LA ARMADURA DE DIOS

Millones de personas viven sus vidas sin darse cuenta de que viven en medio de una guerra espiritual continua. Eso es comprensible, ya que están esclavizados por las fuerzas de la oscuridad y, como tales, no pueden ver su condición espiritual. Esta ignorancia, sin embargo, no debe existir entre los santos de Dios. Lamentablemente, muchos cristianos viven derrotados a causa de su ignorancia. See enfrentan a batallas de todo tipo, especialmente en la mente y el espíritu, y no saben que hacer.

Algunos creyentes estan tan abrumados que ya no tienen fuerzas para luchar. Mientras que otros han renunciado y abandonado la fe. Para mantener su libertad en Cristo, los creyentes deben aprender lo que dice la Biblia con respecto a la guerra espiritual.

Fuerzas para estar firmes

Efesios 6:10-20 es un llamado a buscar la fortaleza en el Señor, con el fin de permanecer victoriosos contra las fuerzas del mal.

Observe que en estos versículos la palabra clave es «estar firmes», repetida tres veces dentro del mensaje de la armadura de Dios (versículos 11b,13b,14).

Hoy en día tenemos una generación de cristianos de carácter débil e inestable. Muchos se mueven fácilmente de la fe en el Señor Jesucristo, mientras que otros se desaniman cuando se sienten abrumados por las pruebas y ataques del enemigo.

Pero el deseo de Dios es que sus hijo anden en firmeza, estables en su corazón. Sólo así podrán ser victoriosos en la batalla espiritual.

Efesios 6:10 – Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

En primer lugar, debemos reconocer que de tiempo en tiempo todos necesitaremos fortaleza y poder espiritual en nuestras vidas. También notemos que el vocablo “fortaleceos” esta conjugado de forma imperativa, dando a entender que es un mandato de Dios para nosotros.

Cuando nos sintamos cansados, no debemos quedarnos pasivos. En esos momentos necesitamos clamar al único que nos puede levantar. Él es la fuente de fuerza y poder que nunca se agota. Isaías 40:29 declara que él multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.

La armadura nos capacita para resistir en el día malo. Su función debe ser proteger el espíritu, y cada pieza juega un papel importante en la vida del cristiano.

Lo primero que debemos cubrir en nuestro cuerpo espiritual es el área de los lomos (la cintura o cadera). En nuestro cuerpo, los lomos son la columna y la fuerza que sostiene el cuerpo. Es como el fundamento de nuestra estructura física.

Cinturon de la verdad

Espiritualmente hablando, debemos ponernos el cinturón de la verdad que está en la palabra de Dios. El Señor oró diciendo… “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Jesús dijo en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Coraza de justicia

Después de ceñirse el cinturón, el soldado debe ponerse la coraza de justicia. En la antiguedad, la coraza era lo que protegía el pecho o el torso del soldado romano.

Asimismo la justicia de Dios debe cubrir nuestro corazón para guardarlo de todo mal e iniquidad que quiera entrar en él. Cuando somos investidos de la justicia de Dios, nuestro carácter se inclina por la rectitud, la moralidad, y un deseo de guardar la palabra de Dios.

Apresto del evangelio

La siguiente pieza que debemos utilizar es el calzado del apresto del evangelio para nuestros pies. Apresto significa preparación, disposición. Nuestros pies representan nuestro andar, nuestro comportamiento o forma de vivir. El guerrero espiritual debe cubrir sus pies para poder caminar proclamando el evangelio de la paz.

Una parte clave en la armadura antigua era el calzado del soldado. Un soldado descalzo no estaba apto para ir a la guerra. Andamos en un mundo lleno de contaminación y peligros espirituales, en el cual es necesario tener el calzado de la preparación del evangelio para no dañar nuestras vidas ni nuestro testimonio.

Escudo de la fe

El escudo de la fe es el siguiente armamento de defensa del cristiano. Las demás piezas de la armadura son cosas que nos ponemos. El escudo es diferente, es nuestra responsabilidad tomarlo y levantarlo. En cuanto a protección es la pieza más importante porque el texto dice, “sobre todo tomad”.

En Hebreos 11:6 dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Sin el escudo de la fe, los dardos de fuego que el maligno lanza pueden penetrar el alma del creyente haciéndolo caer de la gracia de Dios.

Yelmo de la salvación

El yelmo era un casco protector que usaba el soldado de antaño. Con él esperaba proteger su cabeza de los golpes de espadas o dardos del contrincante. En la cabeza está el cerebro, que es el órgano fisiológico de la mente. En el aspecto espiritual, la mente necesita ser protegida

La palabra salvación viene del griego soteria, que significa rescate o seguridad; librar, salvar. Lo que quiere decir que el creyente debe proteger su mente con pensamientos que le hagan reflexionar y meditar en la salvación y seguridad que tiene en Jesucristo. 1 Tesalonicenses 5:8.

La espada del Espíritu

Después de habernos vestido con todas las piezas que sirven para cubrirnos espiritualmente, debemos ahora tomar la espada del Espíritu. El versículo 17 nos enseña que la espada del Espíritu es la palabra de Dios. Solemos levantar nuestras biblias en alto cuando leemos esta escritura. Pero una Biblia cerrada o abierta no representa la espada del Espíritu.

Es cuando esta palabra es pronunciada o leída en fe, que entonces vemos el poder de esta arma de guerra. Cuando nos sometemos a lo que dice la palabra de Dios, recibimos poder y autoridad contra el enemigo. La espada es la única pieza de la armadura de Dios que sirve como ofensa contra el enemigo; las demás piezas son para protección del cristiano.

Un ejemplo de cómo utilizar esta arma lo encontramos en Mateo capítulo 4:1-11, cuando nuestro Señor Jesucristo venció la tentación en el desierto utilizando las Escrituras.

Hebreos 4:12 dice: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

La oración

La vestidura de la armadura de Dios termina con una instrucción más para el guerrero espiritual. Después de tomar los armamentos que Dios nos ha dado, debemos practicar la oración. La oración no es una pieza en la armadura, pero está directamente relacionada con todo lo que Pablo ha dicho. Sin la oración no vamos a poder recibir todo lo que hemos estudiado en estos versículos.

La oración en el Espíritu, esto es, oración inspirada o dirigida por el Espíritu Santo (Romanos 8:26-27), nos garantiza que tendremos la victoria cada vez que clamemos al Señor. Cuando oramos en el Espíritu, oramos de acuerdo a la voluntad de Dios y no de acuerdo a los deseos de la carne. Este tipo de oración siempre será contestada por el Padre.

En esta escritura se nos manda a orar con toda clase de oración; en privado, en público, en la mente, en voz alta. Pero esto también habla de la oración intercesora, la oración de acción de gracias, y también nuestra comunión con Dios.

Este mandato nos muestra cuán vital es la oración para el cristiano. Sin ella no podremos mantener la armadura de Dios en nuestro espíritu, y por lo tanto, no podremos permanecer firmes.

Oigamos, pues, el llamado de Dios a tomar las armas espirituales para ser victoriosos en la guerra espiritual.

La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Romanos 13:12

GUERRA CONTRA SATANÁS

Por muchos siglos la raza humana ha sido el blanco de un querubín caído. Su odio hacia el hombre es alimentado por su enemistad hacia el Creador. Desde que Dios puso a Adán y Eva en el jardín del Edén, Satanás se ha empeñado en destruir la humanidad. Y aunque logró hacer caer al hombre en el pecado, el diablo no anticipó el plan de redención. Su imperio de muerte fue destruido con la resurrección de Jesucristo.

Ahora, a través de la sangre de Jesús, toda persona nacida de nuevo tiene poder y autoridad para vencer las fuerzas del mal. Podemos enfrentar al enemigo sin temor. Nuestra misión es resistirlo a él y todas sus huestes por la fe en Cristo.

Quién es Satanás

En la Biblia, Satanás lleva los siguientes nombres: el diablo, Satanás, la serpiente antigua, el dragón, el leviatán, entre otros.

El vocablo diablo viene del griego diabolos que significa acusador. Según el Diccionario Vine, se usa 34 veces como un título de Satanás, el Diablo (la palabra inglesa se deriva del griego); una vez de Judas, Juan 6:70, quien, en su oposición a Dios, actuó como el diablo. Aparte de Juan 6:70, nunca se habla de los hombres como demonios. Siempre debe distinguirse de daimon, «un demonio». Se encuentra tres veces, 1Ti 3:11; 2Ti 3:3; Tts 2:3, de los falsos acusadores, calumniadores. Dicc. Vine

Satanás, del hebreo שָׂטָן (śāṭān), significa adversario. Lo que quiere decir que este término se puede aplicar a cualquier persona que se opone a alguien. De hecho, la primera vez que esta palabra aparece en la Biblia, no se refiere al diablo

Números 22:22 Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario (śāṭān) suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos.

Traigo este ejemplo solo para señalar el significado literal de esta palabra. Cuando la Biblia se refiere a Satanás, el término se puede traducir como “el adversario».

En el griego, el vocablo es Σατανᾶς (satanas).

Una guerra contra su ejército

Ahora bien, aunque tenemos guerra contra el adversario, la mayoría de nosotros no lo va enfrentar directamente. Satanás no es omnipresente. Al igual que todo ser creado, no puede estar en más de un lugar a la misma vez. Por lo que cuando la Biblia habla de nuestra lucha en su contra, se está refiriendo a Satanás y todo su ejército. Cuando reprendemos y echamos fuera al diablo, estamos incluyendo a los espíritus malignos que le sirven.

Efesios 6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Nuestra lucha contra el pecado nos hace el blanco de nuestro enemigo principal, el diablo y su ejército, quien intenta hacernos perder nuestra libertad en Cristo y que volvamos a la esclavitud del pecado.

Satanás y sus secuaces siempre están acechando a los creyentes, buscando la oportunidad de destruirlos o hacerlos caer con alguna tentación o engaño. Pero el diablo no ataca al cristiano desorganizadamente. Su reino está organizado en diferentes niveles de autoridad.

En Efesios 6:12 se nos dan algunos detalles de la jerarquía del ejército del mal. En primer lugar, se nos dice que el cristiano no pelea con un enemigo natural, sino contra espíritus malignos de diferentes rangos.

  • Principados (gr. arche)
  • Potestades (gr. exousia)
  • Gobernadores (gr. kosmokrator)
  • Huestes (gr. ponēria)

La palabra griega arche que se utiliza para principados es utilizada para describir cosas en una serie, como líderes, gobernadores, y magistrados. Como nos muestra Daniel capítulo 10, estos seres están asignados sobre naciones y ciudades.

En el original, en vez de “huestes” el texto sólo menciona “malicias espirituales.” Creo que el vocablo “huestes” se añadió en la traducción de la Reina Valera para dar más claridad al texto bíblico.

La Misión del Creyente

1 Pedro 5:8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

Esta escritura nos enseña qué debemos hacer para vencer al tentador. Primero, es necesario ser sobrios. El diccionario de Vine dice que ser sobrio es “estar libre de la influencia de intoxicantes». Lo quiere decir que el creyente debe tener su mente alerta y en control. Solo así podemos hacer el siguiente paso, velar.

La vigilancia, en el aspecto espiritual, nos permite identificar el ataque del enemigo. Un creyente que duerme espiritualmente, es presa fácil del tentador.

Después de ser sobrios y velar, tenemos que resistir al enemigo. El verbo resistir significa «contraponer» (anti, «contra», histemi, «hacer que se mantenga»). Es pararse firme en oposición.

Hay momentos en los que nos faltan las fuerzas, y pensamos, «no puedo más.» Cuando nos sentimos cansados o afligidos, nos preguntamos cómo podremos resistir al diablo. Pero debemos recordar que Dios no nos manda a hacer lo que no podemos hacer. Si él nos ordena a resistir al adversario es porque nos ha dotado de poder y autoridad para hacerlo.

Es tiempo de reconocer quienes somos en Cristo Jesús. Por su preciosa sangre y el poder del Espíritu Santo somos más que vencedores.

LA GUERRA CONTRA EL MUNDO

Juan 15:18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

Uno de los aspectos desafiantes de ser cristiano es lidiar con la persecución que viene del mundo. La persecución contra los creyentes está motivada por el odio al mensaje del evangelio y al reino de Jesucristo. Pero, además de lidiar con persecución, los cristianos también deben luchar con la influencia mundana dentro de la iglesia. Por esto consideramos al mundo como uno de los adversarios de la fe.

Pero cuando usamos el término «mundo, debemos definirlo correctamente. De lo contrario, se podría concluir que la Biblia contiene inconsistencias sobre el tema. Por ejemplo: En Juan 3:16 dice que Dios ama al mundo, mientras que en otras escrituras se nos exhorta a no amar al mundo. 

En el griego, así como también en español, esta palabra tiene varias aplicaciones. En el Nuevo Testamento, el término más común para referirse a “mundo” es kósmos, utilizado más de doscientas veces por los escritores sagrados. En otras partes “mundo” viene de los vocablos aión, “siglo”, y oikouméne, “el mundo habitado.” Kósmos significa literalmente ornamento. Según Vine: “orden, disposición, ornamento, adorno.” De esta palabra obtenemos el término cosméticos.  

¿Cómo es posible que una palabra cuyo sentido era “ornamento” llegara a significar “el mundo”? Leon Morris sugiere que el ornamento excepcional es el universo, pero que para la humanidad la parte más importante de dicho universo la constituía el mundo en que ella vivía. 

Quizá la relación de Dios con el mundo podría definirse como una de amor y odio al mismo tiempo. El Señor ama a los hombres y mujeres mundanos, a toda la raza humana, a pesar de lo pecadora que es y de que vive su propia vida de separación y rebeldía contra Él. Y por esto ha provisto perdón para los pecados del mundo en la cruz de su Hijo 

2 Corintios 5:18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Sin embargo, Dios odia el sistema del mundo y éste le odia a Él (Santiago 4:4). Las filosofías de la vida que el mundo tiene ciegan a los hombres al amor divino y refuerzan su separación pecaminosa de Dios.” Dr. Ed Murphy

1 Juan 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.  17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Si el amor de Dios reina en nuestros corazones, automaticamente vamos a aborrecer la maldad de este mundo. La misma santidad de Dios nos hará sentir rechazo hacia las cosas que no le agradan. 

En el versículo 16 el Espíritu Santo nos da ejemplos de las cosas de este mundo. Lo primero es los deseos de la carne. Hay una alianza entre el sistema pecaminoso del mundo y los deseos de la carne. Junto con los deseos de la carne está el deseo de los ojos.  

Gálatas 6:14  Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

El Espíritu Santo le reveló al apostol Pablo como vencemos al mundo. Nuestra relación con el Señor Jesucristo trae una doble crucifixión en la que el mundo, y a la misma vez, nosotros estamos clavados a la cruz. Un crucificado no tiene poder para moverse por más que quiera. Esta debe ser nuestra relacion con el mundo.

1 Juan 5:4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

Además de la cruz de Cristo, y la fe de Dios, todo lo que nace de Él nos garantiza la victoria.