LA MISERICORDIA DE DIOS

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En el griego, así como también en español, la palabra misericordia muchas veces se traduce como “pena”, “piedad”, o “compasión.” Pero el significado que quiero enfatizar en este estudio es el de “no recibir el castigo merecido.” La gracia nos da el regalo inmerecido de la vida eterna, mientras que la misericordia nos libra del castigo que merecemos.

Efesios 2:3-5  entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Todo aquel que ha nacido de nuevo al recibir a Cristo como su Salvador, pasa de muerte a vida; de ser hijo de ira, a ser hijo de Dios. En nuestra condición anterior merecíamos la condenación, pero por el amor y la misericordia de Dios fuimos rescatados por Cristo.

La Misericordia Rechazada

Lamentablemente muchos rechazan el amor y la misericordia de Dios. Pero ¿será posible que aún en la iglesia de Cristo haya personas que rechazan su misericordia? De una manera indirecta la respuesta es sí. Sin embargo, la mayoría de creyentes no rechazan la misericordia de Dios consciente-mente o intencionalmente. Muchas veces es un acto de ignorancia o falta de fe.

Si preguntáramos en la congregación “¿cuantos aceptan la misericordia de Dios?”, todos levantarían la mano. Pero si tan solo pudiéramos examinar sus pensamientos, descubriríamos que la duda no les permite recibir el perdón de Dios. Con su boca ellos piden la misericordia, pero en sus corazones no tienen la fe para recibirla.

La razón de esto es que tales personas no pueden creer que merecen ser perdonados. Ellos consideran que deben de sufrir como castigo por sus pecados. Si bien es cierto que el pecado trae consecuencias que debemos enfrentar, no podemos mezclar las consecuencias con el castigo o el perdón de Dios.

Aunque hay muchas formas en que Dios puede castigar y castiga el pecado, la Biblia nos enseña que la paga del pecado es muerte. Este es el castigo principal. El sufrir las consecuencias de un pecado no equivale a ser castigado por Dios. Si clamamos al Señor por misericordia, él nos puede librar de la muerte eterna, aunque quizás tengamos que enfrentar los resultados de nuestras acciones.

Muchos piensan que han fallado tanto que no merecen la misericordia de Dios. Pero la verdad es que nadies es digno de la misericordia. La palabra misericordia conlleva en sí la definición de conceder el perdón a alguien que merece el castigo. Cuando no abrazamos el perdón de Dios y dudamos de su gracia y misericordia, simplemente añadimos pecado al pecado.

Hebreos 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

El Señor nos invita a entrar con confianza ante su trono. Es natural que si amamos a Dios de todo corazón  sintamos pena y vergüenza cuando le fallamos. Pero nuestro Dios no quiere que ese dolor nos aleje de él, sino que nos acerquemos a su trono de gracia para alcanzar misericordia.

Esto quiere decir que lo contrario a esta palabra es también verdad. Si nos alejamos de Dios al sentir pena y vergüenza por nuestros pecados, nos acercamos a lo opuesto de la misericordia, la condenación. Esto es lo que Satanás quiere lograr en los cristianos que han pecado y por eso les acusa constantemente para llevarlos a la destrucción.

 

 

La Misericordia Menospreciada

Creo que otro de los grandes problemas en el pueblo cristiano de hoy es cuán poco valoramos la misericordia de Dios. En este caso no estoy diciendo que la rechazamos sino que muchos de nosotros ignoramos cuan valiosa e importante es para nuestra salvación.

Después de muchos años en el camino de Cristo, podemos caer en el error de la familiaridad monótona. O sea, que después de tantos años de pedir misericordias de Dios, en nuestros corazones ya no somos afectados como al principio.  Muchos de nosotros perdemos el sentido de maravilla y agradecimiento que debe venir cuando somos perdonados por Dios.

Al clamar constantemente y diariamente por misericordia caemos en rutina, y la rutina nos lleva a la insignificancia. Es decir, que ya repetimos la palabra sin meditar en su poder y contenido. Esta actitud nos lleva a menospreciar la misericordia de Dios en nuestras vidas.

Después de caer en la rutina y no valorar las misericordias de Dios, podemos convertirnos  en rebeldes tal como lo fue Israel en el desierto. Los siguientes versículos del Salmo 78 describen la actitud de ese pueblo hacia Dios:

37 Pues sus corazones no eran rectos con él,Ni estuvieron firmes en su pacto.38 Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira,Y no despertó todo su enojo. 39 Se acordó de que eran carne,Soplo que va y no vuelve. 40 !Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto,Lo enojaron en el yermo! 41 Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. 42 No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia (Salmo 78:37-42).

Al igual que en el antiguo Israel muchos de nosotros hemos olvidado de donde Dios nos sacó y como nos redimió de la angustia. Así como ellos vivían insatisfechos en el desierto, ignorando la providencia de Dios hacia ellos, muchos cristianos hoy viven vidas infelices a causa de la ingratitud. Al no valorar la misericordia de Dios se vuelven rebeldes y detestables como ellos lo fueron.

Volvamos, pues, a nuestro primer amor; a reconocer lo maravilloso y asombroso que es que Dios nos ama. Si nos mantenemos sensibles a su gracia estaremos satisfechos en Él. Aún en el desierto más inhóspito podremos mirar hacia arriba y ver la columna de fuego en la noche, y la columna de nube en el día.

A continuación veamos algunas citas impactantes acerca de la misericordia de Dios:

Lot y su familia en Sodoma y Gomorra

Génesis 19:16 – Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.

Jehová hablando a Moisés

Éxodo 33:19 – Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

La bendición sacerdotal

Número 6:25 – Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.

Advertencias contra la idolatría

Deuteronomio 13:17 – Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres.

El pecado de David al censar a Israel

2 Samuel 24:14 – Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.

Los judíos después del cautiverio babilónico

Esdras 9:8 – Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre.

Recuento de la misericordia de Dios

Nehemías 9:19 – tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.

En los Salmos

Salmo 5:7 – Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.

Salmo 13:5 – Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación.

Salmo 32:10 – Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.

Salmo 33:5 – El ama justicia y juicio; De la misericordia de Jehová está llena la tierra.

Salmo 36:7 – !Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.

Jeremías después de la destrucción de Jerusalén

Lamentaciones 3:22 – Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.

Miqueas 7:18 – ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.

Tito 3:5 – nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

Santiago 2:13 – Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.

EL RENCOR O REMORDIMIENTO

Lamentablemente, en nuestra jornada por la vida no podremos evitar las ofensas porque somos seres imperfectos buscando la perfección a través de Jesucristo. Cuando somos heridos somos tentados a guardar un resentimiento hacia aquellos que nos han herido. El rencor es una herida que mantenemos abierta y en la que por lo tanto, rehusamos recibir sanidad. Cada vez que somos ofendidos también somos tentados a guardar en nuestro interior sentimientos amargos y vengativos. Como cristianos lavados con la sangre de Cristo, estamos llamados a tomar control de esta emoción venenosa en el momento en que se manifieste, para que Satanás no gane ventaja sobre nosotros.

Definición: El resentimiento (también llamado amargura o rencor) es la experiencia de una emoción negativa (ira u odio, por ejemplo) [1] sentida como resultado de un daño recibido sea real o imaginario. Etimológicamente, la palabra se origina del francés “ressentir”, re-, prefijo intenso, y sentir; del Latín “sentire”. El resentimiento puede ser provocado por una experiencia emocionalmente perturbadora sentida de nuevo en la mente o revivida en la mente. Cuando el que siente resentimiento dirige su emoción hacia sí mismo se convierte en remordimiento. [3](Wikipedia).

Hay heridas que son más dolorosas que otras dependiendo de qué pecado se comete contra nosotros y que tan sensibles somos en nuestras emociones. Un factor importante es que cuando recibimos daño de alguien a quien amamos, o cuando el mal viene de alguien en quien hemos depositado nuestra confianza; la herida en nuestro corazón es muy profunda y difícil de sanar.

El rencor está presente en un corazón que se rehúsa a perdonar. La falta de perdón mantiene con vida la emoción del resentimiento y trae como consecuencia amargura, infelicidad y aun puede causar enfermedades fisiológicas. Muchos expertos de la medicina concuerdan en que el rencor puede producir hipertensión y problemas cardiacos.

El Señor Jesús nos dijo: Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale (Lucas 17:3-4). Estas palabras del Señor Jesús fueron tan duras para los discípulos que tuvieron que rogarle al Señor que les aumentara su fe (v.5). Algunos de nosotros pueden perdonar una o dos veces, pero no más. ¿Porque es difícil perdonar? Porque nuestro ego no permite ninguna humillación, ofensa o traición.

En Mateo 18:21-35 encontramos que Pedro se acercó a Jesús para preguntar cuantas veces tenía que perdonar a su hermano. En su lógica humana él pensó que debía de haber un límite. Pedro sugirió una cantidad. “¿Hasta siete?”, pregunto él. La respuesta de Cristo fue sorprendente. Utilizo el numero que dio Pedro para crear un juego de palabras diciendo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Luego continúo con una parábola acerca de dos deudores.
Un siervo le debía a su amo una cantidad que nunca podría pagar, mientras que uno de sus compañeros estaba endeudado con él en una cantidad muy inferior. El amo perdono la deuda exorbitante de este siervo, pero el siervo no perdono la deuda de su compañero.

Cuando el amo se entero de la maldad de su siervo lo entrego a los verdugos hasta que pagara su deuda. Los verdugos solo tenían el trabajo de torturar y ejecutar prisioneros. En lo espiritual ocurre algo similar. Cuando nos rehusamos perdonar a quienes nos ofenden, nuestro Padre celestial no nos puede perdonar, somos siervos malvados, y caemos en manos de “verdugos”. Esto es, vienen muchos males, dolores, y pueden venir ataques demoniacos al abrazar el rencor en vez de la misericordia.

En 1 Corintios 13:5 tenemos una gran revelación. Una de las virtudes del amor es que no guarda rencor. La palabra griega que se utiliza en este versículo es LOGIZOMAI que significa; reconocer, contar, calcular, tomar en cuenta, etc. El resentimiento es mantener un record, una cuenta pendiente en nuestra mente. Deseamos que la persona que nos debe pague con sufrimiento o alguna perdida personal. Pero si tenemos el amor de Dios en nosotros, estaremos prestos para sacar esos sentimientos de nuestro corazón.

Desde el antiguo pacto recibimos instrucciones de parte de Dios que nos instruyen a no guardar rencor. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová. Levíticos 19:18

Proverbios 18:19 dice: El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte,
Y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.
Una ciudad fuerte en aquellos tiempos era la que levantaba murallas para defenderse de ejércitos invasores. Asimismo, el que esta ofendido levanta muros alrededor de su corazón como un medio de protección para evitar no ser herido. Si no escuchamos el consejo de Dios y abrimos nuestros corazones para tener misericordia, no seremos creyentes victoriosos en el Señor. Que Dios nos ayude y aumente nuestra fe.