SALMO 148

1 Alabad a Jehová desde los cielos; Alabadle en las alturas.

2 Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.

3 Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.

4 Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos.

5 Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados.

6 Los hizo ser eternamente y para siempre; Les puso ley que no será quebrantada.

7 Alabad a Jehová desde la tierra, Los monstruos marinos y todos los abismos;

8 El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, El viento de tempestad que ejecuta su palabra;

9 Los montes y todos los collados, El árbol de fruto y todos los cedros;

10 La bestia y todo animal, Reptiles y volátiles;

11 Los reyes de la tierra y todos los pueblos, Los príncipes y todos los jueces de la tierra;

12 Los jóvenes y también las doncellas, Los ancianos y los niños.

13 Alaben el nombre de Jehová, Porque sólo su nombre es enaltecido.

Su gloria es sobre tierra y cielos.

14 El ha exaltado el poderío de su pueblo; Alábenle todos sus santos, los hijos de Israel, El pueblo a él cercano.Aleluya.

 

Este Salmo es un llamado a toda la creación a alabar a Dios. Todo cristiano lavado con la sangre de Cristo, no puede pasar por alto la importancia de la alabanza en su vida devocional. Ya que la exhortación a alabar a Dios en este Salmo es dada no solo a seres con inteligencia, sino también a cosas inanimadas, cuanto más debemos alabarle los que hemos sido rescatados por su sacrificio en la cruz. Al alabar a nuestro Dios estamos cumpliendo con el propósito por el cual fuimos creados, también reconocemos la dignidad de Dios en la alabanza, y recibimos poder espiritual.

Si observamos con cuidado el patrón de este capítulo, notamos que la alabanza fluye desde el cielo, desciende hasta los astros y demás cuerpos celestes, continua hasta llegar al cielo de las nubes y termina en la tierra. Esto va de acuerdo con lo que encontramos en el libro de Apocalipsis donde se nos revela que viene un día en que toda la creación adorara al Señor. Esa adoración comenzará desde el mismo trono de Dios que está rodeado de cuatro seres vivientes, conocidos también como querubines, los cuales le adoran día y noche. Apocalipsis 5:11-14

11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Analizando la estructura de Salmo 148 también encontramos que la ehortación a alabar a Dios inicia con seres inteligentes en las alturas, sigue con obras inanimadas y criaturas de la naturaleza, y termina con seres inteligentes en la tierra.

¿Qué entendemos por alabar? Según el diccionario teológico, en la Biblia encontramos otras palabras sinónimas con alabar que nos ayudan a entender su significado. Estas son: “bendecir, ” “exaltar, ” “ensalzar, ” “glorificar, ” “magnificar, ” “agradecer, ” y “confesar.” Alabar a Dios es hacer notar o señalar su gloria.”

Es una lástima que la gente del mundo elogia a un deportista por sus hazañas o exaltan a artistas por sus talentos, pero no pueden alabar a Dios quien los ha creado. Como criaturas de Dios deberíamos alabarle naturalmente por sus obras, siendo la obra principal la creación del hombre. En Colosenses 1:16 encontramos que todo fue creado por medio de Cristo y para Cristo. Fuimos creados para él, pero el pecado hizo división entre nosotros y el Señor. La humanidad no puede alabar a Dios porque está muerta en sus delitos y pecados.

Para esto vino Cristo, para darnos vida, acercarnos a su presencia, y así darnos la libertad que nos permite exaltar a nuestro Dios con gozo. Podemos entender porque la gente del mundo no alaba a Dios, pero como es posible que un cristiano lavado con la sangre de Cristo tenga dificultad para alabar a Dios. Podemos inventarnos varias excusas para explicar la razón de nuestra frialdad espiritual. Pero es mejor dejar a un lado las excusas y obedecer al llamado que nos hace el Espíritu Santo.

El versículo 13 nos da dos razones del porque debemos alabar a Dios. Primero, por la magnificencia de su nombre, y segundo, por la grandeza de su gloria. El nombre de nuestro Dios contiene autoridad y poder. Su gloria nos habla de su hermosura y esplendor. Su gloria es tan grande que cubre todo el universo. Estas y muchas razones más demandan nuestra alabanza para Dios, sin embargo, la razón principal es que él se lo merece. Apocalipsis 4:11 lo dice mejor: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” Amén, él es digno.

El versículo 14 nos enseña lo que Dios hace por su pueblo. Podemos gozarnos en el hecho de que nuestro Dios nos aumenta el poderío en la tierra. O sea, poder espiritual contra el mal. Creo que esto viene como resultado de nuestra alabanza hacia él.

Cuando alabamos a Dios, sin darnos cuentas, nos estamos beneficiando a sí mismo. Al alabar a Dios estamos provocando la manifestación de su presencia en nuestras vidas, pues el Salmo 22:3 dice que él habita en la alabanza. La manifestación de su presencia siempre trae gozo. Salmo 16:11, “en tu presencia hay plenitud de gozo.”

Aunque haya momentos en los que no tengamos las fuerzas ni el deseo de exaltar a nuestro Dios, necesitamos transcender nuestros sentidos carnales y ofrecer al Señor el sacrificio de alabanza. Su palabra dice que el que sacrifica alabanza, ese lo honrará (Salmo 50:23).

 

FORTALEZA PARA EL HOMBRE INTERIOR

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; (Efesios 3:14-16)

Necesitamos ser fortalecidos en nuestro hombre interior para poder estar firmes en el camino del Señor y poder llevar a cabo la obra que él nos ha encomendado. La falta de fortaleza espiritual es la razón por la que muchos creyentes están cayendo continuamente ante los ataques del enemigo; mientras que otros se sienten incapaces de completar el trabajo que Dios ha puesto en sus manos. Lamentablemente muchos cristianos ignoran o no están conscientes de las necesidades de su hombre interior.

¿Cual es la causa de esta ignorancia e inconsciencia? En nuestros sentidos podemos percibir fácilmente cuando nuestros cuerpos están debilitados o cansados. También sabemos como se siente el tener fuerza muscular y vitalidad para llevar a cabo nuestras tareas diarias. A nadie le gusta sentirse débil o enfermo, por lo que hay mucha gente ejercitando su cuerpo y cuidando su dieta con el fin de fortalecerse físicamente. Al vivir en mundo material estamos siempre conscientes de lo que percibimos con nuestros sentidos.

Sin embargo, la Biblia nos enseña que hay un mundo espiritual y que así como tenemos un cuerpo con leyes biológicas necesarias para vivir en este mundo, también tenemos una alma y espíritu que necesitan estar bajo las leyes espirituales de la Palabra de Dios para tener la vida de Dios.

Ademas, La Biblia enseña que todo aquel que cree en el Señor Jesucristo y lo recibe como Señor de su vida, es hecho una nueva criatura. Antes estaba muerto en sus delitos y pecados, pero ahora es resucitado espiritualmente. Antes sólo tenía una vida natural en su interior, pero hoy posee una vida sobrenatural en su hombre interior.

Desde qué el ser humano entra a la familia de Dios por la fe en Jesús entra en una guerra espiritual constante contra el mal. Sus enemigos son el mundo, el diablo, y la carne. Al estar en una guerra de tal magnitud, habrán momentos en que el hombre interior se agotará y perderá fuerzas sino recibe poder a través del Espíritu Santo.

¿Que entendemos por hombre interior? En la Biblia el “hombre interior” es un termino para referirse al espiritu y el alma del hombre y la mujer. En el alma esta la voluntad, la emocion, y la mente del ser humano, pero el espíritu es el área más importante. Es en el espíritu que podemos tener contacto con Dios. Es allí donde oímos la voz de Dios y recibimos revelación y conocimiento de su voluntad. Es en el espíritu también que se encuentra la consciencia.

El esfuerzo de las huestes demoníacas que combaten contra el cristiano es de llevarlo a un agotamiento o debilidad espiritual que le impidan mantener la comunión con Dios en su espíritu. Satanás sabe que un creyente desconectado de la comunión con Dios no tendrá las fuerzas necesarias para mantenerse en victoria. Por esta causa nuestro adversario se afana tratando de hacernos menguar en nuestra vida de oración.

Por lo tanto, hoy mas que nunca, la oración que Pablo hizo por la iglesia de Efeso es de gran relevancia en estos tiempos de grandes batallas espirituales. Necesitamos estar conscientes de la condición de nuestro hombre interior para clamar a Dios por fortaleza en el momento de fatiga y debilidad espiritual.

Nos es fácil determinar si nuestros cuerpos están debilitados o enfermos, pero el conocer el estado de nuestro interior requiere discernimiento espiritual y disciplina. El discernimiento espiritual es uno de los sentidos espirituales que nos ayuda a conocer nuestra condición ante Dios. Tambien se necesita disciplina porque siempre estamos conscientes del mundo material que nos rodea, pero solemos ignorar el mundo espiritual y la condicion del hombre interior. Se requiere de un esfuerzo y vigilancia continúa para ser exitosos. Nuestro Señor Jesús dijo: “Velad y orad para que no entréis en tentación.” (Mateo 26:41a)

Según la oración de Pablo, vemos que recibimos fortaleza por el poder que el Espíritu Santo imparte a nosotros. Dependemos del Espiritu de Dios para poder llevar a cabo su obra en la tierra. Cuando Dios le encargo a Zorobabel la tarea de edificar el templo en el tiempo de la restauración, él le dio este mensaje de animo a través del profeta Zacarías: Entonces respondió y me habló diciendo: Ésta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. (Zacarías 4:6)

Muchas veces como ministros del Señor pasamos por momentos en los que ya no queremos seguir en la obra de Dios. A veces sentimos un desanimo y apatia hacia las cosas de Dios. Amamos a Dios y permanecemos en su camino, pero el deseo de trabajar y servir en la iglesia ha desaparecido. Estos son síntomas de un cristiano agotado o debilitado en su hombre interior.

Efesios 3:16 es una palabra de esperanza para todo el que este débil o en necesidad de fortaleza. Por esta palabra sabemos que podemos pedir a Dios que fortalezca nuestro espíritu y que él nos va a contestar. Esta es una oración que tiene garantía de ser contestada porque estamos pidiendo algo conforme a la voluntad de Dios. Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1 Juan 5:14)