EL CREYENTE Y LAS EMOCIONES 2

Como dijimos en el estudio anterior, la clave para poder administrar nuestras emociones exitosamente es seguir el consejo de Dios en Gálatas 5:16. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” En los versículos 19 al 21 se nos da una lista de las obras de la carne, y dentro de ella encontramos que algunas de estas obras o deseos son emociones que se manifiestan en nuestra alma. Las obras de la carne que pude identificar como emociones son los celos, iras y envidias. Vamos a seguir esta secuencia encontrada aquí para analizar estas obras o deseos, que son perjudiciales para nuestra vida espiritual.

CELOS

¿Cómo podríamos definir los celos? En la enciclopedia Wikipedia encontramos la siguiente definición: “Los celos son una respuesta emocional compleja y perturbadora, que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada nos reste atención en favor de otra. También se conoce así, al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona.” Vemos pues que hay una relación entre los celos y la envidia. Hay momentos en que hemos sentido celos hacia el cariño de una amistad. Hay hijos que sienten celos cuando uno de los padres muestra más amor hacia un hermano.

No debemos cometer el error de confundir los celos de Dios con los del hombre. Cuando Dios dice que es celoso (Éxodo 20:5), lo dice con un carácter de perfección y santidad que el hombre no posee. El hombre hiere el  corazón de Dios al servir a otros dioses, pues solo Él es digno de toda adoración. Existe un celo santo por las cosas de Dios como lo vemos en el caso de Cristo y la purificación del templo (Juan 2:13-17)

Los celos mas conocidos por nosotros son los de los cónyuges. A veces esta emoción surge por motivos justificados, pero en otras ocasiones puede surgir sin haber ninguna provocación. En el matrimonio, existe el celo natural que simplemente exige fidelidad en la relación de esa pareja. Es necesario discernir cuando hay celos justificados en la pareja y cuando lo que existen son celos enfermizos.

La Psicología actual explica que los celos son la respuesta natural ante la amenaza de perder una relación interpersonal importante para la persona celosa. Los celos parecen estar presentes en todas las personas, indistintamente de su condición socio-económica o forma de crianza y manifestarse en personalidades que aparentemente parecían seguras de sí mismas. Una característica que parece destacarse en las personas celosas es tener rasgos de egoísmo. Los celos también tienen relación con la vergüenza que es una respuesta natural del organismo. Muchas de ellas, una vez que los padecen, se sorprenden de si mismas ya que ni siquiera sospechaban que los padecieran. Los celos pueden ser sanos cuando lo que se demanda es algo que se debe hacer sobre una base de equidad en la pareja; sin embargo acudir a este tipo de conducta refleja carencias personales muy profundas.

El celo carnal se expresa cuando se hacen demandas inapropiadas y cuando ejercen sentimientos enfermizos porque las demandas no son satisfechas. Este sentimiento refleja una cierta inseguridad emocional por perder dominio o sentir menoscabo en una relación interpersonal. Los celos se manifiestan ante la aparición de una situación o persona que el yo-interno clasifica como mucho más dominante y competitiva. Los celos provocan que el sujeto que los padece, se sienta vulnerado y ejerza un sobre dominio de la persona objeto del celo, atrapándola en una red de circunstancias opresivas tales como privarla de la libertad, aislarla, seguirla al trabajo, revisar sus relaciones externas, buscar una evidencia de traición etc.

En el Antiguo Testamento descubrimos que había instrucciones para casos en que el hombre tuviese celos hacia su pareja. Lo interesante es que el Señor nos revela en esa Escritura que existe el espíritu de celos (Números 5:14-30).

Veamos algunos ejemplos bíblicos que nos muestran la emoción de los celos.

Josué siente celos por Moisés – Números 11:29

27 Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento.28 Entonces respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. 29 Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.

 Los creyentes de Corinto – 1 Corintios 3:1-3

De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, 3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?

 A los creyentes en general – Santiago 3:14-16

14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. 16 Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

LA IRA

Siguiendo la secuencia de las obras de la carne que identificamos como emociones en Gálatas 5, la próxima emoción que encontramos es la ira. En Wikipedia se define así: La ira o rabia es una emoción que se expresa con el  resentimiento, furia o irritabilidad. Los efectos físicos de la ira  incluyen aumento del ritmo cardíaco, presión sanguínea y niveles de adrenalina y noradrenalina.1 Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daño percibidos.2  La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento,  cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión  consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento  amenazante de otra fuerza externa.3 La ira puede tener muchas consecuencias físicas y mentales.

Al igual que en el caso de los celos debemos recordar que hay casos en que la ira es una reacción normal ante una situación que consideramos injusta e hiriente. También al igual que en el caso de los celos, la ira de Dios es diferente a las iras de los seres humanos. Santiago 1:20 dice “Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”

Sea que seamos provocados a airarnos o no, lo importante es que debemos administrar esta emoción en el poder del Espíritu Santo  a través de su Palabra.

Veamos algunos textos que nos aconsejan en cuanto a este tema.

Efesios 4:26 Airaos, pero no pequéis;(A) no se ponga el sol sobre vuestro enojo.

Proverbios 15:1 La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.

Proverbios 12:16 El necio al punto da a conocer su ira; Mas el que no hace caso de la injuria es prudente.

Proverbios 19:19 El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.

1 Timoteo 2:8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

Estas escrituras nos revelan la voluntad de Dios para sus hijos y como podemos vencer cuando seamos invadidos por sentimientos de celos y de iras. Si andamos en el Espíritu, no satisfaremos los deseos de la carne.

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