BENEFICIOS DE LA ACLAMACIÓN

Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro. En tu nombre se alegrará todo el día, Y en tu justicia será enaltecido. (Salmos 89:15-16)

Cuando oímos la palabra “bienaventurado” en la Biblia entendemos que se está hablando de bendición, de gozo y plenitud. Hay muchas bienaventuranzas en las Escrituras, pero todas al igual que esta, son para un pueblo que conoce a Dios y anda en su palabra. En esta escritura la promesa es para el pueblo que sabe aclamar a Dios. Es decir que hay un pueblo que no sabe. La razón por la cual muchos no saben es por ignorar la Palabra de Dios.

¿Qué es aclamar? Primero debemos entender que no es lo mismo que clamar. Clamar es pedir o suplicar a voz en cuello. Pero aclamar es dar un grito de júbilo, es un ruido de celebración o grito de alabanza. Esto significa que Dios quiere un pueblo que sepa levantar su voz en alabanza, un pueblo que grite lleno de gozo ante Él.

El Señor te dice que si sabes aclamarle eres bienaventurado, porque cuando alzas tu voz para alabar su nombre tu andas a la luz de su rostro. Este es el principal beneficio de aclamar a Jehová. El rostro de Dios es invisible, pero la luz de su rostro nos habla de su gloria haciéndose palpable en nuestras vidas. No podemos explicarlo con nuestros sentidos, pero lo percibimo en el espíritu. El Salmo 22 declara que Dios habita entre las alabanzas de Israel. Si queremos que la gloria de Dios brille sobre nuestras vidas es necesario que le alabemos, y mucho mejor si podemos dar grito de júbilo al Señor Jesucristo.

Otro beneficio para el pueblo o iglesia que aclama al Señor es que puede gozarse en su nombre todo el día (v.16). Se goza en su nombre porque conoce el poder y autoridad que hay en él. En el salmo 91 encontramos esta promesa: “Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.” (Salmos 91:14). Este conocimiento no es intelectual sino espiritual.

No sólo nos gozamos en el nombre del Señor, sino que también somos exaltados en la justicia de Dios. Me gusta como el Comentario de John Gill explica esta parte del texto. “Y en tu justicia será enaltecido, de un estado bajo de pecado y miseria a un estado alto de gracia y gloria; de un estado de condenación y muerte a un estado de justificación de vida; de ser mendigos en el muladar, a sentarnos entre príncipes, y heredar el trono de gloria; aquellos que están vestidos con la justicia del Hijo de Dios son exaltados a una gran honra, como el ser admitidos a la presencia del Rey de reyes, para estar a su diestra en oro de Ofir, y para vivir y reinar con él para siempre en su reino y gloria.”

Esta palabra me ha animado a levantar mi voz para darle gloria a mi Dios con todas las fuerzas de mi corazón. Les puedo asegurar que hay una diferencia en el ambiente espritual cuando uno aclama al Señor de todo corazón. En verdad se puede percibir la luz de su rostro.

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