EL AYUNO BÍBLICO

Mucha gente practica el ayuno por razones de salud o por motivos médicos, mientras que otros lo practican por motivos religiosos.

El ayuno forma parte esencial de los ritos y creencias de algunas religiones y sectas en el mundo.

Pero para quienes hemos recibido la revelación del Evangelio de Jesucristo, el ayuno no es un mero rito religioso, sino una arma poderosa en la intercesión y la guerra espiritual.

Es por esto que debemos aprender a ayunar como nos enseña la palabra de Dios, pues solo así seremos efectivos en esta labor espiritual.

Algo digno de señalar es que Dios no nos dejó mandamientos ni leyes específicas en cuanto al ayuno, aunque de una manera indirecta, sí dio a entender que debemos practicarlo

Como no hay un mandadto específico a ayunar muchos creyentes no creen en el ayuno. Muchos se apoyan bajo el texto que dice: “misericordia quiero y no sacrificios” para apoyar su posición. Estos enseñan que el ayuno era una práctica de los tiempos antiguos y por lo tanto, no tiene ninguna relevancia en este tiempo.

Sin embargo, es precisamente porque el ayuno no está basado en la ley o un mandamiento del Nuevo Testamento, qué es tan trascendental e importante para el pueblo de Dios. Como este fue practicado en el antiguo y en el nuevo pacto por grandes siervos de Dios, se da por sentado que también hoy en día es necesario ayunar con el mismo fervor para Dios.

La necesidad del ayuno

El argumento más poderoso a favor del ayuno para hoy lo tenemos en nuestro Señor Jesucristo. Si Jesús siendo el hombre perfecto tuvo que ayunar, cuanto más nosotros que somos como hojarasca delante de él.

Además de esto, Cristo nos reveló que hay géneros de demonios que no salen si no es con oración y ayuno (Mateo 17:21). Estas palabras de Jesús demuestran cuan importante es el ayuno para ministrar liberación a los cautivos. Ay de nosotros si no hacemos caso a las palabras del Maestro.

Tampoco podemos pasar por alto que cuando Jesús fue confrontado porque sus díscipulos no ayunaban como los de Juan y los de los fariseos, el Señor les dijo que cuando él les fuera quitado, entonces ellos ayunarían (Lucas 5:33-35).

La iglesia ha practicado el ayuno desde que nuestro Señor voló para sentarse a la diestra del Padre en el cielo, y seguirá haciéndolo hasta el día cuando levante a su pueblo.

Dios es Soberano

La primera vez que encontramos la palabra ayuno en la Biblia es 2 Samuel 12:16-23, en donde se relata el momento cuando el rey David oró a Dios por la vida del niño que tuvo cuando pecó con Betsabé.

La Biblia dice que Dios había determinado que ese niño iba a morir como consecuencia del pecado de David.

Cuando David oyó estas palabras, él supo que lo único que podía hacer era interceder en ayuno y oración para que Dios tuviera misericordia de él, y salvara la vida del niño.

La historia nos dice que Dios no contestó la oración de David. Pero cuando el niño murió entonces David adoró a Jehová y después terminó su ayuno.

Esta experiencia de David nos muestra que aunque el ayuno es de gran utilidad en la intercesión y la búsqueda de Dios, esto no quiere decir que podamos manipular a Dios con él. Dios es soberano y siempre hará como él quiera.

David oró y ayunó porque sabía que después de la profecía que le fue dada no tenía ningún otro recurso para pedir misericordia. Pero algunos creyentes ayunan creyendo que esto hará que Dios les conceda cualquier cosa.

El ayuno es importante y necesario, pero debemos hacerlo con la actitud correcta.

El ayuno que agrada a Dios

Ahora bien, ¿cómo se debe ayunar? En Isaías 58:1-8 el Señor le enseña a su pueblo qué tipo de ayuno es el que le agrada.

1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. 2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.

Parece extraño que esa gente buscara a Dios y deseara conocer sus caminos, y que a la misma vez dejaran la ley de Dios y vivieran en rebeldía. Pero esa búsqueda y humillación no era más que religiosidad e hipocresía.

3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.

Es posible que al ayunar no veamos los resultados que deseamos porque estamos enfocados en satisfacer nuestros deseos. Es decir, que en vez de aprovechar el tiempo para clamar por las almas y el bienestar de las iglesias, ayunamos para pedir por cosas materiales que desea nuestra carne.

4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

Otro factor importante es cómo nos llevamos con los demás. ¿Acaso vengo a orar y ayunar al templo cuando estoy enemistado con mi hermano? ¿O será posible que mientras estoy buscando el rostro de Dios me rehuse perdonar a quienes me han ofendido? ¿Cómo esperamos que Dios oiga nuestra voz cuando estamos muertos espiritualmente?

En estas palabras el Señor expone la hipocresía de esta gente así como lo hizo en Zacarías 7:5.

5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?

La demostración externa del ayuno no impresiona al Señor.

6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? 8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.

Aquí encontramos el verdadero propósito del ayuno. No se trata de enfocarnos en nuestras necesidades y deseos, sino en mirar a quienes necesitan ayuda y ministrarles en sus necesidades.

La falta de compasión por los perdidos y el egocentrismo son las razones por la que la iglesia ha perdido poder en los últimos tiempos. Es necesario volver a interceder de corazón por los que se pierden. Solo así podremos impactar al mundo para Cristo.

Jehová le dijo a su pueblo que si ellos seguían su consejo y ayunaban como él quería, iban a recibir estos beneficios: luz, salvación, justicia, y la gloria de Jehová los guardaría.

Que Dios nos ayude a volvernos a la palabra de Dios, buscandole en ayuno y oración, para que podamos ver el nombre de Jesús glorificado en toda la tierra.

 

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