuevo, somos ciudadanos de su reino. Esto quiere decir que poseemos los beneficios y privilegios inherentes en el gobierno de Dios. El principal beneficio es el de la vida eterna. 

Cuando Jesús oraba por sus discipulos, en un momento dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17:3 

Vemos aquí porque es necesario que seamos pobres en espíritu. Si no mantenemos esta actitud de humildad y dependencia de Dios, no podremos conocerle, ni ser parte de su reino.

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