LOS DÍAS DE NOÉ

En una ocasión, los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo vendría el reino de Dios. No hicieron esta pregunta porque estaban interesados en la respuesta. Sólo querían saber si Jesús pensaba proclamarse Mesías y, por tanto, rey de los judíos. Pero sin darse cuenta, los fariseos hicieron una de las preguntas más críticas de la historia.

En primer lugar, la respuesta del Maestro indicaba que el reino de Dios ya estaba entre ellos, pero invisible; y segundo, que el reino visible vendría de repente. Para ilustrarles cómo ha de venir el reino de Dios visiblemente, el Señor Jesucristo citó dos acontecimientos históricos. Hoy hablaremos solo del primer ejemplo que Él presentó; el de los días de Noé.

Lucas 17:20 Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, 21 ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. 22 Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. 23 Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. 24 Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. 25 Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación. 26 Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. 27 Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.

Lucas 17 no fue la única vez que el Señor mencionó los días de Noé. En Mateo 24, Jesús informó a sus discípulos sobre acontecimientos del tiempo del fin. También les habló de las señales que vendrían antes de su regreso. Dentro de las señales que mencionó, Jesús dijo que ese tiempo sería como los días de Noé.

Mateo 24:36 Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre. 37 Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Si queremos entender esta señal profética, debemos ver lo que sucedió en los días de Noé.

Matrimonios malignos

El capítulo 6 de Génesis destaca el mayor problema socio espiritual en los días de Noé. En el versículo 1 y 2 dice: 1 Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 2 que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

Estos versículos han sido motivo de intenso debate en algunos círculos teológicos. Por un lado, algunos creen que los hijos de Dios fueron ángeles caídos que abandonaron su morada y procrearon con mujeres. Pero otros ven a los hijos de Dios como los descendientes del linaje justo de Set y consideran que las hijas de los hombres son descendientes del linaje de Caín.

Cualquiera que sea su posición teológica sobre este punto, una cosa está clara, el Señor vio estos matrimonios como actos malvados. Había algo anormal en estos casamientos, ya que de ellos nacieron los gigantes.

En Mateo 24, Jesús menciona las bodas, la comida y la bebida como parte de la vida diaria de ese tiempo. Él estaba señalando cómo las personas vivían sus vidas cotidianas sin pensar en Dios. Pero también es probable que el Señor estuviera dando a entender la maldad de los hombres en estas tres cosas.

El versículo 3 dice: Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.

El dolor fue la reacción de Jehová ante la promiscuidad de la humanidad. El pecado había aumentado tanto que el Señor tuvo que reducir la longevidad de los hombres. Nótese que en la genealogía del capítulo 5, todos los personajes vivieron más de ochocientos o novecientos años. Luego, en la genealogía del capítulo 11, la edad de los hombres comienza a disminuir rápidamente. (Génesis 11:10-32)

La maldad rampante

Génesis 6:5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. 6 Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. 8 Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.

Imagínese toda la humanidad, millones de personas en el mundo, haciendo mal continuamente. Sería insoportable vivir en un mundo así. Ese nivel de maldad tan grande demandó el exterminio de los pecadores. Todos se habían corrompido, excepto un hombre. La fe de Noé sirvió para salvarse él y su familia. Y por medio de ellos, la humanidad tuvo otra oportunidad.

Hoy también está aumentando la maldad. Lo cual es una señal de que estamos en el tiempo del fin. Si el Señor Jesucristo no ha venido por su pueblo todavía, es porque aún hay almas que salvar.

Juicio inesperado

En Mateo 24:39 dice que la gente de los días de Noé no entendió hasta que vino el diluvio. Mientras Noé construía el arca y les predicaba del juicio, ellos no hacían caso a sus palabras. Solo cuando empezó caer el agua comenzaron a tocar la puerta del arca. Hoy también hay muchos que viven sus vidas sin pensar en Dios, ignorando el mensaje del evangelio. Ojalá que puedan recapacitar a tiempo. Que no se vean un día llamando a Cristo cuando sea demasiado tarde.

Al ver los tiempos que estamos viviendo debemos motivarnos a buscar más de Dios. Hoy más que nunca hagamos la obra de Dios. No sabemos hasta qué punto aumentará la maldad. Pero lo que sí sabemos es que no debemos descuidar nuestra salvación.

CAMINANDO CON DIOS

Si tratáramos de contar las bendiciones y privilegios que tenemos en Jesús, no sabríamos por dónde empezar. El Señor perdonó nuestros pecados, nos dio su Espíritu Santo y nos dio miles de promesas maravillosas en su Palabra.
Cuando meditamos en los beneficios de la salvación, tendemos a centrarnos en su aspecto más impactante.

Dios nos libró de la condenación eterna y quiere que pasemos la eternidad con él. Esta es una verdad maravillosa y digna de nuestra atención. Pero uno de los privilegios que deberíamos enfatizar más a menudo es el privilegio de caminar con Dios. Este es un honor que podemos disfrutar gracias a la obra del Señor Jesucristo.

En la Biblia tenemos el ejemplo de un hombre que caminó con Dios (Génesis 5:24). Las Escrituras no nos dan muchos detalles de su vida. Solo sabemos a quién engendró y cuántos años caminó con Dios antes de que se lo llevara. Génesis 5:24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.

Al leer estas palabras, debemos preguntarnos: ¿qué significa caminar con Dios? ¿Qué hizo Enoc para merecer estas palabras sobre él? ¿Qué podemos hacer para ser partícipes de esa bendición?

Caminar con Dios habla de tener una comunión íntima con Él

El caminar con Dios tiene que ver con la forma en que interactuamos con Él. Tiene que ver con cómo nos relacionamos con Él.

El Salmo 25:14 dice: La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto.

Notemos que el tipo de compañerismo del que se habla no es superficial sino íntimo. Para tener intimidad con alguien, debe haber una relación cercana . Es ahí cuando nos abrimos y compartimos nuestros secretos. Este texto nos muestra que Dios quiere revelar sus secretos a los que le aman.

2 Corintios 13:14 dice: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

La palabra comunión significa compañerismo, asociación y participación conjunta. Una de las bendiciones para el pueblo de Dios es la comunión con el Espíritu Santo. Para mantener esa comunión, uno debe mantener una comunicación continua con Dios.

Para caminar con Dios, debemos estar de acuerdo con él

Caminar se refiere a las acciones y decisiones que uno toma diariamente. Así que caminar con Dios se trata de compartir nuestros planes, sentimientos y pensamientos con Él. Sobre todo, se trata de hacer su voluntad y vivir en la Palabra.

Caminar con Dios se trata de obediencia. Si resisto sus palabras, ¿cómo puedo caminar con él? El Señor quiere que todos tengamos acceso a su presencia. Pero hay veces que vamos por otro lado. En lugar de ir en la misma dirección que Dios, elegimos un camino diferente.

¿Cómo podemos caminar con Dios si nos negamos a hacer lo que Él quiere? Asegurémonos de estar en su perfecta voluntad. Sólo así podremos andar con Él.

1 Juan 2:6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

Para caminar con Dios es necesario tener fe

Hebreos 11:5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. 6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

¿Cómo podemos caminar con Dios si no creemos lo que Él dice? El secreto de Enoc fue que tenía una fe que lo mantuvo cerca de la presencia de Dios. Caminar con Dios no significa que sentiremos su presencia todos los días, que veremos una nube de gloria o recibiremos una revelación. Mas bien, significa que estamos seguros de Su presencia incluso cuando no lo sentimos. Para caminar con Dios, uno debe andar por fe y no por vista.

LIBRE DE MALDICIÓN

A veces he escuchado a algunos creyentes que al orar, siempre están rompiendo y cancelando maldiciones en sus vidas. Este tipo de cristianos, usualmente temen ser victimas de alguna maldición del pasado o del presente. Pero un estudio cuidadoso de la palabra de Dios nos muestra que no tenemos porqué temer a tales cosas. El Señor Jesucristo murió y resucitó para salvarnos y bendecirnos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3).

En este estudio bíblico, examinaremos el tema de las maldiciones en la Biblia. Veremos cuál fue el origen de la maldición; cómo somos librados de ella, y la protección divina para su pueblo. Que a través de este video recibas paz y fortaleza espiritual.