LA BATALLA CON LA CARNE

La lucha espiritual del creyente consiste en mantener su salvación en Cristo y avanzar en el proceso de santificación que se inició con su experiencia del nuevo nacimiento.

En esta lucha, tenemos tres enemigos que continuamente nos tientan a pecar. Estos enemigos son la carne, el mundo y Satanás con todos sus ejércitos. Pero en esta publicación, solo quiero concentrarme en nuestra lucha con la carne y cómo podemos triunfar sobre ella.

Primero, debemos reconocer que la palabra carne tiene múltiples significados en la Biblia. Por ejemplo, cuando Dios sacó la costilla de Adán con la que formó a Eva, el texto dice que después cerró la carne. En ese capítulo de Génesis, la palabra hebrea bâśâr se refiere al cuerpo humano.

Según la Concordancia Strong basar significa: carne (de su frescura); por extensión cuerpo, persona; También (por eufemismo) las partes pudendas de un hombre: – cuerpo, [grasa, magro] carne [ed], familiares, [Hombre-] clase, + desnudez, el yo, la piel.

Mientras que en el Nuevo Testamento, la palabra griega sarx puede referirse a lo externo, en contraste con el alma y el espíritu. Y también significa concupiscencia, lujuria o malos deseos.

Cuando digo «guerra contra la carne», no quiero decir que debamos abusar o dañar nuestros cuerpos.

La carne es la naturaleza caída que se revela en nuestros cuerpos a través de deseos y pasiones hostiles a la naturaleza divina.

Cuando nacimos de nuevo, Dios nos hizo partícipes de la naturaleza divina. Pero la experiencia del nuevo nacimiento no destruyó nuestra vieja naturaleza; más bien, le quitó su poder y dominio sobre nuestras vidas. Por eso todo creyente está envuelto en una lucha de dos naturalezas en su ser.

En Romanos 7, el apóstol Pablo explica claramente la agonía del creyente que lucha contra el pecado en su vida diaria. En este texto Pablo no se refiere a un cristiano que vive en pecado sino a alguien que trata con todas sus fuerzas de vencer sus impulsos carnales pero pierde todas las batallas.

Romanos 7:21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Gálatas 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Gálatas 5:16 Os digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el deseo del Espíritu es contra la carne, y estos se oponen entre sí para que no hagáis lo que queréis.

Esta escritura revela la naturaleza de nuestro conflicto interior y la clave para una vida victoriosa. Solo andando en el Espíritu, siguiendo sus instrucciones y deseos, podemos negar los deseos de la carne. 

En Gálatas 5:17 encontramos que esta es una batalla entre dos deseos que compiten dentro de nosotros.Por un lado está el deseo carnal asediando el alma, tratando de seducirnos a satisfacer los malos deseos en nuestros miembros. Por otro lado, el Espíritu nos invita a la santidad y a la comunión con Dios a través del deseo espiritual que pone en nuestro espíritu.

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad (Fil. 2:13)

En su obra en nuestro interior, el Espíritu Santo nos motiva a buscar las cosas de arriba. Él nos infunde su deseo y nos da poder para hacer su voluntad. Nuestro trabajo es simplemente rendirnos, negarnos a nosotros mismos y obedecer. Si hacemos esto, siempre venceremos los deseos pecaminosos de la carne.

ANDANDO EN EL ESPÍRITU

La expresión “andar en el Espíritu” puede sonar extraña a aquellos que no conocen a Dios y su palabra. De hecho, muchos que proclaman haber nacido de nuevo y tienen años de experiencia en la vida cristiana, no pueden explicar el significado de esta expresión.

Por otro lado, hay muchos hijos de Dios que aunque no sepan explicar qué es “andar en el Espíritu,” están viviendo esta doctrina de las Sagradas Escrituras. Aunque no tengan un vasto conocimiento teológico, estos creyentes han podido mantener una comunión íntima con Dios. Es a través de esa comunión con Dios reciben la gracia y la fortaleza para poder agradar a Dios.

Pero aunque muchos logren andar en el Espíritu sin haber obtenido una comprensión clara de su significado, creo que la falta de conocimiento de este tema es perjudicial para el desarrollo espiritual del hombre y la mujer de Dios.  Necesitamos estudiar continuamente los principios de la vida espiritual, pues solo así podremos agradar a Dios.

La frustrante lucha contra la carne

Romanos 7:18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

Cuando encontramos el término “la carne” en las Escrituras, no se está refiriendo a nuestros cuerpos físicos necesariamente, sino a la concupiscencia o malos deseos de la naturaleza humana. Hay algunos textos donde el vocablo carne sí se refiere al cuerpo, pero al leer la Biblia, el contexto nos dejará ver claramente cuál es el sentido que se está aplicando.

La lucha de Romanos capítulo 7 la experimentan los hijos de Dios, pero no el inconverso, porque el que no ha nacido de nuevo no tiene el poder para luchar contra el pecado. Cuando alguien viene a Cristo el Señor le imparte su naturaleza divina, y esa nueva naturaleza le imparte el deseo por las cosas santas de Dios.

Pero, aunque el creyente ha recibido la naturaleza divina en su vida, este aún posee la naturaleza pecaminosa con sus deseos. Por esto, cuando el creyente intenta agradar a Dios con la fuerza de la voluntad, termina frustrado y fracasado en su lucha contra el mal.

Esta fue la experiencia de Pablo en Romanos 7:24, donde exclamó “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” ¡Oh! ¿cuántos hijos de Dios han exclamado palabras semejantes en su lucha contra la concupiscencia? ¿Cuál es la solución a este problema? ¿Cómo puede el cristiano vencer?

La solución a este problema está revelada en Romanos 8. La única forma en que el cristiano puede agradar a Dios y vivir en victoria es andando en el Espíritu.

¿Qué significa “andar en el Espíritu”?

Debido a que no podemos percibir el mundo espiritual con nuestros cinco sentidos, para nosotros es un misterio todo lo que tiene que ver con esa dimensión sobrenatural. Por lo que, quizás algunos piensen que andar en el Espíritu debe ser algo así como andar flotando en una nube, sentir sensaciones extrañas en nuestros cuerpos, o sentir siempre la presencia de Dios.

Pero el significado de andar en el Espíritu es más sencillo de lo que pensamos. Según las Escrituras, se trata de seguir la dirección del Espíritu Santo y satisfacer su deseo en nosotros.

Gálatas 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

En el versículo 16, el verbo “andar” está conjugado en un modo imperativo, indicando que la voluntad de Dios para sus hijos es que vivamos bajo la dirección del Espíritu Santo.

Cuando definimos “andar” en sentido figurado se puede definir como “vivir” o “seguir” (como un compañero), ir, estar ocupado con, etc. Entonces, solo cuando vivimos de acuerdo a la voluntad de Dios, siguiendo la guía del Espíritu en nuestros corazones, podemos decir que estamos andando en el Espíritu.

Romanos 8:1 nos enseña esta verdad con más claridad. El texto dice: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

La palabra clave en este versículo es la preposición “conforme,” porque nos hace entender que cuando andamos en el Espíritu, estamos viviendo de acuerdo a su voluntad. No nos oponemos ni resistimos su dirección (Hechos 7:51). Recordemos lo que dice Amos 3:3 – “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”

Andar en el Espíritu es vivir negándonos a los deseos de la carne y satisfaciendo los deseos del Espíritu.

¿Cuál deseo vas a satisfacer?

Gálatas 5:17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

El deseo: Esta palabra viene del griego epithumeo. Epithumia es la palabra griega más común para el vocablo “deseo” en el Nuevo Testamento. La palabra se refiere genéricamente a un fuerte deseo de cualquier tipo, sin consideración de si es un deseo bueno o malo. El contexto de la palabra es lo que marca la pauta. http://www.blogos.org/exploringtheword/GG-epithumia-desire.php

Este versículo revela que los hijos de Dios vivimos en una lucha de deseos; deseos que se manifiestan en nuestras almas y nuestros cuerpos, y que nuestra parte en esta batalla es decidir a cuál de ellos vamos a satisfacer.

Una traducción alternativa del versículo 16 nos ayudaría a comprender un poco más estos principios bíblicos. Si leemos el versículo de esta manera : “Anden en el Espíritu, y no van a satisfacer los deseos de la carne,” veremos claramente que cuando satisfacemos uno de estos deseos, automáticamente nos negamos al otro.

En otras palabras, es imposible seguir la dirección del Espíritu Santo, y a la misma vez satisfacer los apetitos pecaminosos de nuestra naturaleza.

La única forma de vivir en victoria

Romanos 8:5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

¡Qué gran revelación es esta! En este versículo descubrimos que nuestros pensamientos son una prueba o evidencia de cuál tipo de vida estamos viviendo. Si nos pasamos el tiempo pensando en deseos u obras de la carne (Gálatas 5:19-21), somos de la carne.

Pero si nuestra mente está ocupada en las cosas de arriba, con todo aquello que agrada a Dios, entonces somos del Espíritu. Este es un concepto muy fácil de entender, pero muy difícil de aplicarlo a nuestras vidas debido a la lucha fuerte con nuestro yo, y nuestra guerra espiritual contra las fuerzas del mal.

En Romanos 8 encontramos que no hay otra manera de agradar a Dios sino es andando en el Espíritu. Y es precisamente por eso que el enemigo de nuestras almas trata de oprimirnos en nuestro espíritu; con el fin de debilitarnos en nuestra consagración a Dios.

Romanos 8:8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Pero a pesar de esto, no tenemos porque temer. Todas las bendiciones de Dios, comenzando con la salvación de nuestras almas, se reciben por fe en la gracia y misericordia de nuestro Señor Jesucristo.

Si clamamos a Él y dependemos de Él para vencer los deseos de la carne y satisfacer los deseos del Espíritu, recibiremos su gracia y su poder para vencer. Jesús dijo: “porque separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5

Además de esto, Romanos 8:13 dice que a través del mismo Espíritu podemos vencer los deseos de la carne.

Romanos 8:13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

No tenemos que vivir con frustración y miedo en nuestra lucha contra los deseos de la carne. Podemos vivir llenos de paz y gozo en el Espíritu, siempre y cuando dependamos de la gracia de Dios para ayudarnos a vencer nuestras debilidades y obedecer su voluntad.