LA ORACIÓN (parte 2)

En el estudio anterior vimos a dos hombres que conocieron a Dios  íntimamente a través de la oración. Estos hombres, Enoc y Abraham, son un  gran ejemplo de que podemos tener amistad con Dios a pesar de nuestras imperfecciones y debilidades. Otro líder que  también llego a tener una gran relación con su Dios fue Moisés.  La primera vez que Moisés se encuentra con Dios en el desierto de Madian, su reacción a la manifestación divina fue la misma que tuvo Adán después de haber pecado. No eran las mismas circunstancias pero el resultado muy similar. Cuando Moisés oyó la voz de Dios que le hablaba desde la zarza, dice en Éxodo 3:6 que él cubrió su rostro porque tenía miedo de ver a Dios.  Debemos distinguir la diferencia que hay entre “el temor de Jehová”, el cual es santo y agradable al Señor, y “tener miedo de Dios.” Cuando no le conocemos no tenemos confianza delante de Él. Cuando le conocemos y estamos en pecado no podemos tener confianza con Él. 1 Juan 3:21 dice: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios.”

Dios había llamado a Moisés a subir al monte para allí recibir leyes y mandamientos para su pueblo. Israel vio que Moisés se tardaba en regresar, cuarenta días y cuarenta noches estuvo en la presencia Jehová. En su impaciencia se manifesto la rebelión y la incredulidad que había en ellos. Persuadieron a Aaron a que les hiciera un becerro de oro para adorarlo el cual adoraron y lo proclamaron su dios. Dios determinó consumir a su pueblo por esa idolatría entonce Moisés intercedió delante de Jehová (Éxodo 32:11-13). Luego vuelve a interceder por el pueblo con una fe y una confianza sobrenatural. Digo esto porque nadie mas se atrevería a orar de la forma que hizo Moisés en Éxodo 32:31-32. Entonces volvió Moisés a Jehová y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, raéme ahora de tu libro que has escrito.

Moisés comenzó a hablar tímidamente con Dios, pero después de pasar tiempo con el Señor, cuando vio la gloria de Dios en las plagas que trajo sobre Egipto; después que vio a Dios abrir el Mar Rojo, y después de pasar tiempo con Dios cuare0nta días y cuarenta noches, Moisés se enamoró de la presencia de Dios. Llegó el momento en que el pueblo de Israel debía comenzar su peregrinaje por el desierto y Moisés había sido llamado a ser su líder. Este era un gran reto para el varon de Dios. Él sabía que no podría sobrevivir este peregrinaje sin la presencia de Dios. Dios le había dicho a su siervo que iba a enviar su ángel para que los acompañara, pero su presencia no iría con ellos.  Entonces Moisés clamo a Dios: “Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y  tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices:  Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis  ojos.     Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres  ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira  que esta gente es pueblo tuyo.” (Éxodo 33:12-13).  Cuan diferente es este Moisés de aquel que estuvo frente a la zarza. Ahora él quiere “conocer” a Dios. Ya él conocía quien era Jehová Dios, pero lo que estaba diciendo es “yo quiero más de Ti.”

Si seguimos leyendo el capítulo vemos que Moisés se aseguró de que la presencia de Dios fuera con ellos en el camino por el desierto. Una vez que él tiene asegurada esa bendición, vuelve a pedirle a Jehová que le muestre su gloria (v. 18). Creo que mientras mas tiempo pasemos con Dios, mas deseo tendremos de Él. Pero esta es la gran batalla que está peleando la Iglesia en estos últimos tiempos. Cuantas cosas nos están distrayendo, quitándonos el tiempo de nuestra intimidad con Dios.  Muchas cosas pelean por nuestra atención. Todo el día lo pasamos ocupados, corriendo de un lado para otro, entretenidos con todos nuestros juguetes tecnológicos.  Y al final del día, muchas veces terminamos tan cansados, sin tiempo para Dios. El secreto de Moisés, el secreto para vivir una vida espiritual abundante es valorar a Dios. Moisés supo valorar la presencia de Dios en su vida. Una ley humana que siempre ha existido es que siempre le daremos nuestra atención a aquello que valoramos. Jesús dijo: “Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.” (Lucas 12:34).

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