CIUDADANOS DE UN REINO INCONMOVIBLE

Aunque estamos en el mundo, no somos de este mundo. En Filipenses 3:28-29 dice: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Todo el que ha nacido de nuevo se convierte en ciudadano del reino de los cielos. Un ciudadano es aquel que vive bajo las leyes y constitución de una nación; quien disfruta de ciertos privilegios conferidos por el estado. Pues como ciudadanos del reino de Dios, nuestras leyes y constitución son las Sagradas Escrituras. Ellas nos mandan a no temer, sino a confiar en el Señor.

Al ser parte de este reino inconmovible, el creyente no debe pensar como los demás. Su reacción ante las crisis de esta vida debe ser de una actitud de fe. Como ciudadanos del reino de Dios tenemos derechos o beneficios que el diablo no nos puede robar. Estos derechos son conocidos como preciosas y grandisimas promesas (2 Pedro 1:4).

Uno de los beneficios de nuestra ciudadanía celestial, es el cuerpo de gloria que nos dará Cristo cuando venga a levantar su iglesia. 1 Corintios 15:50-53 No podemos imaginarnos la grandeza de nuestra herencia. ¿Qué significa tener un cuerpo semejante al de Cristo? ¡Aleluya!

Hebreos 12 habla de como Dios castigó a aquellos que rechazaron su gracia en el antiguo pacto. En aquel tiempo el Señor estremeció la tierra a causa de la desobediencia. El texto continúa: Y esta frase, Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia. Hebreos 12:27-28

La crisis actual ha paralizado el mundo. Las economías de las naciones están siendo estremecidas. Pero aunque los reinos del mundo se estremescan en su impotencia, la iglesia del Señor Jesucristo ha recibido un reino inconmovible que no tendrá fin.

Por lo tanto, ¿cómo debes enfrentar la pestilencia que aterroriza al mundo? Si eres lavado con la sangre de Cristo, simplemente sirve al Señor con toda reverencia, siendo agradecido, y no olvides tu ciudadanía celestial.