El Temor y el Miedo

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Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (San Mateo 14:25-27).

Hay muchos tipos de temores en la vida, pero algo que todos tienen en comun es que se manifiestan cuando se percibe que un peligro o amenaza viene contra nosotros. Esto quiere decir que el temor tiene una función positiva en el ser humano. El temor sirve de alarma para ayudarnos a preservar  y cuidar nuestras vidas.

Ahora bien, cuando esta emoción se sale del proposito por el cual Dios la creó, podemos caer en una atadura espiritual que nos impide disfrutar la vida y no nos deja avanzar hacia la voluntad de Dios para nosotros.

El temor es aceptable solo cuando cumple la función para la cual fue creado. Esta emoción debe simplemente advertirnos del mal que amenaza nuestras vidas. Por ejemplo, cuando vemos que se acerca una tormenta como el Huracán Sandy (que fue devastador en el área metropolitana de New York y New Jersey), es normal que sintamos una preocupacion y temor por nuestra seguridad y la de nuestros seres queridos. Esta alarma emocional nos permite tomar las precauciones necesarias para protegernos de cualquier adversidad o adversario.

Sin embargo, el temor que nos prohibe la Biblia es totalmente diferente. El Señor no quiere que sus hijos sean dominados por el miedo cuando el enemigo los amenaze con sus mentiras. El temor satanico no esta basado en la realidad, sino en las mentiras con las que Satanás engaña a muchos siervos de Dios.

El vivir todo el tiempo bajo temor es una esclavitud. No es un sentimiento agradable y nos roba la oportunidad de disfrutar del gozo del Señor. No hay nadie que pueda gozarse y reír cuando está bajo temor.

A veces el temor que sentimos es infundado. No existe un verdadero peligro o adversidad contra nuestras vidas. Este sentimiento puede surgir de lo que nuestra imaginación crea en la mente. Muchos de nosotros pensamos que estamos presenciando la aparición de un fantasma o cualquier fenómeno sobrenatural, cuando la realidad es que nuestros ojos están viendo una alucinación. Esto nos ocurre más en la obscuridad.

Ejemplo; caminamos por una calle obscura y a la distancia vemos una figura blanca moviendose y parece que nos hace señas de ir hacia ella. Después de ver esto, nos entra un temor y pánico tan terrible que decidimos tomar otro camino. Al otro día, cuando pasamos por ese lugar, descubrimos que esa figura no era más que una simple sábana tendida.

Los discípulos vivieron algo similar, pero en el caso de ellos, podemos entender su reacción pues lo que ellos vieron fue un milagro realmente impresionante. Jesús había enviado a los discípulos en la barca a cruzar a la otra ribera mientras él despedía a la multitud. Después subió al monte a orar y cuando llego la noche estaba allí solo. Mientras Jesús oraba, los discípulos luchaban con las olas que golpeaban la barca porque el viento les era contrario. Entonces a la cuarta vigilia de la noche (o sea, entre las tres y las seis de la mañana), Jesús vino a ellos caminando sobre el mar.

Los discípulos pensaban que veían un fantasma y gritaban a causa del miedo. Vemos por esta reacción de ellos de que la creencia en los fantasmas existe por miles de años. Cuando buscamos el significado de esta palabra en el griego tenemos esta definición: φάντασμα ‘phantasma‘, 1) una apariencia, 2) una aparición, espectro.

Aunque en la cultura de estos judíos, así como en las de otras naciones habian y hay quienes creen en la aparición de los muertos, la Biblia es clara en cuanto a esto. Dios prohibe el espiritismo tajantemente, y sabemos por la palabra que los que mueren no pueden volver a este mundo.

Pero la palabra fantasma, en este contexto, no solo se puede aplicar para referirse a la aparición de un difunto, sino simplemente, la aparición de un espíritu.

Si Jesús no se llega a identificar y sigue caminando de largo, no hay nadie en esta tierra que hubiese convencido a estos hombres de que no era un fantasma lo que habían visto. El miedo puede ser la causa de que a veces veamos las cosas lejos de la realidad.

El Señor calmo la ansiedad de sus corazones con sus palabras. Les dijo: “Tened ánimo, yo soy.”

Esto significa que el miedo te roba las fuerzas, te puede paralizar. Cuando Jesús les dijo “yo soy”, hizo algo más que identificarse a ellos. YO SOY es el nombre con el cual Dios se le reveló a Moisés (Éxodo 4). Ese nombre declara algo muy importante acerca de la naturaleza divina; Dios es el único ser que subsiste por sí mismo. No necesita de nadie pues todo procede de Él.

Cuando seamos invadidos por el miedo, no olvidemos que tenemos al YO SOY de nuestro lado. Él nos guardara de todo

 

EL CREYENTE Y LAS EMOCIONES (primera parte)

Las emociones y sentimientos juegan un papel importante en la vida espiritual del cristiano. Muchas veces estas sensaciones que emanan desde nuestras almas pueden causar que hagamos malas decisiones e incluso impedir que hagamos la voluntad de Dios.

El deber del creyente es el de administrar las emociones que siente de acuerdo a lo que dice la Biblia y la guía del Espíritu Santo en su espíritu. Como resultado de esto, el creyente tendrá una vida victoriosa por encima de todo adversario y en toda situación difícil.

Dios hizo al hombre un ser tripartito, compuesto de espíritu, alma y cuerpo. Si ignoramos una de estas tres áreas del ser humano tendremos problemas. Si alimentas y edificas tu espíritu de tal forma que sientes el poder para hacer cualquier trabajo para Dios, pero descuidas el bienestar de tu cuerpo, causarás problemas físicos que te impedirán hacer la obra.

Si ejercitas y alimentas tu cuerpo de tal manera que tus músculos se desarrollan y sientes que puedes volar una cerca, pero descuidas el bienestar de tu espíritu, no habrá poder para la labor espiritual o resistir la tentación.

Por otro lado, si descuidamos la salud del alma, que es el asiento de las emociones, podemos ser afectados en lo espiritual y lo físico. Cuantas personas hay que por no haber tratado un sentimiento de depresión o un sentimiento de ira, tomaron decisiones mortales para sus vidas.

Naturaleza de la emoción

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El diccionario etimológico online define el origen de esta palabra de la siguiente manera: Emoción 1570s, “un movimiento (social), conmover, agitación,” del M.Fr. émotion (siglo 16), del O.Fr. emouvoir “agitar” (12c.), del L. emovere “sacar, remover, agitar.” El sentido de “sentimiento fuerte” es registrado por primera vez en los 1650s; se extendió a cualquier sentimiento para el 1808. http://www.etymonline.com/index.php?term=emotion&allowed_in_frame=0

Vemos, pues, que la emoción es una agitación o movimiento que sentimos en el alma.

Ahora bien, ¿qué diferencia hay entre la emoción y el sentimiento? Las opiniones de los psicólogos y científicos son muy variantes. La mayoría de ellos dicen que los sentimientos surgen cuando el cerebro interpreta las emociones, las cuales son señales físicas del cuerpo reaccionando a un estimulo externo.

Esta definición sólo cubre lo que la ciencia puede medir o observar en nuestros cuerpos, pero es incapaz de llegar hasta las partes abstractas de nuestras almas.

De todas maneras, es muy importante reconocer que en muchas ocasiones nuestro estado emocional es afectado por diferentes estímulos que percibimos a través de los cincos sentidos. Así que lo importante es saber cómo reaccionar cuando experimentemos ciertos sentimientos que nos pueden llevar a una decisión o reacción equivocada.

Las emociones son un indicador que le comunican al espíritu cosas positivas y negativas. Una emoción negativa nos puede llevar a hacer cosas que nos apartan de la voluntad de Dios, pero una emoción positiva debe también ser analizada y ver si se origina por una causa aprobada por Dios.

Por ejemplo: Un sentimiento negativo de temor te puede llevar a no obedecer al llamado de Dios para hacer un trabajo para Él. Un sentimiento positivo de gozo es bueno siempre y cuando su causa vaya de acuerdo a la voluntad de Dios. Hay quienes se gozan en ver el mal de otra persona mientras que otros se gozan en la bendición de su projimo.

El deseo de Dios

El deseo de Dios es que sus hijos tengan una vida abundante en cada área de sus vidas, incluyendo nuestra salud emocional. En Juan 10:10 Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Lamentablemente muchos creyentes ignoran su vida emocional de tal forma que el enemigo gana ventaja sobre ellos o caen en la debilidad de la carne.

Debemos tener la capacidad de controlar nuestras emociones, pero esto debe hacerse bajo los parámetros de la Palabra de Dios. Hay muchas organizaciones, sectas y religiones que enseñan y en entrenan a las personas en el control y dominio de las emociones, pero utilizando diferentes técnicas que suprimen el carácter de sus clientes o seguidores.

Como hijos de Dios debemos evitar todo aquello que va en contra de los principios de las Sagradas Escrituras. Dios ha provisto un seguro y efectivo medio para que sus hijos no sean esclavos de ciertas emociones destructivas. El secreto del cristiano es Gálatas 5:16: Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.