NAHUM

Nahum escribió este libro profético alrededor del siglo 6to o 7mo a. C. Su mensaje se enfoca principalmente en el anuncio de la futura destrucción de los asirios, específicamente la ciudad de Nínive,  como juicio de parte de Dios. Se cree que esta profecía se escribió 100 o 150 años después de la profecía de Jonás contra Nínive.

En el tiempo de Jonás Dios perdonó la ciudad cuando vio que se habían arrepentido y humillado ante Dios. Pero poco tiempo después volvieron a sus maldades y llegaron a ser peores en su crueldad.

Es probable que ciento-cincuenta años después de Jonás, Nahum apareció en la escena de la historia con un mensaje de destrucción para Nínive. Debido a que no hay referencia a los reyes de esa época, algunos eruditos consideran que Nahum profetizó durante el siglo 7mo a.C., poco tiempo antes que cayera Nínive, quizás durante el reinado de Ezequías.

En el capítulo 1 el profeta describe el carácter santo de Dios. En el versículo dos el profeta provee cierta información acerca de la personalidad de Dios. Para nosotros suena extraño que en Dios haya celo, indignación, y enojo. “Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos.” Nahum 1:2

Cuando estudiamos la Biblia debemos tener pendiente que las Escrituras nos enseñan que en Dios hay perfección total. Por lo tanto, cuando encontramos emociones como el celo y el enojo en el carácter de Dios, no debemos confundirlo con el celo y el enojo del ser humano.

Cuando Dios cela o se enoja, siempre lo hace exento de maldad en su corazón. La ira de Dios se levanta contra la injusticia y el pecado. Él nunca puede pasar por alto la maldad porque su justicia y su santidad demandan el castigo. “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” 1 Juan 1:5

Dice el versículo tres que Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Esto quiere decir que si Nínive no había sido castigada no era porque Dios la considerara inocente, sino porque él tarda en airarse por su misericordia. Cuando Jonás anunció la destrucción de Nínive, el rey y toda la ciudad se humilló delante de Jehová y Dios perdonó todo el lugar. Pero en el tiempo de Nahum se había levantado una nueva generación que ignoró el mensaje de Jonás.

Desde el versículo 3 al 5 encontramos un descripción del poder Dios manifestado en los fenómenos naturales, especialmente como instrumentos de castigo contra la maldad. En el versículo 6 el profeta sigue describiendo el poder y majestad de Jehová. Su gloria y su poder son tan grande que nadie puede permanecer en pie en el día de su ira (Apocalipsis 6:16-17).

Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Nahum 1:7

Al describir la naturaleza y el carácter de Dios no podemos olvidar que Él es bueno. El hecho de que Dios se aíra contra el impío no quiere decir que no haya bondad en su corazón. Es precisamente por su bondad que Él no puede pasar por alto la maldad.

Si Nahum ministró durante el reinado de Ezequías, entonces su ministerio se efectuó cuando Senaquerib rey de Asiria amenazaba con invadir a Jerusalén. De ser así, ese fue un tiempo de mucho temor y preocupación en el pueblo de Dios. Por esto el Señor manda una palabra de seguridad y confianza para los que le conocen. Jehová es la fortaleza o castillo donde nos podemos refugiar en el día de angustia y adversidad.

Nahum también declara que Jehová conoce a los que en él confían. Sabemos que uno de los atributos de Dios es su omnisciencia. Sin embargo, creo que aquí se refiere a un conocimiento íntimo y personal. Es decir, que Dios tiene sus ojos sobre aquellos que confían en él.

 

El trato de Dios con sus siervos es muy tierno a causa del amor que nos tiene y el pacto que ha hecho con nosotros. Mas, cuando se trata de sus adversarios, será severo para con ellos. Este es fue el caso de Nínive, que había vivido en idolatría y llevando a cabo actos criminales y sanguinarios inimaginables.

“Juzgada por las inscripciones jactanciosas de sus reyes, no hubo una potencia mas inútil, mas salvaje, mas terrible, que haya arrojado su sombra gigantesca en la pagina de la historia mientras pasaba en el camino a la ruina.  Los reyes de Asiria atormentaron al mundo miserable. Ellos se gloriaban en documentar como ‘no había espacio para los cadáveres’; que despiadada destructora es su diosa Istar; como arrojaron lejos los cuerpos de soldados como si fueran barro; como hicieron pirámides de cabezas humanas; como quemaron ciudades; como llenaron tierras populosas con muerte y devastación; como enrojecieron anchos desiertos con la matanza de guerreros; como esparcieron países enteros con los cadáveres de sus defensores como si fueran paja; como traspasaron ‘montones de hombres’ sobre estacas, y esparcieron las montañas y ahogaron los ríos con huesos de muertos; como cortaron las manos de reyes y los clavaron a las murallas, y dejaron sus cuerpos podrirse con osos y perros en las puertas de la ciudad; como usaron los cautivos de las naciones para hacer ladrillos en cadenas; como cortaron guerreros como hierba, o los hirieron como bestias salvajes en el bosque, y cubrieron columnas con la piel desollada de monarcas rivales.” (Farrar, The Minor Prophets, pp. 147, 148).

Vemos en el extracto anterior porque Dios derramó su juicio sobre Nínive.

¿Qué pensáis contra Jehová? El hará consumación; no tomará venganza dos veces de sus enemigos.Aunque sean como espinos entretejidos, y estén empapados en su embriaguez, serán consumidos como hojarasca completamente seca. Nahum 1:9-10

Servimos a un Dios justo, el Juez de toda la Tierra. Nuestro Señor no puede dejar sin castigo el pecado. Aunque hoy en día la maldad cubre toda la tierra, un día nuestro Dios hará justicia.  Según explica Tim LaHaye, “en el 612 a.C. los medos y los babilonios destruyeron a Nínive, cumpliéndose así las profecías de Nahum.

Jonás 1

jonah

INTRODUCCIÓN

Jonás profetizó alrededor del año 785 A.C.

CAPÍTULO 1

Para muchos, la historia del profeta Jonás es simplemente un cuento de hadas o un mito más de la historia antigua. Pero para los que creemos en la palabra de Dios, este libro contiene un mensaje verdadero que es relevante en todos los tiempos.

Aunque Jonás llegó a profetizar en Judá (2 Reyes 14:27), su ministerio es más conocido por su profecía a la ciudad de Nínive.

Nínive era la capital de Asiria y estaba localizada al este del río Tigris. Podemos notar la importancia que tuvo esta ciudad en el siglo octavo antes de Cristo cuando vemos que el Señor la llamó “aquella gran ciudad.”

Este es el único caso en las Escrituras en que un profeta de Israel fue enviado fuera de su territorio para ministrar a un pueblo gentil.

La misión de Jonás era declarar una palabra de juicio contra Nínive a causa de su maldad. La maldad y crueldad de los asirios eran grande en extremo, pero estas eran características comunes de los imperios de la antigüedad.

Sin embargo, la crueldad de los asirios fue más allá de la imaginación de otros pueblos. En la pagina bible-history.com encontré una información que nos muestra la mentalidad militar de los asirios De ese tiempo.

Este es el relato de un soldado asirio que data más de trescientos años antes de Jonás:

‘Yo destruí, yo demolí, yo quemé. Tomé sus guerreros prisioneros y los traspasé delante de sus ciudades. ….desollé los nobles, a todos los que se habían rebelado, y extendí sus pieles fuera en sus pilas de cadáveres… muchos de los cautivos quemé en un fuego. Muchos tomé vivos; a algunos les corte sus manos, a otros les corté sus narices, orejas y dedos; les saqué los ojos a muchos soldados.” (TimeFrame 1500-600 BC by Time-Life Books) Assyrian War Bulletin (1000 B.C.) http://www.public.iastate.edu/~cfford/342worldhistoryearly.html

Ese escrito de uno de los antiguos soldados de Asiria nos permite entender la actitud de Jonás hacia esa gran capital del imperio asirio. Para Jonás, esa gente no debía recibir el mensaje de la palabra de Dios. Aunque su actitud no era correcta, él prefería ver la ira de Dios cayendo sobre ese pueblo.

El Señor le dijo a Jonás, “levántate y ve a Nínive”, pero en vez de eso, Jonás se levantó para huir de la presencia de Dios. Nínive se encontraba hacia el este, mas Jonás decidió ir en dirección opuesta para Tarsis, una región que se encontraba en España.

El profeta pagó su pasaje en Jope y partió hacia Tarsis con el propósito de estar lejos de la presencia de Jehová. Parece que el profeta había olvidado el Salmo 139 que nos dice: “¿A dónde me iré de tu Espíritu?¿Y a dónde huiré de tu presencia?”

Meditemos en las palabras que Dios le dijo al profeta Jeremías: “¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jeremías 23:23-24).

Mientras Jonás viajaba hacia Tarsis, el Señor hizo levantar un gran viento en el mar. La fuerza de esta tormenta era tan grande que los marineros pensaban que el barco se iba a romper.

Los marineros, atemorizados, empezaron a clamar cada uno su dios, pero ninguno de esos dioses podía detener la tormenta. Luego comenzaron a echar enseres en el mar para aliviar la carga de la nave. Mientras tanto nuestro fugitivo se encontraba durmiendo cómodamente en el interior de la nave.

Debemos hacer un contraste entre el dulce sueño de nuestro Señor Jesús en la barca, y el dormir de Jonás en medio de esta tormenta. Mientras que Jesús dormía en calma en la tempestad a causa de su confianza y seguridad en el poder del Padre sobre su vida, Jonás dormía no solo físicamente, sino también espiritualmente. Su sueño era una muestra de su indiferencia a la voluntad de Dios para su vida.

El patrón de la nave descendió al interior para despertar a Jonás (1:6). Sus palabras hacen eco a lo que dice Pablo en Efesios 5:14; “despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”.

Viendo que la tormenta no cedía, los marineros decidieron echar suertes para descubrir al culpable de esta situación. Era un acto de desesperación provocado por el temor que los agobiaba. La suerte cayó sobre Jonás, quien una vez descubierto, tuvo que confesar su pecado.

Es necesario que meditemos cómo estamos viviendo nuestras vidas. ¿Acaso estamos como Jonás, dormidos mientras el mundo en el que vivimos se está destruyendo? ¿O acaso hemos decidido ignorar la voz de Dios que nos llama a hacer su obra?

Jonás declaró que temía a Jehová, creador de los cielos y la tierra. Con estas palabras se identificó como un siervo de Jehová, aunque en esos precisos momentos estaba en desobediencia.

El mar iba embraveciéndose más y más, por lo que los marineros le preguntaron a Jonás que debían hacer con él. La solución que él les propuso era muy extraña. “Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.” (1:12)

En circunstancias normales una persona común no hubiera seguido su sugerencia. Pero aunque ellos ignoraron lo que Jonás había dicho tratando de buscar otra solución al problema en que se encontraban, se vieron obligados a hacer lo que Jonás había pedido.

Tomaron al profeta para echarlo en el mar, pero no sin antes clamar a Jehová pidiéndole que perdonara esta acción que iban a llevar a cabo. Seguido echaron a Jonás al mar, el mar se aquietó y la tormenta cesó.

Estos hombres reconocieron que Jehová Dios en verdad tenía poder y en agradecimiento por salvar sus vidas ofrecieron sacrificios y votos a Dios.

Podemos imaginar el terror que le vino a Jonás cuando se hundió en las aguas del mar violento; cuando estuvo rodeado de las tinieblas de la profundidad y fue arrastrado por las corrientes de aguas.

Jonás cayó a las profundidades del mar, pero Jehová en su providencia había preparado un gran pez que se tragara a su siervo.

Esto parecía ser peor para el profeta, que de saltar de un barco a punto de romperse, él cayera en la en la boca de un pez para convertirse en su desayuno.

Sin embargo, Dios tenía un plan más maravilloso. Jonás no murió en el vientre del pez, sino que fue preservado en ese lugar, y allí permaneció hasta que clamó a Dios por misericordia.