Efesios 1:11-14

11. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12. a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14. que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Cuán maravilloso es el amor de Dios hacia nosotros. No sólo nos ha librado del pecado y de la muerte a través de Cristo, sino que también nos hizo tener una herencia la cual, como se nos revela en Romanos 8:17, compartimos con Cristo.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8:17)

Servimos a un Dios de propósitos eternos que nos tiene en su corazón desde la eternidad. Hemos sido diseñados para que la gloria de Dios sea exaltada a través de nosotros en todo lugar. Debemos meditar y preguntarnos si estamos viviendo de acuerdo al propósito de Dios. Este texto declara que Dios nos rescato para alabanza de su gloria. Es decir que podemos andar en ese propósito divino por el poder del Espíritu Santo.

Algo más que recibimos en Cristo Jesús es un sello muy especial, porque este sello no es una cosa sino la Persona del Espíritu Santo habitando en nosotros. Este beneficio viene en el tesoro de bendiciones que nos da el evangelio en Cristo. Este sello nos marca para Dios, pero también, como dice Jamieson Fausset Brown, “Un sello impreso en un documento le da validez indudable al contrato en él (Juan 3:33; compare con 2 Co. 3:3).

La Concordancia Strong define la palabra “arras” como, una garantía, parte del dinero de compra o propiedad dado por adelantado como seguridad del resto. Prenda. Es decir que el Espíritu Santo es como el anillo de compromiso que Dios nos da garantizando que hay seguridad de que la herencia prometida en Cristo es nuestra. Tenemos este sello de garantía hasta el día de la redención, el día cuando Cristo sea manifestado y su iglesia reciba la herencia adquirida en Cristo.

 

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