LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO


Si hiciéramos un encuesta a toda persona que profesa haber nacido de nuevo, y le preguntaremos si tiene la llenura del Espíritu Santo, me pregunto cual sería la respuesta de la mayoría de los creyentes entrevistados. ¿Cuál sería su respuesta a esta pregunta?

Muchos dirían “sí, estamos llenos del Espíritu de Dios.” Mientras que otros dirían que no lo saben. Quizás algunos digan no, “no estamos llenos del Espíritu Santo.” Pero cualquiera que sea la realidad en su vida, necesitamos estudiar lo que nos dice la Biblia en cuanto a este tema, pues la ignorancia del mismo sería perjudicial para nuestro progreso espiritual.

La primera vez que encontramos la expresión ‘llenos del Espíritu Santo’ es en Hechos capítulo 2 donde se relata la experiencia del día de Pentecostés en el aposento alto. Los discípulos se habían quedado en Jerusalén siguiendo las instrucciones del Señor, quien les ordenó que esperaran la promesa del Padre (Hechos 1:4). Este evento ocurrió aproximadamente diez días después de la ascención de nuestro Señor Jesucristo. 

Hechos 2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Lo que hizo ese día tan significativo para la iglesia fue que en ese momento iniciaba oficialmente el ministerio del Espíritu Santo en la tierra. Esto no quiere decir que él no había estado trabajando en este planeta anteriormente, sino que ahora él sería representante de Cristo en la tierra hasta el día de su regreso en las nubes (Juan 14:16). 

También ese momento fue importante porque allí los discípulos recibieron una investidura de poder para ser testigos del evangelio de Cristo. El Señor les había dicho: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8). 

Esto indica que para poder evangelizar a este mundo efectivamente necesitamos llevar el mensaje de salvación llenos del poder de Dios. 

Lamentablemente, existen diferentes puntos de vista y diferentes interpretaciones acerca del bautismo en el Espíritu Santo y lo ocurrido en el día de Pentecostés. Para muchos, el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés fue el momento en el que él vino para habitar dentro de cada creyente para siempre. Por lo tanto, todo el que viene a Cristo y ha nacido de nuevo, está lleno del Espíritu Santo. 

Sin embargo, un análisis cuidadoso de las Escrituras nos muestra que la llenura del Espíritu debe ser entendida de varias formas, dependiendo del contexto histórico de la escritura que estemos leyendo y la aplicación del término “llenura” o “bautismo.” 

Notemos que el día de Pentecostés no fue la única vez en que los discípulos fueron “llenos del Espíritu.”Hechos 4:31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Vemos aquí a creyentes que ya habían recibido la promesa del Padre en Hechos capítulo 2. Pero ahora, después de la persecución que se había desatado contra la iglesia, ellos necesitaban recibir una manifestación especial del Espíritu. Después de haber experimentado una nueva manifestación de la gloria de Dios, estos creyentes recibieron fortaleza para seguir hacia adelante.

En otra escritura de la palabra de Dios se nos enseña que debemos buscar el ser llenos del Espíritu. Efesios 5:18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu…

Ese es un mensaje relevante para los cristianos de todos los tiempos. No importa cuanto tiempo atrás hayamos experimentamos la presencia de Dios llenándonos por primera vez, necesitamos buscar la llenura del Espíritu Santo siempre.

En estos tiempos de tantas distracciones y tentaciones por doquier, se hace más necesario que busquemos continuamente la llenura del Espíritu para poder así agradar a Dios en todo tiempo. 

Si usted se pregunta cómo se puede adquirir esta bendición, “¿cómo puedo ser lleno de Dios?” La respuesta más sencilla es, pidiendolo. El Señor dijo: “pedid y se os dará.” No podemos obtener nada de parte de Dios sin una vida de oración y adoración.

En Efesios 5:19 Pablo continúa explicando cómo debemos andar para ser llenos del Espíritu. “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.”

Una vida llena de alabanza y adoración en lo profundo de nuestras almas, nos mantendrá en comunión con el Espíritu Santo de Dios, y como resultado, viviremos llenos de su presencia.

LA ORACIÓN MODELO (continuación).

                                                                                                                                                                                                      

Mateo 6:11-13 – «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy…» Después de haber alabado al Señor y pedido por las cosas concernientes al reino, el creyente puede presentar sus necesidades al Padre. La necesidad más básica para el hombre vivir es el alimento. Hay muchos que padecen y mueren de hambre en el mundo. Esto es realmente lamentable.

Pero cuantos millones de personas están comiendo a diario sin saber ni pensar que es Dios quien provee para ellos. Muchas veces los hijos de Dios somos culpables de lo mismo. Laboramos y nos esforzamos en ganar el dinero necesario para vivir en esta sociedad y luego comemos pensando que por nuestro esfuerzo estamos satisfechos. En esta petición aprendemos a depender de Dios para nuestro sustento y el de nuestros familiares.

«Y perdona nuestras deudas (ofensas)…» En el texto griego la palabra que se usa es «opheilēma» que significa deuda, ofensa, o moralmente hablando, falta. Cuando pecamos contra alguien estamos endeudados con esa persona. Al ofender causamos una herida en el corazón del ofendido provocando así un clamor por justicia o restitución. Cuando pecamos contra Dios estamos insultando su santidad. Notemos que para que nuestra deuda sea perdonada por Dios se da por sentado que nosotros estamos perdonando a nuestros deudores.

El declaró: «el que tiene misericordia alcanzará misericordia.» Este es un principio espiritual muy poderoso y de suma importancia. Satanás conoce la Escritura y cuando ve que hay un creyente que guarda resentimiento y enojo contra su prójimo, él sabe por la palabra de Dios que tiene acceso para atormentar ese creyente. De nada vale que pasemos horas orando a Dios si aun no hemos perdonado a aquellos que nos han ofendido. Solo cuando hemos perdonado de corazón podemos pedir al Padre que también perdone nuestras deudas.

«Y no nos metas en tentación…» Debemos entender que Dios siendo Santo y Puro nunca tienta a nadie. En Santiago 1:13-14 dice: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.» Aunque Dios no tienta a nadie sí hay momentos en que él permite que el creyente entre en una tentación para que su fe sea probada como es el caso de José con la mujer de Potifar. Aun Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo (Mat. 4:1).

¿Si Dios permite que lleguen estos momentos en la vida del creyente porque Jesús provee esta petición dentro del modelo de oración que esta enseñando? Aunque Dios permite que el creyente entre algunas tentaciones con el propósito especifico de probar su fe como se prueba el oro, en la mayoría de los casos, como ya vimos en el libro de Santiago, somos tentados a causa de la seducción de los deseos carnales. Esta petición es una arma preventiva en el arsenal que Dios ha provisto para el creyente. La tentación es como el veneno que entra en tu sangre pero la oración es el antídoto. Mateo 26:41 – «Velad y orad, para que no entréis en tentación…»

«mas líbranos del mal…» Muchas veces vienen males a nuestras vidas a causa de nuestra pereza en cuanto a la oración. Cuando hablo de males me refiero a ataques sobrenaturales del reino de las tinieblas. Por supuesto que como hijos de Dios en el mundo tendremos aflicción, pero a pesar de ello el Señor quiere que seamos victoriosos sobre las fuerzas del mal. Según algunos comentaristas, la palabra ponēros que se usa para «mal» en el griego puede traducirse «maligno.» Es decir que en esta petición lo que se está pidiendo es que seamos librados del maligno, Satanás. La actividad demoníaca contra los hijos de Dios se ha intensificado en estos últimos días. Hoy mas que nunca debemos utilizar esta arma poderosa que Dios nos ha dado en la oración para pedirle a nuestro Padre celestial que nos libre del maligno.

«porque tuyo es el reino…» Una vez que que concluimos con nuestras peticiones debemos finalizar con alabanza. El Padre le ha dado el reino a su Hijo para que un día él reine sobre las naciones con vara de hierro. Esto se cumplirá cuando Jesucristo establezca su reino de mil años sobre la tierra. Pero cuando todo enemigo haya sido eliminado, Cristo entregará el reino al Padre. 1 Corintios 15:24-25 lo dice claramente: «Luego el fin, cuando entre el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Versículo 28 dice: «Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

«el poder…» Todo poder (gr. dynamis) procede de nuestro Dios porque él es poder. En el universo existen muchas criaturas que poseen grandes poderes en el ambito espiritual y en el material, pero solo Dios posee poder absoluto. Recordemos que los nombres y titulos que le pertenecen hablan de su naturaleza. La palabra nos enseña que él es el Omnipotente y en otras partes es llamado el Todopoderoso. Cuando oremos recordemos que le estamos pidiendo a aquel que todo lo puede.
«y la gloria…»  El diccionario Vine traduce la palabra griega doxa como: «una opinion, estimacion, reputación;» en el N.T., siempre «buena opinion, alabanza, honor, gloria, una apariencia que merece respeto, magnificencia, excelencia, manifestación de gloria;» por ejemplo, la potestades angelicales, con respecto a su estado que demanda reconocimiento, «dignidad,» 2 Ped2:10; Jud.1:8.

«por los siglos de los siglos…» Esta es una expresión que simplemente quiere decir que de Dios son estas cosas por toda la eternidad. En esta dimensión en la que vivimos estamos confinados dentro del tiempo y el espacio. Es dificil para nuestra mente finita captar el significado de esta expresión. Entendemos que significa en nuestra mente, pero en la experiencia vivimos en un mundo pasajero que va en decaimiento. Todo es vanidad debajo del sol declaro el Predicador en Eclesiastes. Todo es vanidad pero Dios reina para siempre.