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Estudios bíblicos y conferencias

AMOR, FRUTO DEL ESPÍRITU

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En Gálatas 5:22-23, la palabra de Dios habla del fruto del Espíritu en singular, pero lo define con nueve cualidades espirituales.

La primera cualidad que se menciona es amor. El tema del amor es muy amplio y difícil de definir. Además, el amor se manifiesta de diferentes maneras en el ser humano. Por lo que en este estudio vamos a hablar del tipo de amor del que Dios nos habla en esta escritura.

La Enciclopedia Bíblica Internacional dice: “Mientras que las palabras Griegas y Hebreas para “amor” tienen varios matices e intensidades de significado, se pueden resumir en una definición como esta: El amor, sea aplicado a Dios o al hombre, es un deseo ardiente y ansioso por – y un interés activo y benéfico en la persona que es amada.”

El amor se goza en dar más que en recibir. Es un sentimiento abnegado y sacrificial. Todo aquel que ama a alguien se goza en el bienestar de ese ser querido.

Si todos los seres humanos nacemos con la capacidad de sentir amor, sea este de tipo familiar, conyugal, o amistoso, ¿porqué es necesario que se produzca este fruto en los creyentes?

Si bien es cierto que la mayoría de los seres humanos (por no decir todos) han sentido amor por alguien en algún momento de su vida, la realidad es que ese amor es imperfecto y limitado.

El amor que Dios desea producir en nosotros es aquel que viene de Él. Romanos 5:5 dice, “y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” Ya el Señor derramo su amor en los creyentes. Así que, nuestro deber es andar en el Espíritu para que el fruto de amor fluya en nosotros.

¿Cómo podemos explicar el hecho de que muchos cristianos carecen de amor hacia los demás? Es a causa de andar en la carne en vez de en el Espíritu.

Muchas veces no nos damos cuenta de que nos hace falta el amor de Dios en nuestros corazones, y en otros casos ignoramos que es el amor.

1 Corintios 13:7 nos da una definición clara y concisa del amor divino.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo,no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Esta escritura nos sirve como herramienta para medir o probar sí sentimos amor hacia una persona en particular. Si digo que amo a alguien, pero en mi corazón no se manifiestan estas cualidades del amor, me estoy engañando a mi mismo.

Que el Señor nos ayude a andar en el Espíritu para que su fruto se produzca en nosotros.

EL FRUTO DEL ESPÍRITU

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Gálatas 5:22-26
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Nuestro Señor Jesús dijo que por el fruto podemos conocer el árbol. El manzano da manzanas, el olivo da olivas, y el cristiano da el fruto del Espíritu. Sería un fenomeno increible si un manzano diera manzanas venenosas, o si un olivo produjera arándanos tóxicos. De la misma manera, ¿como puede un cristiano dar frutos malos si el Espíritu de Dios mora en él?

Al compararnos a los árboles, el Señor nos quiere enseñar que la vida cristiana es cuestión de naturaleza o generación. La naturaleza del arbol determina el fruto que saldrá de él. Si hemos nacido de nuevo tenemos una nueva naturaleza espiritual. La Biblia nos dice que no hemos sido engendrados de la carne, sino de Dios. Como somos engendrados por Dios llevamos en nosotros su naturaleza divina.

La naturaleza divina es impartida por el Espíritu Santo que nos fue dado. Él es quien produce en nosotros los frutos de justicia que Dios espera de nosotros como sus árboles.

El diccionario Vine define “fruto” de dos maneras:

I) Del fruto de los árboles, campos, la tierra, aquello que es producido por la energía inherente de un organismo viviente, ej. Mateo 7:17; Santiago 5:7, 18; plural, ej., en Lucas 12:17; del cuerpo humano, Lucas 1:42; Hechos 2:30.

II) metaforicamente,
a) obras o acciones, el “fruto” siendo la expresión visible del poder operando internamente e invisiblemente, el carácter del “fruto” siendo la evidencia del carácter del poder que lo produce, Mateo 7:16. Así como las obras de la carne son las expresiones visibles de las pasiones ocultas de la misma, también el poder invisible del Espíritu Santo en los hijos de Dios produce “el fruto del Espíritu,” Gálatas 5:22.

b) ventaja, ganancia, consistiendo
1) de convertidos como resultado del ministerio evangelístico, Juan 4:36; Romanos 1:13; Filipenses 1:22;
2) de santificación, a través de liberación de una vida de pecado y a través del servicio a Dios, Romanos 6:22;
3) la ausencia de cualquier cosa considerada como ventajosa como resultado de pecado pasados;
4) de la recompensa del servicio a los siervos de Dios, Filipenses 4:17;
5) del efecto de hacer confesiones al nombre de Dios por el sacrificio de alabanza, Hebreos 13:15.

De todas estas definiciones nos debemos enfocar en la que nos dice que el fruto del Espíritu es una expresión externa del poder invisible que opera en nuestro interior. Es obvio que nosotros no tenemos la capacidad de producir nada bueno, por esto necesitabamos que Jesucristo nos salvase del poder del pecado. Por la sangre de Cristo fuimos limpiados de nuestros pecados, y por el poder del Espíritu podemos llevar frutos de justicia.

LA MISERICORDIA DE DIOS

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En el griego, así como también en español, la palabra misericordia muchas veces se traduce como “pena”, “piedad”, o “compasión.” Pero el significado que quiero enfatizar en este estudio es el de “no recibir el castigo merecido.” La gracia nos da el regalo inmerecido de la vida eterna, mientras que la misericordia nos libra del castigo que merecemos.

Efesios 2:3-5  entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Todo aquel que ha nacido de nuevo al recibir a Cristo como su Salvador, pasa de muerte a vida; de ser hijo de ira, a ser hijo de Dios. En nuestra condición anterior merecíamos la condenación, pero por el amor y la misericordia de Dios fuimos rescatados por Cristo.

La Misericordia Rechazada

Lamentablemente muchos rechazan el amor y la misericordia de Dios. Pero ¿será posible que aún en la iglesia de Cristo haya personas que rechazan su misericordia? De una manera indirecta la respuesta es sí. Sin embargo, la mayoría de creyentes no rechazan la misericordia de Dios consciente-mente o intencionalmente. Muchas veces es un acto de ignorancia o falta de fe.

Si preguntáramos en la congregación “¿cuantos aceptan la misericordia de Dios?”, todos levantarían la mano. Pero si tan solo pudiéramos examinar sus pensamientos, descubriríamos que la duda no les permite recibir el perdón de Dios. Con su boca ellos piden la misericordia, pero en sus corazones no tienen la fe para recibirla.

La razón de esto es que tales personas no pueden creer que merecen ser perdonados. Ellos consideran que deben de sufrir como castigo por sus pecados. Si bien es cierto que el pecado trae consecuencias que debemos enfrentar, no podemos mezclar las consecuencias con el castigo o el perdón de Dios.

Aunque hay muchas formas en que Dios puede castigar y castiga el pecado, la Biblia nos enseña que la paga del pecado es muerte. Este es el castigo principal. El sufrir las consecuencias de un pecado no equivale a ser castigado por Dios. Si clamamos al Señor por misericordia, él nos puede librar de la muerte eterna, aunque quizás tengamos que enfrentar los resultados de nuestras acciones.

Muchos piensan que han fallado tanto que no merecen la misericordia de Dios. Pero la verdad es que nadies es digno de la misericordia. La palabra misericordia conlleva en sí la definición de conceder el perdón a alguien que merece el castigo. Cuando no abrazamos el perdón de Dios y dudamos de su gracia y misericordia, simplemente añadimos pecado al pecado.

Hebreos 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

El Señor nos invita a entrar con confianza ante su trono. Es natural que si amamos a Dios de todo corazón  sintamos pena y vergüenza cuando le fallamos. Pero nuestro Dios no quiere que ese dolor nos aleje de él, sino que nos acerquemos a su trono de gracia para alcanzar misericordia.

Esto quiere decir que lo contrario a esta palabra es también verdad. Si nos alejamos de Dios al sentir pena y vergüenza por nuestros pecados, nos acercamos a lo opuesto de la misericordia, la condenación. Esto es lo que Satanás quiere lograr en los cristianos que han pecado y por eso les acusa constantemente para llevarlos a la destrucción.

 

 

La Misericordia Menospreciada

Creo que otro de los grandes problemas en el pueblo cristiano de hoy es cuán poco valoramos la misericordia de Dios. En este caso no estoy diciendo que la rechazamos sino que muchos de nosotros ignoramos cuan valiosa e importante es para nuestra salvación.

Después de muchos años en el camino de Cristo, podemos caer en el error de la familiaridad monótona. O sea, que después de tantos años de pedir misericordias de Dios, en nuestros corazones ya no somos afectados como al principio.  Muchos de nosotros perdemos el sentido de maravilla y agradecimiento que debe venir cuando somos perdonados por Dios.

Al clamar constantemente y diariamente por misericordia caemos en rutina, y la rutina nos lleva a la insignificancia. Es decir, que ya repetimos la palabra sin meditar en su poder y contenido. Esta actitud nos lleva a menospreciar la misericordia de Dios en nuestras vidas.

Después de caer en la rutina y no valorar las misericordias de Dios, podemos convertirnos  en rebeldes tal como lo fue Israel en el desierto. Los siguientes versículos del Salmo 78 describen la actitud de ese pueblo hacia Dios:

37 Pues sus corazones no eran rectos con él,Ni estuvieron firmes en su pacto.38 Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira,Y no despertó todo su enojo. 39 Se acordó de que eran carne,Soplo que va y no vuelve. 40 !Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto,Lo enojaron en el yermo! 41 Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. 42 No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia (Salmo 78:37-42).

Al igual que en el antiguo Israel muchos de nosotros hemos olvidado de donde Dios nos sacó y como nos redimió de la angustia. Así como ellos vivían insatisfechos en el desierto, ignorando la providencia de Dios hacia ellos, muchos cristianos hoy viven vidas infelices a causa de la ingratitud. Al no valorar la misericordia de Dios se vuelven rebeldes y detestables como ellos lo fueron.

Volvamos, pues, a nuestro primer amor; a reconocer lo maravilloso y asombroso que es que Dios nos ama. Si nos mantenemos sensibles a su gracia estaremos satisfechos en Él. Aún en el desierto más inhóspito podremos mirar hacia arriba y ver la columna de fuego en la noche, y la columna de nube en el día.

A continuación veamos algunas citas impactantes acerca de la misericordia de Dios:

Lot y su familia en Sodoma y Gomorra

Génesis 19:16 – Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.

Jehová hablando a Moisés

Éxodo 33:19 – Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

La bendición sacerdotal

Número 6:25 – Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.

Advertencias contra la idolatría

Deuteronomio 13:17 – Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres.

El pecado de David al censar a Israel

2 Samuel 24:14 – Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.

Los judíos después del cautiverio babilónico

Esdras 9:8 – Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre.

Recuento de la misericordia de Dios

Nehemías 9:19 – tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.

En los Salmos

Salmo 5:7 – Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.

Salmo 13:5 – Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación.

Salmo 32:10 – Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.

Salmo 33:5 – El ama justicia y juicio; De la misericordia de Jehová está llena la tierra.

Salmo 36:7 – !Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.

Jeremías después de la destrucción de Jerusalén

Lamentaciones 3:22 – Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.

Miqueas 7:18 – ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.

Tito 3:5 – nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

Santiago 2:13 – Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.