INTERCESORES EN LA BRECHA

Por mucho tiempo la iglesia de Jesucristo ha visto como las huestes del enemigo han ganado ventaja sobre muchos de nuestros líderes y ministros. Ciertamente, no estamos diciendo que esto sea algo nuevo. El Señor Jesús declaró: “Desde los días de Juan el Bautista, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.”

 Sin embargo, nos referimos a un aumento en la intensidad del ataque de Satanás contra el pueblo de Dios. También notamos el éxito que ha tenido al destruir muchos siervos y siervas de Dios en el campo ministerial. Las caídas y escándalos que se han manifestado en muchas iglesias y ministerios a llegado a proporciones vergonzosas.

En todos los ejércitos del mundo conocen un principio o estrategia básica. Si se destruye a los líderes, generales, o capitanes de un gran ejercito; los soldados común es quedaran sin dirección. Satanás conoce muy bien esta estrategia y la usa constantemente. Lamentablemente, muchos de nosotros nos hemos quedado de brazos cruzados, sin pelear o levantar defensa a favor de los que Dios ha puesto como cabeza de su pueblo. Dios le ha delegado autoridad a su pueblo para librar batalla, romper cadenas, y frustrar los planes del enemigo. Una y otra vez en las Escrituras vemos el mandato de orar los unos por los otros. Pero que triste es que muy pocos estamos obedeciendo esta orden de Dios.

El apóstol Pablo en varias de sus cartas pedía la oración para recibir gracia al proclamar el evangelio y ser guardado del peligro. Cuando le escribe a los Corintios declara: “Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.” 2 Corintios 13:7. Pablo intercedía por los cristianos de Corinto haciendo oración preventiva. Una oración que serviría de cerco protector. Este principio está establecido en la oración modelo que nuestro Señor Jesús nos enseñó.“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.” Mateo 6:13. Por este medio hago un llamado a todo aquel que es parte de la iglesia de Cristo a levantarnos en pie de guerra. Orando y ayunando a favor de nuestros consiervos que predican el evangelio, para que sean guardados en integridad y santidad, proclamando el evangelio llenos de unción y poder del Espíritu Santo. Y por cada creyente, especialmente aquellos que el Señor nos trae a la mente. Que vivamos en la vida victoriosa que Cristo nos vino a dar en Él. Aleluya!

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