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Jueces 3

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LECCIONES DEL LIBRO DE LOS JUECES

Valle cercano a Hebron

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JUECES 1:1-15

En el libro de los Jueces encontramos eventos históricos que contienen lecciones espirituales para nosotros hoy. En las próximas semanas vamos estudiar las historias que; se encuentran en este libro, pero no vamos estudiar cada capítulo y versículo. Solo nos enfocaremos en aquellas historias que el Espíritu de Dios nos guiará a estudiar.

El período de los Jueces tomo lugar en el tiempo de la conquista de la tierra prometida, después de 40 años en el desierto, cuando Dios instruyo a Josué a tomar la tierra y poseerla. La fecha en que se escribió se estima entre el año 1045 al 1000 a.C. Se cree que Samuel fue el escritor de Jueces, pero la Biblia no nos dice quien fue su escritor.

El Señor le dijo al pueblo de Israel que le había entregado toda la tierra de Canaán, pero le dijo, “tómala.” Es decir, que cuando el Señor nos dice que nos ha dado la victoria es porque que debe haber un conflicto en el que tenemos que pelear. Dios nos ha dado la victoria, pero nos manda a conquistar el territorio que nos ha entregado.

Algunas personas cuestionan ¿porque si Dios es bueno mandaba a su pueblo a hacer la guerra? Sabemos cuán maligna y destructiva la guerra es, sin embargo, las guerras del Antiguo Testamento fueron juicio de Dios para las naciones que adoraban a otros dioses.

En el libro de Ezequiel se nos revela que uno de los cuatro juicios terribles de Dios es la espada, refiriéndose, por supuesto a conflictos bélicos (Ezequiel 14:21). Dios había profetizado que Él iba a traer juicio a las naciones cananeas, pero no lo haría hasta el tiempo en que la maldad de ellos llegara al colmo. Dios utilizó a Israel como instrumento de juicio contra esas naciones.

El libro de Jueces comienza con un breve recuento de las conquistas que se detallan en libro de Josué. Después de la muerte de Josué, el pueblo de Israel entró en un período donde la nación existió sin la dirección de un rey. No había rey en Israel, pero había un Rey, Jehová de los ejércitos. Algunos catalogan este periodo como el tiempo de la Teocracia. Sabemos que la palabra democracia puede traducirse como “gobierno del pueblo”.

En un sistema democrático la mayoría elige quien va a gobernar sobre el pueblo. Teocracia se puede traducir como “gobierno de Dios”. O sea, que en este sistema de gobierno, solo Dios reina. Cuando el pueblo de Israel se rebelaba contra Dios, el Señor los entregaba en manos de sus enemigos, luego Él levantaba líderes (jueces) que los libertaran de sus enemigos.

CAPITULO 1

El pueblo estaba listo para conquistar el territorio de Canaán, pero no sabían cuál de las doce tribus debía avanzar. Ellos entendían que no debían avanzar todas las tribus a la misma vez. El pueblo consultó a Jehová para saber la voluntad de Dios y recibir instrucción. La primera lección que podemos sacar del versículo uno es que, antes de ir a la batalla tenemos que buscar la dirección de Dios.

Antes de emprender un ministerio, antes de hacer un trabajo para Dios, si hay en nuestros corazón alguna misión que queremos llevar a cabo; es necesario que preguntemos al Señor que quiere que hagamos. Cada vez que la iglesia hace la obra de misiones y evangelismo está entrando en el territorio del enemigo para arrebatarle las almas perdidas. Si queremos tener exito necesitamos la guía del Espíritu Santo.

Luego en el versículo 2 viene la respuesta de Dios. La tribu de Judá debía avanzar. Creo que en Dios no hay casualidad ni que sus decisiones sean caprichosas, sino que en todo hay un propósito. Dos cosas interesantes acerca de Judá son: primero, el significado de su nombre, “alabanza a Jehová.” Cuando Israel anduvo por el desierto, Dios le asignó a la tribu de Judá marchar delante del resto del pueblo. Para mí esto significa de Dios quiere que su pueblo avance en alabanza a Él. Segundo, es de la tribu de Judá que viene el Mesías nuestro Salvador. De esta tribu vendría el futuro Reino de Dios sobre la tierra.

El versículo 5 relata que se encontraron contra un rey llamado Adoni-bezec el cual huyó cuando vio que perdía la batalla. Cuando fue capturado por Israel, le cortaron los pulgares de las manos y los pies y fue llevado prisionero. Es interesante que el escritor nos informa que dijo este rey después de este hecho.

Él confesó que esta humillación que estaba viviendo, anteriormente él se la había infligido a setenta reyes. Adoni-bezec reconoció que era Dios quien le estaba castigando por sus acciones. Este suceso nos enseña que el mal que una persona hace en la tierra, tiene su castigo no solo después de la muerte, sino también aquí en la tierra.

El versículo 10 nos dice que Judá continuo su conquista atacando al cananeo que habitaba en Hebrón. El nombre original de esta ciudad era Quiriat-arba, que significa, “ciudad de los cuatro gigantes.” Recordemos que cuando el pueblo estaba aun en el desierto, Moisés envió doce espías para explorar la tierra(Números 13).

Diez de ellos dieron un mal reporte y una de las quejas que tenían era que había gigantes en la tierra prometida. Josué y Caleb fueron los únicos que tuvieron la fe para creer que Jehová era más grande que los gigantes de Canaán. Dios les prometió victoria y vemos aquí como Judá venció en la ciudad de los gigantes.

En el versículo 12 vemos que Caleb ofrece como recompensa a su hija Acsa, para ser esposa del guerrero que atacare y tomare a Quiriat-sefer. Otoniel tuvo interés en ella y logró tomar la ciudad. Su nombre significa “fuerza de Dios.” Creo que este varón tuvo fe para creer que Dios le daría la fuerza para vencer.

Versículo 15, Otoniel en su sabiduría, logro que Acsa pidiese a su padre un campo como regalo de boda. Ella le pidió a su padre que le concediera un terreno para ella y su familia, pero Acsa fue sabia al pedir que en ese terreno hubiese también fuentes de aguas. Podemos decir que una tierra sin agua es como un cuerpo sin vida; un cristiano sin el Espíritu Santo es como una tierra sin fuentes de aguas.

Si te sientes seco espiritualmente, reflexiona en las palabras del Señor en Isaías 41:17-18: Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca.

Notemos que Caleb le concedió a Acsa más de lo que había pedido. Él le dio las fuentes de arriba y de abajo. El comentario Matthew Henry dice que esta escritura representa los momentos “cuando oramos por bendiciones espirituales y celestiales las cuales se relacionan a nuestras almas como bendiciones de las fuentes de arriba, y aquellas que se relacionan al cuerpo y la vida que ahora es como bendiciones de las fuentes de abajo.”

Aunque estemos en el desierto más árido y extenso de nuestras vidas, pidamos con confianza de las fuentes de aguas que en verdad satisfacen la sed interior. Nuestro Padre celestial nos dará más de lo que podamos pensar.

SALMO 148

1 Alabad a Jehová desde los cielos; Alabadle en las alturas.

2 Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.

3 Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.

4 Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos.

5 Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados.

6 Los hizo ser eternamente y para siempre; Les puso ley que no será quebrantada.

7 Alabad a Jehová desde la tierra, Los monstruos marinos y todos los abismos;

8 El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, El viento de tempestad que ejecuta su palabra;

9 Los montes y todos los collados, El árbol de fruto y todos los cedros;

10 La bestia y todo animal, Reptiles y volátiles;

11 Los reyes de la tierra y todos los pueblos, Los príncipes y todos los jueces de la tierra;

12 Los jóvenes y también las doncellas, Los ancianos y los niños.

13 Alaben el nombre de Jehová, Porque sólo su nombre es enaltecido.

Su gloria es sobre tierra y cielos.

14 El ha exaltado el poderío de su pueblo; Alábenle todos sus santos, los hijos de Israel, El pueblo a él cercano.Aleluya.

 

Este Salmo es un llamado a toda la creación a alabar a Dios. Todo cristiano lavado con la sangre de Cristo, no puede pasar por alto la importancia de la alabanza en su vida devocional. Ya que la exhortación a alabar a Dios en este Salmo es dada no solo a seres con inteligencia, sino también a cosas inanimadas, cuanto más debemos alabarle los que hemos sido rescatados por su sacrificio en la cruz. Al alabar a nuestro Dios estamos cumpliendo con el propósito por el cual fuimos creados, también reconocemos la dignidad de Dios en la alabanza, y recibimos poder espiritual.

Si observamos con cuidado el patrón de este capítulo, notamos que la alabanza fluye desde el cielo, desciende hasta los astros y demás cuerpos celestes, continua hasta llegar al cielo de las nubes y termina en la tierra. Esto va de acuerdo con lo que encontramos en el libro de Apocalipsis donde se nos revela que viene un día en que toda la creación adorara al Señor. Esa adoración comenzará desde el mismo trono de Dios que está rodeado de cuatro seres vivientes, conocidos también como querubines, los cuales le adoran día y noche. Apocalipsis 5:11-14

11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Analizando la estructura de Salmo 148 también encontramos que la ehortación a alabar a Dios inicia con seres inteligentes en las alturas, sigue con obras inanimadas y criaturas de la naturaleza, y termina con seres inteligentes en la tierra.

¿Qué entendemos por alabar? Según el diccionario teológico, en la Biblia encontramos otras palabras sinónimas con alabar que nos ayudan a entender su significado. Estas son: “bendecir, ” “exaltar, ” “ensalzar, ” “glorificar, ” “magnificar, ” “agradecer, ” y “confesar.” Alabar a Dios es hacer notar o señalar su gloria.”

Es una lástima que la gente del mundo elogia a un deportista por sus hazañas o exaltan a artistas por sus talentos, pero no pueden alabar a Dios quien los ha creado. Como criaturas de Dios deberíamos alabarle naturalmente por sus obras, siendo la obra principal la creación del hombre. En Colosenses 1:16 encontramos que todo fue creado por medio de Cristo y para Cristo. Fuimos creados para él, pero el pecado hizo división entre nosotros y el Señor. La humanidad no puede alabar a Dios porque está muerta en sus delitos y pecados.

Para esto vino Cristo, para darnos vida, acercarnos a su presencia, y así darnos la libertad que nos permite exaltar a nuestro Dios con gozo. Podemos entender porque la gente del mundo no alaba a Dios, pero como es posible que un cristiano lavado con la sangre de Cristo tenga dificultad para alabar a Dios. Podemos inventarnos varias excusas para explicar la razón de nuestra frialdad espiritual. Pero es mejor dejar a un lado las excusas y obedecer al llamado que nos hace el Espíritu Santo.

El versículo 13 nos da dos razones del porque debemos alabar a Dios. Primero, por la magnificencia de su nombre, y segundo, por la grandeza de su gloria. El nombre de nuestro Dios contiene autoridad y poder. Su gloria nos habla de su hermosura y esplendor. Su gloria es tan grande que cubre todo el universo. Estas y muchas razones más demandan nuestra alabanza para Dios, sin embargo, la razón principal es que él se lo merece. Apocalipsis 4:11 lo dice mejor: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” Amén, él es digno.

El versículo 14 nos enseña lo que Dios hace por su pueblo. Podemos gozarnos en el hecho de que nuestro Dios nos aumenta el poderío en la tierra. O sea, poder espiritual contra el mal. Creo que esto viene como resultado de nuestra alabanza hacia él.

Cuando alabamos a Dios, sin darnos cuentas, nos estamos beneficiando a sí mismo. Al alabar a Dios estamos provocando la manifestación de su presencia en nuestras vidas, pues el Salmo 22:3 dice que él habita en la alabanza. La manifestación de su presencia siempre trae gozo. Salmo 16:11, “en tu presencia hay plenitud de gozo.”

Aunque haya momentos en los que no tengamos las fuerzas ni el deseo de exaltar a nuestro Dios, necesitamos transcender nuestros sentidos carnales y ofrecer al Señor el sacrificio de alabanza. Su palabra dice que el que sacrifica alabanza, ese lo honrará (Salmo 50:23).