EL LIBRO DE EFESIOS

INTRODUCCIÓN

La ciudad de Éfeso se consideraba el centro de adoración a la diosa Diana, también conocida como Artemis. Este ídolo tenía tanta importancia para ellos que el templo que le edificaron se consideraba una de las siete maravillas del mundo antiguo. La primera vez que oímos de Éfeso en las Escrituras, es en el libro de los Hechos capítulo 18 donde relata la visita de Apolos el evangelista. Luego en el capítulo 19 tenemos al apóstol Pablo ministrando a los hermanos efesios e introduciéndolos al bautismo por la fe en Jesús y al bautismo en el Espíritu Santo.

Pablo permaneció en esa ciudad por casi tres años (más o menos del 52 al 55 d.C.) predicando y enseñando el evangelio del reino, y el impacto del evangelio era tan grande que las ventas de los templecillos de Diana comenzaron a disminuir. Los plateros se enojaron de tal manera que provocaron una revuelta que conmovió a toda la ciudad. Después de todo esto, Pablo salió de Éfeso para ir a Macedonia. Pablo escribe esta carta desde la prisión, pero no sabemos cual prisión. Muchos creen que la escribió desde Roma alrededor del año 60 al 62 d.C.

 

Salutación Efesios 1:1-2

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

En las cartas de los tiempos antiguos, el remitente solía identificarse al comienzo de la carta en vez de al final como en las cartas modernas. Pablo no solo nos provee su nombre, también nos da el título que identifica su ministerio en la iglesia de Cristo. Él es apóstol, que se puede traducir como enviado, embajador, o comisionado de Cristo.

En su saludo a los hermanos efesios, Pablo los bendice con dos cosas muy poderosas en el Reino de Dios, gracia y paz. Este era el saludo favorito del apóstol ya que lo encontramos en las epístolas a los Romanos, 1 y 2 de Corintios, y Gálatas.

La palabra gracia tiene varios usos y significados en las Escrituras. Louis Berkhof da la siguiente definición: “En el Nuevo Testamento la palabra charis, de chairein, “regocijarse,” denota en primer lugar una apariencia externa agradable, “amabilidad,” “afabilidad,” “aceptabilidad,” y tiene algunos de estos significados en Lucas 4:22; Col. 4:6. Un significado más destacado de la palabra, sin embargo, es favor o buena voluntad, Lucas 1:30; 2:40, 52; Hechos 2:47; 7:46; 24:27; 25:9. Puede denotar la bondad de la beneficencia de nuestro Señor, II Cor. 8:9, o el favor manifestado o concedido por Dios, (refiriéndose a bendiciones materiales); I Ped. 5:10. Además, la palabra es expresiva de la emoción que surge en el corazón del que recibe tal favor, y así adquiere el significado de “gratitud” o “agradecimiento.” Lucas 4:22; I Cor. 10:30; 15:57; II Cor. 2:14; 8:16; I Tim. 1:12.

Sin embargo, en la mayoría de los pasajes en los cuales la palabra chari es usada en el Nuevo Testamento, significa la operación inmerecida de Dios en el corazón del hombre, efectuada a través del Espíritu Santo. Mientras que nosotros a veces hablamos de la gracia como una cualidad inherente, en realidad es la comunicación activa de las bendiciones divinas por la obra interior del Espíritu Santo, de la plenitud de de Aquel quien es “lleno de gracia y de verdad,” Rom. 3:24; 5:2; 1 Co. 1:4; II Cor. 6:1.

Jesús dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy.” Como hijos de Dios lavados con la sangre de Cristo, debe de haber paz en nuestros corazones. Pero la bendición de Pablo para la iglesia demuestra que la paz debe ser buscada continuamente. El Señor quiere que nuestras vidas estén gobernadas o dirigidas en su paz. Col. 3:15 dice: Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Vemos, pues, que las palabras de Pablo son más que un simple saludo. Estas palabras son una bendición que todos debemos desear, y que provienen de nuestro Padre celestial y de Jesucristo.

Bendecidos en Cristo Jesús (Efesios 1:3-10)

(1:3) Pablo continua levantando una alabanza de agradecimiento a nuestro Dios por motivo de sus bendiciones para con nosotros. En esta escritura el Espíritu Santo nos revela que somos bendecidos con toda bendición espiritual. Las bendiciones no serán dadas, sino qué ya fueron dadas. No es algo que esperamos para el futuro, sino que cuando venimos a Cristo, automáticamente somos bendecidos en él.

Otro punto importante es que estas son bendiciones espirituales. Es decir, que el origen y naturaleza de las bendiciones no son materiales, provienen del Espíritu de Dios. Como vivimos conscientes del mundo material más que del espiritual, valoramos y anhelamos las bendiciones materiales más que las espirituales. Comprendemos que la razón de esta actitud en nuestros corazones es normal cuando somos bebes en el Evangelio. Sin embargo, es necesario que lleguemos a madurar y a entender que la bendición espiritual es siempre mayor a cualquier bendición material.

¿Qué significa la palabra “bendición? Literalmente significa “hablar bien de…” “En el Nuevo Testamento, ser bendecido es ser concedido con un favor especial de Dios, resultando en gozo y prosperidad. Pero, el énfasis es mas en lo espiritual que en las bendiciones materiales.” (Baker’s Evangelical Dictionary).

Tenemos el favor especial dado por Dios a los creen en su Hijo Jesucristo, un favor que nos llena de gozo y de poder espiritual.

“En los lugares celestiales” es una expresión que solo existe en el libro de Efesios. En cinco ocasiones el apóstol utiliza esta expresión. (J.F.B.) Somos bendecidos en los lugares celestiales porque aunque no estemos allá todavía, nuestra ciudadanía está en los cielos. Filipenses 3:20: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

 

(1:4) Nos escogió en él (en Cristo), porque sólo a través de él podíamos ser rescatados. Dios, conociendo el futuro de su creación, y el numero de los seres humanos que habría de existir por su voluntad, hace su selección antes de la fundación del mundo. Nos escogió con propósito; para ser santos, o sea separados, consagrados, y sin mancha delante de él.

 

(1:5) La palabra “predestinar” significa “predeterminar”, “decidir de antemano”. En el NT, Dios decretando desde la eternidad. Así que Dios pre ordenó que fueras adoptados como sus hijos aún antes de la creación del hombre. Ahora bien, esta predestinación no debe interpretarse como simplemente una selección arbitraria de Dios y que aquellos que no son escogidos para ser sus hijos son predestinados para perderse. Romanos 8:29 nos proporciona un detalle importante en el proceso de la predestinación. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

Dios nos conoció desde la eternidad y supo quienes habrían de oír su voz.

(1:6) Debemos siempre alabar al Señor por su gloriosa gracia salvadora. Por ella fuimos aceptados en su amado Hijo.

(1:7) Redención significa “rescate o liberación efectuada por el pago de una recompensa. Jesús nos rescata pagando por nosotros a precio de sangre. Por su preciosa sangre fuimos perdonados del pecado.

(1:8) Hemos recibido este perdón según las riquezas de su gracia que él hizo sobreabundar en nosotros en toda sabiduría e inteligencia. Es decir, la sabiduría de Dios en traer la salvación a través de Cristo.

(1:9) Nos hizo conocer el misterio (su plan secreto) de su voluntad, de traer redención para judíos y gentiles por la fe en Cristo) Colosenses 1:26-27.

(1:10) La palabra dispensación viene del griego oikonomia que se puede traducir administración de casa o estado, y también mayordomía. De esta palabra griega tenemos la transliteración economía.

Hay dos palabras en griego que se traducen tiempo en español, pero se utilizan o se entienden de manera diferentes. Las palabras chronos y kairos aparecen en diferentes partes del Nuevo Testamento.

Podemos decir, pues, que hay una economía o administración del tiempo especial señalado por Dios para llevar a cabo su obra. Un tiempo dentro del tiempo en el cual él hace segun el designio de su voluntad.

 

EL VALOR DE NUESTRAS OBRAS

Amado cristiano/a, imagínate que en este momento estas ante el tribunal de Cristo y debes dar cuenta de tu mayordomía ante el Rey de Reyes y Señor de Señores. Si en este momento se te pidiera cuenta de como has utilizado tu tiempo para Dios, ¿podrías dar un reporte que sea agradable y satisfactorio? ¿Podrías dar cuenta de tu servicio confiado de que has hecho la voluntad de Dios en la tierra?

Creo que todos anhelamos oír palabras de encomio que nos hagan sentir felices de haber hecho un trabajo excelente. En aquel día cuando estemos ante la presencia de Dios se hará una evaluación al trabajo que hicimos cuando estábamos en la tierra, y aunque no debemos servir al Señor por recompensas, deberíamos trabajar con interés en ellas, ya que ellas están ligadas al agrado de Dios en el trabajo que hacemos para Él.

En 1 Corintios 3:12-14 la obra de Dios es comparada a un edificio en construcción. El texto dice: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.” Vemos por esta Escritura que en el Reino de Dios el trabajo que hacemos tiene un valor especifico que determina si nuestro trabajo es en vano, o si es digno de recompensa.

En primer lugar, Dios compara el trabajo de algunos como edificación de oro, plata, o piedras preciosas. En la economía de este mundo estos minerales contienen gran valor monetario por ser de gran belleza, durabilidad, y la escasez de los mismos. Es decir, que cuando hacemos un trabajo que agrada a Dios, a sus ojos es algo hermoso y digno de admirar, tiene un valor espiritual que no podemos calcular. Pero la realidad es que así como los metales preciosos son difíciles de encontrar en la tierra, en el reino de Dios no abundan este tipo de obras.

¿Por qué escasean las obras de oro, plata y piedras preciosas en la iglesia de Cristo? Creo que hay varias razones, pero una de las principales es la motivación con la que hacemos las cosas. Es extremadamente importante examinar nuestros corazones para detectar que nos impulsa a servir en el Reino de Dios. De esta forma, quizás, podemos descubrir si nuestras obras son una pérdida de tiempo o si tienen valor para Dios. Muchos comparan las obras de metales preciosos con la enseñanza y predicación de la Palabra que no tiene contaminación.

En segundo lugar, el Espíritu le revela al apóstol Pablo que hay obras de madera, heno, u hojarasca. Estos tres elementos también poseen características en común. Vemos que estos materiales son de poco valor comparados con uno de los primeros, no tienen durabilidad y es fácil obtenerlos.

Además, mientras que los metales y minerales preciosos se purifican en el fuego; la madera, el heno y la hojarasca se consumen en el. Muchos comparan estas obras a la enseñanza y predicación basadas en la sabiduría humana y tradiciones de los hombres. Pero aunque enseñemos la sana doctrina, debemos velar nuestros corazones para que todo lo que hagamos sea hecho en amor, siendo dirigidos por el Espíritu.

En aquel día, el fuego de Dios probará las obras de cada creyente y manifestara que tipo de obra es. Es decir, que ahora mismo no sabemos de que material son nuestras obras. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (1 Corintios 4:5 RVR60)

Un día se va evaluar todo trabajo espiritual que hemos hecho en la tierra, y sólo la labor que se ha hecho en sumisión a la voluntad de Dios; solo el trabajo que se ha hecho con la actitud correcta recibirá recompensa en el día del tribunal de Cristo.