PENSANDO EN EL SEÑOR

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Isaías 26:3 Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

 

Yo soy un testigo del poder y fidelidad de esta escritura. En muchas ocasiones he visto como mi alma se ha llenado de ansidedad cuando no medito en el Señor, y en vez de eso dejo que mi mente se distraiga con pensamientos vanos.
Pero cuando me vuelvo a Dios y pienso en sus promesas, mi corazón es inundado de paz, seguridad y confianza.

Vivimos en un mundo enloquecido por la maldad; lleno de conflictos, divisiones, e histeria colectiva. A veces, estos males de la sociedad logran penetrar la mente del creyente con pensamientos mentirosos que le hacen dudar del mensaje del evangelio.

Al aceptar la duda en su corazón, el creyente le da acceso a los espíritus malignos para que ataquen su mente y sus emociones. Es por esto que muchos cristianos pierden la paz de Dios en sus vidas. Por lo tanto, es necesario que acudamos a la fuente de esperanza y fortaleza para los hijos de Dios, su Santa Palabra.

LA PROMESA

La promesa de Isaías 26:3 nos da la clave para salir victoriosos de los ataques del maligno, y nos muestra cómo podemos evitar perder la paz interior. Esta escritura nos enseña que aquel que piensa o medita en Dios siempre, es guardado en completa paz por el Dios Todopoderoso.

En otras escrituras la palabra guardar es utilizada en un sentido militar; “como cuando una ciudad es guardada por una guarnición en su interior, aunque sea rodeada en el exterior.” Jamiesson, Fausset, & Brown Commentary

La palabra pensamiento en este versículo viene del vocablo hebreo yêtser que también se puede traducir como “concepto, imaginación, o mente.” Una mente llena de Dios y su palabra no tendrá espacio para pensamientos malignos, ni para alojar los argumentos mentirosos del enemigo.

Ahora bien usted dirá, ¿quién puede permanecer pensando en Dios cada día de su vida? Pues obviamente este texto no está hablando de pensar en el Señor veinticuatros horas al día, siete días a la semana.

Más bien se refiere a mantener una relación con el Señor cada día de nuestras vidas; a estar conscientes de su presencia en nuestro diario vivir. Solo el vivir en el Espíritu nos permitirá tener este tipo de meditación.

LOS QUE SON DEL ESPÍRITU

Romanos 8:5-6 dice Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

Vemos aquí que el tipo de pensamiento que guardamos en nuestra mente nos deja saber si estamos en el Espíritu o en la carne.

El pensamiento carnal es aquel que está acuerdo a los deseos malignos en nuestro cuerpo. Mientras que el pensamiento del Espíritu es el que está de acuerdo a la palabra de Dios y el fruto del Espíritu (Gálatas 5:21-23).

En Romanos 8 aprendemos que lo que pensamos, sea carnal o espiritual traerá consecuencias a nuestras vidas. Si siendo nacidos de nuevo, luego nos deleitamos en pensamientos pecaminosos vamos a perder la vida de Dios en nosotros. Si por el contrario, perseveramos pensando en el Señor y gozandonos en su palabra, vamos a tener vida y paz.

No tenemos porqué vivir como los que no tienen esperanza en el mundo. Como hijos de Dios tenemos la fuente de vida en nuestros corazones. Solo necesitamos permanecer conectados a la vid, ocupando nuestra mente en Dios, y confiando en sus promesas.

La promesa en Isaías 26:3 añade, “porque en ti ha confiado.” El que permanece meditando en el Señor desarrolla confianza en su Dios. Esta confianza viene a través de la fe en su palabra, y como resultado es guardado por la paz que nos da nuestro Señor Jesucristo. ¡Aleluya!

EL PENSAMIENTO Y LA EMOCIÓN

En la meditación bíblica de hoy vamos a finalizar con el tema de “el creyente y las emociones”, y a la misma vez, comenzaremos un nuevo tema sobre la mente del creyente. Podemos lograr ambos propósitos en esta lección porque veremos que nuestras emociones pueden ser afectadas por nuestros pensamientos.

Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.(Proverbios 23:7a)

Esta porción de la palabra de Dios nos muestra que el pensamiento del hombre puede indicacar como es su carácter. Por lo cual, es importante que como cristianos estemos velando la calidad del pensamiento que viene a nuestra mente. Es decir, que si permitimos que pensamientos malignos residan en nuestra mente, también nuestro comportamiento será maligno. Si por el contrario nuestra mente persevera en el Señor, Dios promete guardarnos en completa paz (Isaías 26:3).

I. Relación entre el pensamiento y la emociones

Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? (S. Lucas 24:37, 38)

Aunque no siempre nuestras emociones son afectadas por nuestros pensamientos, hay veces en que lo que sentimos es un resultado de lo que hemos permitido en nuestra mente. Cuando nuestro Señor Jesucristo se presentó a sus discípulos después de haber resucitado, ellos no podían creer que era su Señor. Vino temor y turbación al corazón de ellos al pensar que veían espíritu. También a nosotros, muchas veces, nos llega un pensamiento mentiroso que contradice la verdad de la palabra de Dios. El resultado es que el pensamiento afecta nuestro estado de ánimo y emoción. La pregunta que Jesús le hizo a sus discípulos es para nosotros también. ¿Por qué vienen a nuestro corazón estos pensamientos? Si encontramos la respuesta podremos corregir nuestra mente y sentimientos por la palabra de Dios.

II. La vanidad de la mente sin Cristo

Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; (Efesios 4:17, 18)

Como cristianos nacidos de nuevo no debemos andar como aquellos que no tienen al Señor en sus corazones, pensando lo que es desagradable a Dios. Cuando leemos la palabra vanidad en este texto debemos entender que el significado de la misma en esta escritura no es para referirse al orgullo o la altivez. En las Escrituras la palabra vanidad se refiere a aquello que es inútil, falto de verdad y de pertinencia. Cuando nuestra mente aloja razonamientos que contienen falsedad y mentiras no podemos vivir una vida cristiana victoriosa.

III. Renovación

y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (Efesios 4:23)

La ciencia moderna sabe mucho acerca del cerebro pero aun ignora mucho acerca de la mente. Un psiquiatra no puede verla con rayos x, ni puede conocer que forma o estructura posee. Pero en la palabra de Dios aprendemos un secreto muy importante; la mente del creyente necesita ser renovada. La necesidad de renovación implica la existencia de deterioro o fatiga en nuestro razonamiento. El ataque de los espíritus malignos y los deseos de la carne que constantemente nos asedian, causan un cansancio mental que nos lleva a pensamientos vanos e impuros. Efesios 4:23 nos enseña que tenemos la capacidad de renovarnos por el poder del Espíritu Santo. Depende de nosotros. Es nuestra responsabilidad hacerlo.