ABRE MIS OJOS

SALMO 119:18

Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.

La petición del salmista demuestra el estado natural de nuestra visión espiritual. Debido a la caída del hombre, todo ser humano tiene sus ojos espirituales cerrados. Esta condición del hombre interior causa que también los ojos de nuestro entendimiento esten cerrados. El hecho de que él le pide al Señor que abra sus ojos, indica su impotencia para abrirlos por sí mismo. En Efesios 1:18 el apóstol Pablo pedía algo similar para los creyentes, que el Señor alumbrara los ojos de su entendimiento. Podemos abrir nuestros ojos de carne para ver el mundo natural, pero solo Dios puede abrir los del espíritu.

En esta oración, el salmista no quiere ojos abierto para ver el mundo espiritual, sino ojos abiertos para ver las maravillas de la Palabra de Dios. John Morrison dijo: «Nunca olvidemos que las maravillas contenidas en la ley divina no pueden ser descubiertas ni disfrutadas por el «hombre natural», cuya percepción y disfrute están limitados a los objetos del tiempo y de los sentidos.

Solo el Espíritu divino puede iluminar las tinieblas de nuestro estado pecaminoso y capacitarnos para percibir la gloria, la armonía y la hermosura moral que abundan en las páginas de la verdad revelada.»

Cuando Dios abre nuestros ojos, podemos apreciar las verdades escondidas al hombre natural. Pero no solo podemos apreciar sus verdades, sino también disfrutar de las promesas en su Palabra. Solo basta con mirar las maravillas de su ley para ser renovados en nuestra mente. Y una vez renovados, somos transformados conforme a la image de Cristo.

Que el Señor te conceda el ser alumbrado en tu entendimiento. Que el Espíritu Santo te muestre los tesoros escondidos en su Palabra. Y que puedas caminar en el propósito eterno de Dios para tu vida.

HABACUC 3

En el capítulo 3 tenemos la oración que Habacuc levanta intercediendo por su pueblo. Esta es una oración que contiene más alabanza al Señor que peticiones.

El profeta comienza con plegarias, luego hace un recuento de las obras de Dios, y termina con una declaración de fe y confianza que ha sido de inspiración y fortaleza para muchos de nosotros.

1 Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot.


El diccionario Holman Bible Dictionary da la siguiente definición para Sigionot: Transliteración de un término hebreo técnico utilizado en los títulos de salmos (Salmo 7:1 ; Habacuc 3:1 ).


Traducciones sugeridas incluyen, “frenético” o “emocional.” Algunos piensan que el significado básico es “divagar” en referencia al estilo divagante del pensamiento o melodía o las expresiones de lamento desconectadas.


2 Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí.
Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,
En medio de los tiempos hazla conocer;
En la ira acuérdate de la misericordia.


El anuncio de que los Caldeos atacarían a Judá y Jerusalén como un juicio contra la maldad que había en el pueblo, causó ansiedad y gran preocupación en el profeta Habacuc.


Pero en medio de estos sentimientos que lo abatían, él pudo clamar a favor de la obra de Dios en su pueblo. Su oración era por un avivamiento; que la gente dejara el pecado, y conociera la obra de Dios en ellos.


3 Dios vendrá de Temán,
Y el Santo desde el monte de Parán. Selah
Su gloria cubrió los cielos,
Y la tierra se llenó de su alabanza.


Según el comentario de Jameson Fausset Brown, Temán y Parán son ciudades adyacentes al monte Sinaí, y por lo tanto, son asociadas con la entrega de la Ley dada por Dios (Deut. 33:2). Habacuc también recuerda las palabras del Salmo 68:7-8. La manifestación de su gloria inspira la alabanza universal.


4 Y el resplandor fue como la luz;
Rayos brillantes salían de su mano,
Y allí estaba escondido su poder.


El profeta describe en forma poética la manifestación de la gloria de Jehová cuando descendió sobre el monte Sinaí (Éxodo 24:16). Los rayos que salían de sus manos no eran el reflejo de otra fuente de luz. De sus manos emana poder, pero la esencia y naturaleza de su poder está escondidas a nuestra entendimiento.


5 Delante de su rostro iba mortandad,
Y a sus pies salían carbones encendidos.


El diccionario Strong define mortandad del vocablo hebreo deber, como pestilencia, en el sentido de destrucción. Esto, obviamente, nos habla de lo que enfrentan los enemigos de Dios al enfrentarse a Él.


En esa escritura dice qué sucedía con la superficie que era pisada por los pies de Dios. En Éxodo 24:10 encontramos que cuando el Señor se manifestó a Moisés y los líderes del pueblo, había un embaldosado o pavimento de zafiro debajo de sus pies. El profeta pudo haber sido inspirado por las palabras del Salmo 18:8.


6 Se levantó, y midió la tierra;
Miró, e hizo temblar las gentes;
Los montes antiguos fueron desmenuzados,
Los collados antiguos se humillaron.
Sus caminos son eternos.

Vea el Salmo 114:1-4.


Desde este versículo 6 hasta el versículo 15 se hace un recuento de las proezas que Dios había hecho en la naturaleza y las naciones.


7 He visto las tiendas de Cusán en aflicción;
Las tiendas de la tierra de Madián temblaron.

El versículo 7 puede ser una referencia a Números 31:1-5.


8 ¿Te airaste, oh Jehová, contra los ríos?
¿Contra los ríos te airaste?
¿Fue tu ira contra el mar
Cuando montaste en tus caballos,
Y en tus carros de victoria?
9 Se descubrió enteramente tu arco;
Los juramentos a las tribus fueron palabra segura. Selah
Hendiste la tierra con ríos.
10 Te vieron y tuvieron temor los montes;
Pasó la inundación de las aguas;
El abismo dio su voz,
A lo alto alzó sus manos.
11 El sol y la luna se pararon en su lugar;
A la luz de tus saetas anduvieron,
Y al resplandor de tu fulgente lanza.

El versículo 11 nos recuerda el milagro que Dios hizo con Josué. Dice la Biblia que Israel estaba en batalla contra los amorreos y Josué ordenó al sol y a la luna detenerse en el cielo (Josué 10:12-13).


12 Con ira hollaste la tierra,
Con furor trillaste las naciones.
13 Saliste para socorrer a tu pueblo,
Para socorrer a tu ungido.
Traspasaste la cabeza de la casa del impío,
Descubriendo el cimiento hasta la roca. Selah
14 Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros,
Que como tempestad acometieron para dispersarme,
Cuyo regocijo era como para devorar al pobre encubiertamente.
15 Caminaste en el mar con tus caballos,
Sobre la mole de las grandes aguas.


Habacuc narró las proezas y milagros que Dios había hecho para salvar a Israel en el pasado, y así, recordó las obras que Dios hizo a favor de su pueblo. Con esta actitud el profeta combatía el temor que lo había abrumado anteriormente.


16 Oí, y se conmovieron mis entrañas;
A la voz temblaron mis labios;
Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí;
Si bien estaré quieto en el día de la angustia,
Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.


La noticia de la futura invasión que vendría de Babilonia conmovió profundamente a Habacuc, tanto así que, parece ser que llegó a enfermarse físicamente. Sin embargo, él decidió estar tranquilo en el día en que la invasión viniera contra su pueblo. Él podía estar tranquilo porque su gozo estaba en el Señor.


17 Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;


En este versículo menciona los productos más importantes en la canasta familiar de los tiempos bíblicos. El ciudadano común del medio oriente dependía de cada uno de estos elementos para poder mantenerse él y su familia.


Los higos, las uvas, el aceite y las olivas, los frutos de la tierra, las ovejas con su lana y su leche, y las vacas con su carne y su leche, tenían una gran importancia en la economía de los tiempos bíblicos.


18 Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.


Lo que Habacuc nos dice es que a pesar de que la economía nacional colapsara, causando así una escasez de las cosas mas necesarias para él y su pueblo, él decidía mantener su gozo en el Señor. Él se iba a alegrar en medio de la tormenta que se avecinaba, porque su alegría y gozo no se basaban en las circunstancias, sino en Jehová el Señor de los ejércitos.


19 Jehová el Señor es mi fortaleza,
El cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar.
Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.

Este último versículo sirve de aliento y consuelo para los que nos afligimos al ver la condición de este mundo, y sabemos que cosas peores vendrán sobre la tierra. Cuando nos sintamos tristes y desanimados, recordemos que del Señor viene nuestra fortaleza.

LA ELOCUENCIA DE DIOS EN EL SILENCIO

JUAN 11

1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.

2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.

3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.

4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.

6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.

¿Te ha confiado Dios su silencio – un silencio que tiene gran significado?Los silencios de Dios son respuestas.” Estas fueron palabras de Oswald Chambers en su famoso devocional My Utmost For His Highest. Dios siempre nos habla a través de su palabra, sin embargo, hay momentos en los que clamamos al Señor, pero Él calla.


El Señor es fiel a su palabra. El dijo en Jeremías 33:3, “clama a mí y yo te responderé..” Cuando oramos, Dios escucha. Cuando pedimos, el responde. Sin embargo, hay momentos en los que Dios guarda silencio y no sabemos por qué. Cuando vemos que Dios no nos responde somos tentados a dudar y cuestionar. Si esta esta es tu situación, debes saber que aún en sus silencios Dios habla a sus hijos y que en su silencio hay una elocuencia que puede impactar tu corazón.


Vemos en Juan capítulo 11 que Lázaro, el hermano de Marta y María había enfermado. A esta preciosa familia, quienes eran amigos personales de Jesús, les había llegado una crisis que demandaba una respuesta inmediata. Las hermanas mandaron un mensaje a Jesús haciéndole saber que su amigo Lázaro estaba enfermo.


El deseo de Marta y María era que Jesús se apresurara para que sanara a su hermano y que así lo librara de la muerte. Pero dice el texto que el Señor permaneció dos días más en donde estaba. Quizás muchos de nosotros puede identificarse con Marta y Maria en ese momento. A veces estamos desesperados por ver al Señor manifestándose a favor nuestro, dándonos una palabra que conteste nuestras preguntas; pero en vez de esto lo que oímos es silencio.


Si estas en una situación desesperante en la que anhelas oír la voz de Dios, pero en vez de ello te sientes solo y abandonado, recuerda que Dios te esta confiando uno de sus silencios. Él conoce tu capacidad y madurez para soportar esta prueba hasta el momento en que Él muestre su gloria. El Señor te quiere llevar a un conocimiento más profundo de Él. Marta y María conocían que en Jesús había poder para sanar a Lázaro, pero no lo conocían en el poder de resurrección.


Cuando Jesús llego a Betania ya Lázaro tenía cuatro días de muerto. Para las hermanas y todos los que estaban allí, Jesús había llegado muy tarde. Tal vez tu también piensas que el Señor se está tardando demasiado en contestarte, pero si en verdad llegas a conocer el carácter del corazón de Dios y su fidelidad, sabrás que el Señor siempre está justo a tiempo.


¿Cuánto tiempo tienes esperando en Dios, esperando oír su voz? ¿Te atreves a creer que en este silencio ya Dios te está hablando? ¡Oh! cuan elocuente es nuestro Señor aun cuando calla; pues Dios cuando habla lo hace con propósito. Y también, cuando el Señor cierra su boca lo hace con propósito.


No temas a su silencio. No durará para siempre. Jesús llegó a Marta, María y Lázaro eventualmente. El Señor no llegó cuando ellas querían que él apareciera, tampoco vendrá cuando tu digas. Él responderá y actuará en el momento que Él determine; el momento que ha señalado para mostrar su gloria en tu vida.


Oswald Chambers termina diciendo en su devocional, “algo maravilloso acerca del silencio de Dios es que Su quietud es contagiosa – se entra en ti, causando que te vuelvas perfectamente confiado, de tal manera que puedes decir honestamente, ‘yo se que Dios me ha escuchado.’ Su silencio es la prueba de que lo ha hecho. Si el Señor Jesucristo te está trayendo al entendimiento de que la oración es para la glorificación de Su Padre, entonces Él te dará la primera señal de Su intimidad – el silencio.»