AMÓS 6 y 7

En el capítulo 6 de Amos Dios declara una palabra dirigida a la élite de la sociedad en el Reino del Norte y del Reino del Sur en Israel.

  1. AY DE LOS REPOSADOS (6:1-2)

Los ricos y poderosos de Israel tenían una actitud de incredulidad hacia la palabra profética que Amós predicó contra Israel. Ellos al igual que los ricos de hoy en día, tenían su confianza en sus posesiones materiales. Aunque debemos entender que no todos los ricos son impíos sin temor de Dios, estos estaban reposados sin sentir ninguna ansiedad o preocupación por el juicio de Dios. Vivían tranquilos y sin perturbación porque confiaban en el poderío militar de sus reyes.

Dios levanta una palabra de lamentación sobre estos hombres perversos. ¡Ay de los reposados de Sion, y de los confiados en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a los cuales acude la casa de Israel! (Amos 6:1).

Lucas 6:24-25 es una referencia bíblica que podemos conectar con Amós 6:1. En esa escritura el Señor Jesús dijo: “Mas ¡hay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.”

En el versículo 2 el Señor llama a su pueblo a considerar lo que había pasado con otros reinos de alrededor. Como a pesar de toda su gloria y poder fueron derrotados por sus adversarios. Estas ciudades mencionadas aquí son un ejemplo de lo que le iba a acontecer a Israel si no cambiaba su camino. Si esas ciudades no pudieron escapar, los reinos de Israel que no eran mejor que ellas, iban también a ser entregados al enemigo (v.8).

  • Calne – subyugada por Asiria en el 794 A.C.
  • Hamat – subyugada por Jeroboam II (2 Reyes 14:29).
  • Gat – su muro fue quebrantado por Jeroboam II (2 Crónicas 26:6).
  1. DESCRIPCIÓN DE LOS INSENSATOS (6:3-6).

Nos dice la Biblia que estos hombres alejaban el día del mal en sus mentes. Ellos se convencían a si mismos de que el castigo no sería para ese tiempo y acercaban la silla de la iniquidad. La expresión “la silla de la iniquidad”, puede referirse a aquellos que estaban en tronos de autoridad para hacer maldad aprovechándose de su posición. Al pensar que el juicio de Dios estaba lejano, estos líderes habían entronizado la maldad en Israel.

A continuación el Señor describe cómo vivían estos hombres rebeldes.

Dormían en camas de marfil, lo que indica que estaban rodeados de lujo y comodidad, comiendo de los mejores manjares. Tenían acceso a la mejor música y entrenamientos de ese tiempo, pues al igual que David creaban instrumentos musicales. David hizo instrumentos musicales para adorar a Dios, pero estos los hacían para su deleite. Vivían un estilo de vida hedonista de tanto placer que no bebían el vino en copas sino en tazones. Este es el gran pecado de la juventud de hoy en día; una búsqueda continúa de placeres.

 

III. DETALLES DEL CASTIGO ANUNCIADO (6:7-13)

La clase alta del pueblo de Israel estaba confiada y saciada en su abundancia. Ya no tenían su confianza en Jehová, sino en sus bienes, en sus aliados, y sus amigos. Sin embargo, Jehová declara que estos que eran cabeza en Israel, irían a la cabeza en el cautiverio (v.7). Ya que ellos eran los primeros en disfrutar de las mejores cosas que puede ofrecer la vida, serían los primeros que irían como prisioneros al cautiverio. Dios iba a acercar el dolor que ellos habían alejado en sus mentes.

La grandeza de Israel era abominable ante los ojos de Dios. Es decir, algo aborrecible ante su presencia. Por esto, Dios iba entregar sus palacios para ser destruidos por sus enemigos. Este mismo sentir llevo al Señor a profanar su santuario en el Reino del Sur años después (Ez. 24:21). Cuando los caldeos tomaron Jerusalén y destruyeron el templo, la profanación había entrado en la casa de Dios, pero fue Dios quien les permitió entrar como castigo para su pueblo.

Quizás algunos pensaban que iban a escapar de la invasión de sus adversarios, pero si se daba el caso de que diez sobrevivieran la invasión militar, dice Jehová que todos perecerían. Según el comentario Jameson, Fausset Brown, los que quedaren en la ciudad perecerían a causa de la pestilencia, un resultado común de las guerras del antiguo Oriente (Jeremías 24:10). En este tiempo moderno vemos que plagas como el cólera surgen en medio de una catástrofe donde queden muchos cadáveres esparcidos.

Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa (Amós 6:10a) En la cultura hebrea se acostumbraba a sepultar a los muertos. El tener que quemar los restos de aquellos que perecían indicaba que era un caso de necesidad extrema.

Y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová. (Amós 6:10b) El nombre de Jehová, el cual era invocado en Israel, y con el que se identificaba Israel, ahora iba a ser causa de temor. Este castigo les iba a enseñar Anna n

En el versículo 12 Dios dice que ellos habían convertido el juicio en veneno. Sabemos lo mortal que es el veneno. El juicio debe ser fuente de vida cuando está basado en la Palabra de Dios. Cuando el pecado corrompe el juicio, este se convierte en veneno espiritual para la nación. La justicia se torna en ajenjo lo cual nos habla de amargura.

En el versículo 13 dice que ellos se alegraban en nada, es decir, en sus vanidades. Llegaron a pensar que el poder que tenían lo habían adquirido en sus propias fuerzas. Esta insensatez provoca la sentencia del Señor: “levantare yo sobre vosotros a una nación…” A causa de sus pecados, Dios los iba a derribar de su grandeza e iba a exaltar a otra nación sobre ellos.

En el versículo 2 habíamos hablado de Hamat, una de las ciudades conquistadas por el rey Jeroboam II. Ahora, este territorio conquistado sobre el cual se gloriaban iba a ser el comienzo de la derrota de Israel. Su derrota estaba demarcada hasta el arroyo del Arabá el cual se encontraba en la frontera de las diez tribus del Reino del norte.

Capítulo 7

  1. Tres visiones de destrucción. Amós 7:1-9

En la primera visión, Amós vio que Dios iba a enviar langostas en contra de Israel. El profeta intercedió y el Señor oyó la intercesión de su siervo y perdonó el pecado de su pueblo.

En la próxima visión el profeta vio que Dios iba enviar un fuego consumidor contra su pueblo, el cual iba a destruir una parte de la tierra. Una vez más el profeta clamó por misericordia y de nuevo Jehová escuchó la oración de Amós y perdonó el pecado de su pueblo.

En la tercera visión Amós vio a Dios sobre un muro de plomo con una plomada en su mano. La intercesión del profeta había detenido la mano del Señor contra su pueblo. Pero ahora su intercesión no sería escuchada más. El Señor declara que ya no iba a tolerar más el pecado de su pueblo. La plomada no era solamente una herramienta para edificar casas o muros, sino también para destruir edificaciones. Jehová había determinado destruir los lugares altos donde se ofrecían sacrificios a diferentes a ídolos.  2 Reyes 21:13; Isaías 28:17.

V. 10-13

El mensaje del profeta Amós estaba adquiriendo fama en Israel, pero Jeroboam rey de Israel aun no había escuchado de él. Amasías le mando a decir que su mensaje era tan fuerte que el pueblo no podía resistir sus palabras. Amasías era uno de los sacerdotes que ministraba a uno de los becerros que adoraban en Betel. Este sacerdote pagano se atrevió a ordenarle a Amos que dejara de profetizar en el territorio del Reino del Norte. Amasías estaba dando órdenes fuera de los parámetros de su autoridad. Amós no ministraba en Israel por voluntad propia, sino porque Dios le había enviado. En vez de ser receptivo, Amasías no acepta el mensaje de corrección del profeta. Tomó las palabras de Amós como muestra de oposición contra él y sus seguidores.

Cuando Amasías manda a Amós a comer su pan en tierra de Judá, le está mandando a buscar su sustento o ejercer su profesión fuera del territorio del Reino del Norte. Amós responde al mensaje de Amasías dejándole saber que él no era profeta, o sea, él no provenía de la escuela de los profetas. Ya él tenía una profesión de la cual vivía. Él era boyero, una ocupación muy productiva en los tiempos bíblicos. También se dedicaba a recoger higos silvestres, dándonos a entender que era un hombre que tenía una posición económica estable. Él no había escogido este ministerio para vivir de él. Sin embargo, Jehová lo tomó de detrás del ganado para convertirlo en profeta de Israel. Amós le dejo saber a Amasías las consecuencias que le vendrían por su osadía.

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