LIBRE DE MALDICIÓN

A veces he escuchado a algunos creyentes que al orar, siempre están rompiendo y cancelando maldiciones en sus vidas. Este tipo de cristianos, usualmente temen ser victimas de alguna maldición del pasado o del presente. Pero un estudio cuidadoso de la palabra de Dios nos muestra que no tenemos porqué temer a tales cosas. El Señor Jesucristo murió y resucitó para salvarnos y bendecirnos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3).

En este estudio bíblico, examinaremos el tema de las maldiciones en la Biblia. Veremos cuál fue el origen de la maldición; cómo somos librados de ella, y la protección divina para su pueblo. Que a través de este video recibas paz y fortaleza espiritual.

JESUCRISTO EL INMUTABLE

Vivimos en un universo cambiante o mutable. Desde las grandes galaxias en el espacio sideral, hasta los microorganismos más diminutos del planeta,  todo cambia. Cuando se trata del ser humano, algunos cambios son para bien y otros para mal. Algunas personas cambian para mejorar su carácter, pero otras cambian para destruir sus almas.Todos cambiamos de una forma u otra, excepto un hombre.

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hebreos 13:8

Debido a que vivimos en esta realidad universal, tendemos a olvidar que nuestro Señor Jesucristo no cambia. Lamentablemente, pensamos que Él ya no nos ama si no responde a nuestras peticiones. O siempre que no sentimos su presencia, pensamos que nos ha abandonado. Sin embargo, nuestro Señor no puede alterar su naturaleza porque no tiene que agregarle ni restarle nada. El conocimiento de esta verdad debe ser motivo de gozo en los creyentes.

Saber que, como parte de la Deidad, nuestro Señor Jesucristo es siempre fiel, nos da seguridad y confianza. Podemos estar seguros de que nunca nos abandonará, que Él siempre permanece fiel.

Ahora bien, debemos diferenciar entre la inmutabilidad de su carácter y sus obras en diferentes tiempos. Las funciones del Hijo de Dios han cambiado de acuerdo a los propósitos del Padre desde antes de la creación. Cristo ha ejercido diferentes ministerios de acuerdo a la necesidad de la humanidad. Pero no importando cuál haya sido su obra dentro y fuera del tiempo, Jesús sigue siendo el mismo.

Quién fue Cristo ayer

El ayer de Cristo no comenzó cuando nació de María casi dos mil años atrás. La Biblia nos dice que Él tuvo una gloria que compartió con el Padre, antes de la creación del mundo. Por lo tanto, su pasado es también eterno.

Juan 17:5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

No tenemos idea de cuánto duró tal gloria en la eternidad pasada. Puede haber durado decenas de miles de años o incluso millones y millones de años. Pero sí sabemos por la Escritura que Él tuvo esa gloria y que recibió alabanza junto al Padre cuando creaba la tierra. Job 38:1-7

En cuanto a su ayer terrenal, vemos que Jesús tuvo una misión que cumplir. Lucas 19:10 dice: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.» Por esta causa nuestros Señor tuvo que participar de carne y sangre, para ofrendarse como holocausto por todos nosotros. Y con su sangre, nos salvó de nuestros pecados (Mateo 1:21).

En su ayer terrenal, Jesús también anduvo haciendo bienes, sanando los enfermos, y liberando a los cautivos por el diablo (Mateo 4:24; Hechos 10:38). Multitudes fueron impactadas por el poder que salía de Él.

Quién es Él hoy

En vista de que el Señor es inmutable, podemos concluir que hoy en día Él sigue haciendo lo mismo. Él no ha dejado de salvar, sanar, y liberar a los cautivos. En Hechos 9:33-34 vemos como Jesús seguía sanando a través del Espíritu Santo en los creyentes.

33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó.

Notemos que Pedro dijo “Jesucristo te sana”. Aunque ya Él no estaba en la tierra en forma corporal, Jesús sigue con nosotros a través de su Espíritu.

Además de estas obras, el Señor nos libra de los juicios apocalipticos. Nuestra relación con Cristo nos hace partícipes de un nuevo pacto con Dios. Uno de los beneficios de ese pacto es el ser guardados de la ira que vendrá. 1 Tesalonicenses 1:10 dice:  «y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.» Notemos que el texto no dice que «nos librará», sino que está en el presente, dando a entender que esa es parte de su obra actual.

Para recibir los beneficios del nuevo pacto, es necesario confesar que Jesús es el Señor, y creer que Dios lo levantó de los muertos (Romanos 10:9). Esta confesión reconoce quién es Él hoy, y nos da entrada a su reino. El texto no dice que Jesús será el Señor; Él es el Señor hoy.

Además de esto, 1 Corintios 1:24 dice que el Señor Jesucristo es poder y sabiduría de Dios para los que creen. En este capítulo, el apóstol Pablo nos enseña que Jesús es el poder que buscaban los judíos y la sabiduría que anhelaban los griegos. A través de su poder derrotamos a las fuerzas del enemigo. Y por su sabiduría podemos andar rectamente (Santiago 3:13).

Jesucristo en la eternidad

Como dije antes, el pasado de Cristo va más allá de su encarnación. Antes de venir a este mundo, Jesús ya existía fuera del tiempo. Cuando tomó forma de hombre entró en la dimensión del tiempo para derramar su sangre por la humanidad. Y al ascender a los cielos volvió a la eternidad para interceder por nosotros.

Juan 17:5 – «Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.» El Señor pronunció estas palabras cuando oraba al Padre en la vispera de su crucifixión. Vemos claramente que, en la eternidad pasada el Padre y el Hijo compartían una gloria de la cual todavía no tenemos revelación.

Pero recordemos que Jesucristo no solo recibió gloria en el pasado, o solo en el presente. Sino que seguirá recibiendo honra y alabanza en el futuro también.

Apocalipsis 5:13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Esta escritura profetiza la gloria futura que el Padre y el Hijo van a recibir de toda la creación.

Apocalipsis 11:15 – «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.»

Así como el Hijo reinó con el Padre antes de la creación del mundo, así también reinará en la eternidad futura y su reino no tendrá fin.

La inmutabilidad de Jesucristo nos llena de fe y esperanza. Nos da la seguridad de que siempre cumplirá lo que ha prometido.

JESUCRISTO EL LOGOS

En Juan 1:1 encontramos una de las escrituras más profundas de la Biblia. El texto dice: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.»

En primer lugar, notemos que el autor no nos dice a qué principio se refiere, sino que da por sentado que el lector debe comprender de cuál principio se está hablando. Esta palabra, el principio, viene del griego arche que significa, 1) principio, origen; 2) la persona o cosa que comienza, la primera persona o cosa en una serie, el líder; 3) aquello por lo que cualquier cosa comienza a ser, el origen, la causa activa.

Vemos, pues, que esta palabra nos habla del comienzo del tiempo cuando tuvo origen el universo; el punto de partida de donde se inician todas las cosas. Pero cuando hablamos del tiempo, también este concepto nos deja con más preguntas sin respuestas, ya que hay una gran diferencia entre como Dios y el hombre perciben el tiempo. De todos modos, lo importante es saber que desde el principio, ya el Verbo estaba ahí.

La palabra Verbo proviene del griego Logos que significa «palabra», pero que también tiene otras aplicaciones en el N.T.

Por ejemplo, en las siguientes citas bíblicas veremos como logos se traduce al español:
Mateo 5:37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
Mateo 7:24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
Mateo 12:36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
Mateo 28:15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.

Logos se refiere al uso en el discurso o al hablar y también en conceptos de la mente. Según el diccionario bíblico de Vine, esta palabra denota «la expresión del pensamiento.» Es decir que Cristo es la expresión del pensamiento o del corazón de Dios Padre. Cuando una persona habla, en su voz se manifiesta lo que está en el interior, en su corazón.

Nuestro Señor Jesús dijo: «porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Luc. 6:45). Cuando Dios creaba todas las cosas lo hacía a través del Verbo. «Y dijo Dios: sea la luz; y fue la luz» (Gen. 1:3). En esas palabras, pronunciadas por Dios, estaba Cristo. Por esto Juan declara que sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 1 Corintios 8:5

Colosenses 1:15-18
15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

Jesucristo es el logos; la palabra del Dios viviente. Es por esto que en sus palabras hay poder. Él dijo: mis palabras son espíritu y son vida. Si queremos ser creyentes victoriosos debemos comprender que en la Palabra de Dios hay un poder sobrenatural terrible. Un poder que levanta al caído, que rompe las cadenas, que da vida a los muertos.

Hebreos capítulo 1:3 dice que Cristo, es el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen de su sustancia, «y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…» Todo este vasto universo con sus leyes físicas y los misterios que hay en él subsisten por lo que Dios ha declarado.

Asimismo en la vida espiritual, si estamos de pie en este camino de tantas luchas y pruebas es porque Cristo, el Logos, nos sostiene por su palabra. Por lo cual no hay que temer venga lo venga contra nosotros, porque así como Cristo venció la tentación diciéndole al enemigo «escrito está» (Mat.4:4), así también nosotros podemos vencer en la adversidad. Nuestro Señor Jesucristo ha dicho «el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Luc. 21:33).