Jonás 1

jonah

INTRODUCCIÓN

Jonás profetizó alrededor del año 785 A.C.

CAPÍTULO 1

Para muchos, la historia del profeta Jonás es simplemente un cuento de hadas o un mito más de la historia antigua. Pero para los que creemos en la palabra de Dios, este libro contiene un mensaje verdadero que es relevante en todos los tiempos.

Aunque Jonás llegó a profetizar en Judá (2 Reyes 14:27), su ministerio es más conocido por su profecía a la ciudad de Nínive.

Nínive era la capital de Asiria y estaba localizada al este del río Tigris. Podemos notar la importancia que tuvo esta ciudad en el siglo octavo antes de Cristo cuando vemos que el Señor la llamó “aquella gran ciudad.”

Este es el único caso en las Escrituras en que un profeta de Israel fue enviado fuera de su territorio para ministrar a un pueblo gentil.

La misión de Jonás era declarar una palabra de juicio contra Nínive a causa de su maldad. La maldad y crueldad de los asirios eran grande en extremo, pero estas eran características comunes de los imperios de la antigüedad.

Sin embargo, la crueldad de los asirios fue más allá de la imaginación de otros pueblos. En la pagina bible-history.com encontré una información que nos muestra la mentalidad militar de los asirios De ese tiempo.

Este es el relato de un soldado asirio que data más de trescientos años antes de Jonás:

‘Yo destruí, yo demolí, yo quemé. Tomé sus guerreros prisioneros y los traspasé delante de sus ciudades. ….desollé los nobles, a todos los que se habían rebelado, y extendí sus pieles fuera en sus pilas de cadáveres… muchos de los cautivos quemé en un fuego. Muchos tomé vivos; a algunos les corte sus manos, a otros les corté sus narices, orejas y dedos; les saqué los ojos a muchos soldados.” (TimeFrame 1500-600 BC by Time-Life Books) Assyrian War Bulletin (1000 B.C.) http://www.public.iastate.edu/~cfford/342worldhistoryearly.html

Ese escrito de uno de los antiguos soldados de Asiria nos permite entender la actitud de Jonás hacia esa gran capital del imperio asirio. Para Jonás, esa gente no debía recibir el mensaje de la palabra de Dios. Aunque su actitud no era correcta, él prefería ver la ira de Dios cayendo sobre ese pueblo.

El Señor le dijo a Jonás, “levántate y ve a Nínive”, pero en vez de eso, Jonás se levantó para huir de la presencia de Dios. Nínive se encontraba hacia el este, mas Jonás decidió ir en dirección opuesta para Tarsis, una región que se encontraba en España.

El profeta pagó su pasaje en Jope y partió hacia Tarsis con el propósito de estar lejos de la presencia de Jehová. Parece que el profeta había olvidado el Salmo 139 que nos dice: “¿A dónde me iré de tu Espíritu?¿Y a dónde huiré de tu presencia?”

Meditemos en las palabras que Dios le dijo al profeta Jeremías: “¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jeremías 23:23-24).

Mientras Jonás viajaba hacia Tarsis, el Señor hizo levantar un gran viento en el mar. La fuerza de esta tormenta era tan grande que los marineros pensaban que el barco se iba a romper.

Los marineros, atemorizados, empezaron a clamar cada uno su dios, pero ninguno de esos dioses podía detener la tormenta. Luego comenzaron a echar enseres en el mar para aliviar la carga de la nave. Mientras tanto nuestro fugitivo se encontraba durmiendo cómodamente en el interior de la nave.

Debemos hacer un contraste entre el dulce sueño de nuestro Señor Jesús en la barca, y el dormir de Jonás en medio de esta tormenta. Mientras que Jesús dormía en calma en la tempestad a causa de su confianza y seguridad en el poder del Padre sobre su vida, Jonás dormía no solo físicamente, sino también espiritualmente. Su sueño era una muestra de su indiferencia a la voluntad de Dios para su vida.

El patrón de la nave descendió al interior para despertar a Jonás (1:6). Sus palabras hacen eco a lo que dice Pablo en Efesios 5:14; “despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”.

Viendo que la tormenta no cedía, los marineros decidieron echar suertes para descubrir al culpable de esta situación. Era un acto de desesperación provocado por el temor que los agobiaba. La suerte cayó sobre Jonás, quien una vez descubierto, tuvo que confesar su pecado.

Es necesario que meditemos cómo estamos viviendo nuestras vidas. ¿Acaso estamos como Jonás, dormidos mientras el mundo en el que vivimos se está destruyendo? ¿O acaso hemos decidido ignorar la voz de Dios que nos llama a hacer su obra?

Jonás declaró que temía a Jehová, creador de los cielos y la tierra. Con estas palabras se identificó como un siervo de Jehová, aunque en esos precisos momentos estaba en desobediencia.

El mar iba embraveciéndose más y más, por lo que los marineros le preguntaron a Jonás que debían hacer con él. La solución que él les propuso era muy extraña. “Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.” (1:12)

En circunstancias normales una persona común no hubiera seguido su sugerencia. Pero aunque ellos ignoraron lo que Jonás había dicho tratando de buscar otra solución al problema en que se encontraban, se vieron obligados a hacer lo que Jonás había pedido.

Tomaron al profeta para echarlo en el mar, pero no sin antes clamar a Jehová pidiéndole que perdonara esta acción que iban a llevar a cabo. Seguido echaron a Jonás al mar, el mar se aquietó y la tormenta cesó.

Estos hombres reconocieron que Jehová Dios en verdad tenía poder y en agradecimiento por salvar sus vidas ofrecieron sacrificios y votos a Dios.

Podemos imaginar el terror que le vino a Jonás cuando se hundió en las aguas del mar violento; cuando estuvo rodeado de las tinieblas de la profundidad y fue arrastrado por las corrientes de aguas.

Jonás cayó a las profundidades del mar, pero Jehová en su providencia había preparado un gran pez que se tragara a su siervo.

Esto parecía ser peor para el profeta, que de saltar de un barco a punto de romperse, él cayera en la en la boca de un pez para convertirse en su desayuno.

Sin embargo, Dios tenía un plan más maravilloso. Jonás no murió en el vientre del pez, sino que fue preservado en ese lugar, y allí permaneció hasta que clamó a Dios por misericordia.

Un pensamiento en “Jonás 1

  1. Muy buena explicación. Gracias por ella, pues aun sigo aprendiendo a no ser como Jonás. O sea, no retar más a Dios y abrazar su voluntad mi vida a pesar de las circunstancias. Como dijo alguien: “obedeced a Dios en todas las cosas y dejadle las consecuencias a Él”. ¡Que siga el maná, que hambre hay!

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