Jueces 3

Continuamos con nuestra serie de estudios “Lecciones del Libro de los Jueces”, y hoy nos enfocamos en el capítulo 3. Como ya hemos dicho, el periodo de los jueces comienza después de que Josué e Israel conquistaron la tierra de Canaán, pero el versículo 1 nos dice que Dios dejó varias naciones en la tierra de Canaán para con ellas probar a Israel. Esta revelación es digna de meditación, pues nos enseña algo importante acerca del trato de Dios con su pueblo.

Primeramente, ¿A qué se refiere la Biblia con la palabra “prueba” o “probar”? Me gusta definir la palabra “prueba” como un examen del carácter del creyente a través de problemas o circunstancias difíciles, para así manifestar la calidad de su relación con Dios, y también ayudarlo a crecer en su relación con Dios.

Lógicamente, nos podríamos preguntar, ¿porque el Señor no echó fuera todas las naciones enemigas de Israel? ¿Acaso no quiere Dios paz para su pueblo? Sí, Dios quiere bendecir a su pueblo con paz (Salmo 29:11). Pero la paz que Él nos da, no es como la que el mundo da (Juan 14:27). Aún en medio del conflicto, los hijos de Dios tenemos paz en nuestro interior. Dios no echó fuera las naciones enemigas porque era necesario que les servieran como instrumentos de prueba en las manos de Dios.

Otro beneficio de estas pruebas es que Israel iba a aprender a pelear y defenderse de sus enemigos. Habia una nueva generación que no había tenido aún la experiencia de la guerra y debía ser enseñada en ella. Así mismo, nosotros los creyentes en Jesucristo, debemos ser entrenados para pelear en la guerra espiritual.

Aunque el deseo de Dios es que su pueblo viva en paz, la realidad es que vivimos en un mundo lleno de maldad en el que se levantan conflictos. Como Cristianos, nuestro conflicto no es contra sangre y carne, “sino contra principados y potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

El versículo 4 nos enseña el efecto de las pruebas en el corazón del pueblo. Por supuesto, Dios sabe de antemano quien le va servir y quien le va rechazar, pero nosotros no tenemos ese conocimiento. Cuando todo esta bien y el Señor nos inunda con bendiciones, es fácil decir que amamos al Señor. No es hasta que somos confrontados con la adversidad que se manifiesta como es nuestro carácter y naturaleza interior. Las pruebas nos son útiles para conocernos a sí mismos y de esa manera poder clamar al Señor que nos salve por su gracia.

El versículo 6 relata la desobediencia de Israel al hacer yugo desigual con los incrédulos. En Deuteronomio 7:2-4 Jehová les ordeñó claramente que no hicieran parentesco con los habitantes de las naciones cananeas. La consecuencia de tal unión sería que el pueblo se corrompería detras de los dioses paganos de esas tierras. La desobediencia a los mandamientos del Señor traía como consecuencia la opresión del pueblo bajo la mano de las naciones de alrededor. Es decir, que Dios también utilizo las naciones como instrumentos de castigo.

Versículo 8 – Dice el texto que Dios los vendió en manos del rey de Mesopotamia. La expresión “los vendió” puede entenderse en el sentido de un amo que vende sus siervos a la esclavitud. Los israelitas servían a Jehová. Dios era su amo, pero al ser entregados en manos del enemigo iban a ser explotados y abusados duramente. Jesús dijo que el que hace pecado, esclavo es del pecado (Juan 8:34).

Versículo 9 – El Señor levanta el primer Juez, Otoniel. Dice el texto que el Espíritu de Jehová vino sobre él. Cuando Dios llama a una persona para un trabajo o ministerio, Él le provee de una investidura del poder del Espíritu Santo. Esto fue un hecho en el Antiguo Testamento y ahora es más abundante en el Nuevo Testamento. Antes de Otoniel salir a la batalla necesitaba el poder de Dios para ser un vencedor.

El versículo 11 dice que la tierra reposó cuarenta años. Mientras permanecía el liderazgo de un hombre lleno de Dios, había reposo en la tierra de Israel. Era lamentable que después que terminaba el ministerio del Juez que Dios levantaba, el pueblo comenzaba a deslizarse nuevamente a la idolatría. Nuestra consagración y entrega al Señor no pueden depender de la influencia de un ministerio en nuestras vidas. Necesitamos desarrollar una relación personal con Dios, aún si todos los que nos rodean abandonan al Señor.

Versículo 12 – cuando Israel volvió a apartarse de su Dios, el Señor levantó otro enemigo contra ellos. Dice la palabra que Dios fortaleció a Eglón rey de Moab. Esto quiere decir que si el pueblo de Dios es derrotado por el enemigo, podemos estar seguros de la causa es el pecado. Satanás no tiene fuerza para derrotar a un creyente que anda en obediencia a la Palabra de Dios. Es sólo cuando somos rebeldes que el enemigo es más fuerte contra nosotros.

V. 15 – Aod, el segundo Juez.

Después de dieciocho años bajo la opresión de Eglón, el pueblo se volvió a Dios y clamó pidiendo liberación. La forma en que Dios uso a Aod para libertar a Israel fue muy distinta a como uso a Otoniel. En el liderazgo de Otoniel el Señor lo levanto para librar batalla contra el rey enemigo, mientras que Aod fue utilizado para infiltrarse con un presente para el rey Eglón y así pudo matar al que afligía el pueblo de Dios.

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