DANIEL 1

El intenso calor del desierto quemaba su piel, y la sed que oprimía su garganta era desesperante. Daniel era un número más entre la multitud de judíos que eran llevados a Babilonia. Desde que salió de su tierra natal, de la comodidad de su familia real, cada día experimentaba dolor y el tormento de ir en cadenas al cautiverio.

Mientras Daniel marchaba por las arenas del desierto, muchos pensamientos venían a su cabeza. La preocupación por su familia y sus amigos le hacía preguntarse, qué iba a hacer Nabucodonosor con ellos, y que futuro le esperaba a la ciudad de Jerusalén.

Él también se preguntaba si podría sobrevivir en una tierra extraña, con una cultura diferente que no conocía a Jehová su Dios. Él apenas era un adolescente y como tal no tenía nada que ofrecer en servicio al emperador babilonio. Pero una cosa había propuesto en su corazón, no importando lo que le pudiera acontecer, Daniel prometió que le sería fiel al Señor.

Daniel 1:2 nos dice que Dios le había entregado a Nabucodonosor a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; los cuales él tomó y los trajo a la tierra de Sinar, a la casa de su dios. El rey no estuvo interesado en llevarse todo porque su deseo no era destruir a Jerusalén, sino hacerlo un estado vasallo del que él pudiera obtener un beneficio haciéndoles pagar tributo.

Pero parte de esos utensilios que fueron consagrados para la adoración a Dios, ahora terminaban en un templo pagano a causa del pecado del pueblo. Esto nos enseña que de nada vale un templo con sus muebles y utensilios, si los que se reúnen en él no andan en santidad delante de Dios. De nada vale tener un púlpito hermoso, dedicado con el aceite de la unción, si el predicador no vive de acuerdo a la palabra de Dios.

Nabucodonosor no solo quería parte de los utensilios del templo. También ordenó que le trajesen de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey…(v.3-4).

El rey también ordenó que esos muchachos fueran instruidos en las letras y lengua de los caldeos, y que se les diera a comer una ración de la comida que él comía. El entrenamiento duraría tres años antes de poder ser presentados ante el rey (v. 5).

De entre todos los jóvenes que llevaron del linaje real de Judá, habían cuatro que eran muy especiales. Eran Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Sus nombres tienen la peculiaridad de que en sus significados Dios es exaltado.

Este es el significado de sus nombres en hebreo:

  • Daniel – Dios es mi juez
  • Ananías – Jehová ha favorecido
  • Misael – ¿Quién como Dios?
  • Azarías – Jehová ha ayudado

Una de las cosas que los conquistadores antiguos hacían con los cautivos era tratar de asimilarlos a sus culturas y religión. Es por esto que a estos jóvenes se le dieron nombres nuevos. Nombres que tenían su significado en el idioma de los caldeos.

Sus nombres babilonios significan:

  • Beltsasar – Bel proteja al rey
  • Sadrac – Mandato de Akus (?)
  • Mesac – Quizás el nombre de un dios caldeo
  • Abed-nego – Siervo de Nebo

Cuando Daniel era llevado a Babilonia, él sabía que como cautivo se iba a enfrentar a grandes retos y dificultades. Pero él no se imaginaba que iba a ser tomado para servir en el palacio del rey, y que su primera dificultad tendría que ver con la dieta que le iban a imponer.

Para cualquier hombre común el comer de la comida del rey era un honor y un gran privilegio. Después de todo, estamos hablando de la comida del hombre más poderoso de la tierra. Pero Daniel no era un hombre común. Él sabía que aunque esos alimentos tuviesen el mejor sabor y las recetas más suculentas, el problema era que estaban contaminados espiritualmente. Cada vez que el rey iba a comer, dedicaba sus alimentos a sus dioses.

Daniel propuso en su corazón no contaminarse, y Dios le dio gracia para hablar con el jefe de los eunucos (v.8). Este le contestó con una objeción lógica y comprensible. Si Daniel y sus amigos no comían de los mejores manjares disponibles al rey, al final de los tres años iban a lucir más pálidos que los demás muchachos, y esto le iba a causar la muerte.

Daniel le pidió a Melsar que hiciera la prueba con él y sus amigos por diez días, y que en vez de la comida del rey, le diesen legumbres a comer y agua a beber. Esta prueba no era para Daniel, él sabía que al honrar a Dios ellos iban a estar bien. Pero Melsar necesitaba estar seguro de que no iba a cometer un error que le costara la vida.

Cuando pasaron los diez días, Melsar observó que el rostro de ellos se veía mejor y era más robusto que el de los demás muchachos que comían de la porción de la comida del rey. Los otros jóvenes eran judíos también, pero no tenían la fe y la devoción de Daniel y sus amigos.

El versículo 17 dice: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.” Esto quiere decir que ellos tuvieron el respaldo de Dios en sus estudios y el entrenamiento que habían recibido. Además de esto, Dios le dio a Daniel un precioso don espiritual.

Este es un gran ejemplo para todo joven cristiano que quiere ir a la universidad, pero teme que no pueda tener éxito en sus estudios. Si confías en Dios y permaneces fiel a su palabra, sin contaminarte con las tentaciones de este mundo, el Señor te dará la gracia para lograr tus metas y graduarte con honores. Amén.

¿Cuál fue el resultado de la reunión de estos jóvenes con Nabucodonosor? Dice en el versículo 19 y 20: “Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.”

Tres años atrás ellos habían confiado en el favor de Dios por diez días, y como recompensa por su fe y fidelidad, Dios los hizo diez veces mejores que los demás graduados.

El versículo 21 nos dice que Daniel continuó hasta el año primero de Ciro. El comentario de Jamieson Fausset Brown dice que esta expresión no quiere decir que él no haya vivido más de ahí (veáse Dan. 10:1), sino que el texto resalta el hecho de que Daniel fue uno de los primeros cautivos llevados a Babilonia, y vivió para ver el fin de la cautividad

“Daniel perseveró y sirvió como oficial de alto rango durante el reinado de varios reyes, muchos de ellos no se mencionan en el libro de Daniel.El primero fue Nabucodonosor, seguido por Evil-Merodac, Nergal-sareser, Labashi-marduk, luego bajo Nabonido y Belsasar, quien era hijo de Nabonido y co-regente con él, en el tiempo de la caída de Babilonia. Después continuó bajo Darío el Medo y finalmente bajo Ciro rey de Persia” (crédito irc.org).

A pesar de que vivió en la ciudad más gloriosa de su tiempo, y que pasó la mayor parte de su vida en el palacio del rey, Daniel pasó por momentos dificiles para poder ser fiel al Señor. Pero a pesar de todo esto, el Señor siempre lo guardó y lo mantuvo en alto, y por la gracia de Dios terminó su vida en victoria.

 

 

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