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Estudios bíblicos y conferencias

EL CONOCIMIENTO DE DIOS ES LA GLORIA DEL HOMBRE

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. Jeremias 9:23-24

En el capitulo 9 Jeremías denuncia los pecados de su pueblo, y les advierte del juicio que Jehová enviaría contra ellos a causa de su maldad. Mas adelante, en el versículo 22 declara como los muertos serian semejantes al estiércol en los campos de Judá, después de la futura invasión de Jerusalén.

Es en este contexto que recibimos un mensaje que nos enseña cual es la verdadera gloria o alabanza que un ser humano debe buscar en este mundo.

Dios le quería hacer ver a su pueblo que el gloriarse en la sabiduría humana no serviría de nada en el día del castigo. Ningún sabio iba a escapar por su sagacidad política o su conocimiento intelectual.

Tampoco el valiente o “fuerte”, como lo traducen algunos, debe poner sus ojos en la valentía y fuerza que posea. El que se alaba por ser valiente esta diciendo que tiene la capacidad de enfrentar a cualquier enemigo en sus fuerzas. Pero de nada vale la valentía ni la fuerza si el Señor no esta de nuestro lado.

También hay quienes se glorían en sus riquezas porque han hecho un dios de su dinero. Lamentablemente, nadie puede comprar la muerte. Así como los ricos del reino de Judá no se pudieron salvar con sus riquezas, tampoco los ricos de hoy en día escaparan el día de su muerte.

¿Porque vamos a gloriarnos en nosotros mismos, cuando todo gloria humana es vanidad? Creo que hay un deseo natural en todo ser humano de ser elogiado por sus compañeros, amigos, y familiares cuando. Pero debemos reconocer que cualquier alabanza que podamos recibir en esta vida es fútil y pasajera.

El mensaje de Jeremías tenia el propósito de convencer al pueblo acerca de la ira de Dios contra ellos. Pero a pesar de las advertencias del profeta, habían algunos que estaban confiados que por su sabiduría, valentía, y riquezas, iban a escapar de los juicios de Dios; y ademas de esto, consideraban a Jerusalén como una ciudad impenetrable.

Considero que es una gran tragedia cuando una persona se alaba a si mismo y deposita su confianza en otras cosas, menos en el refugio eterno, Jesús de Nazaret.

Jehová les revelo a los judíos que si alguien deseaba alabarse, en otras palabras, si alguien deseaba alardear de su confianza en algún refugio, solo el que entendiera y conociera a Jehová podía hacerlo.

Esto no quiere decir que podemos alardear de nuestro conocimiento de Dios. Si hacemos algo así, demostraría que en verdad no entendemos ni conocemos a Jehová.

El diccionario de la lengua española define el verbo “entender” como, 1. Comprender, captar el sentido de algo; 2. penetrar; 3. conocer el animo o la intención de alguien; entre otras definiciones.

Pienso que muy pocas personas pueden decir que entienden plenamente al Señor, pero todo hijo de Dios debe conocerlo si es que un día espera morar para siempre con él.

El conocer a Dios no es un ejercicio de la imaginación de religiosos que pretender ganar el cielo con sus buenas obras. El conocer a Dios conlleva una relación personal con el Creador, la cual se hace posible por la sangre de Jesús, y por la obra del Espíritu Santo. Cuando un creyente conoce y entiende quien es Dios, no se gloriara en sus dones o virtudes personales, sino que su mirada estará enfocada en la gloria de Dios.

El apóstol Pablo cito Jeremías 9:24 de la siguiente manera: “Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” 1 Corintios 1:31. Esta es la aplicación que el Espíritu Santo nos provee de este texto en el Nuevo Testamento a través de Pablo.

Finalmente, el apóstol también fue inspirado a escribir sobre este tema en la segunda carta a los corintios, y en ella aprendemos que Dios alaba, es decir, “elogia” al que se gloría en él.

Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba. 2 Corintios 10:17-18

¡Oh! que Dios nos ayude a entender que no necesitamos buscar ni desear otra gloria que no sea el conocerlo y entenderlo a él. Porque en verdad que no somos dignos de tan grande privilegio, de tan grande honra.

EL LLAMAMIENTO DE JEREMIAS

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El joven sacerdote vivía con su familia en Anatot, en un campo cerca de Jerusalén. Este joven que de seguro estaba siendo preparado para un día ejercer el ministerio sacerdotal, no se imaginaba que Dios tenia otros planes para él. La voz de Dios vino a Jeremías con un llamado profético que iba a alterar sus metas y sueños para siempre.

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. (Jer. 1:4-5)

Ya de antemano Dios había planeado lo que iba a hacer con la vida de Jeremías. De hecho, Jehová le revelo a este varón que ya lo conocía aun antes de su concepción. Lo que el Señor le estaba diciendo no era simplemente que tenía conocimiento acerca de él, sino que su conocimiento era personal.

Estas son palabras muy profundas y significativas para nosotros también; nos hacen recordar el Salmo 139:16, Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.

Hay muchos que viven sus vidas pensando que son un accidente cósmico; que la vida humana no tiene sentido ni razón de ser porque vienen de la nada, y van a la nada. Pero estas escrituras revelan que Dios nos ha visto y conocido aun desde antes de nacer. El meditar en esta verdad debe llevarnos a valorar el corto tiempo que vivimos en este planeta, y preguntarnos cual es el propósito para mi vida.

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Dios le dijo a Jeremías que lo había santificado desde el vientre para ser profeta a las naciones. La palabra santificar significa, “separar” o “apartar.” Es decir que Dios no solo conocía a Jeremías, sino que también había determinado cual sería su vocación y lo aparto para su servicio.

Creo que todo creyente en Cristo ha sido llamado al camino del evangelio con un propósito especial de parte de Dios. Este propósito no se limita solo a la salvación de nuestras almas, sino también para ser sal y luz en la tierra. En otras palabras, somos llamados a proclamar a Jesucristo en el mundo; a dejar brillar su luz en nuestras vidas.

Jeremías, al igual que muchos de nosotros, presento excusas para evadir el llamado al ministerio profético. Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. (Jer. 1:6)

El profeta miraba su falta de elocuencia para hablar delante de los reyes y las multitudes como un obstáculo para cumplir con la tarea que le había sido encomendada. Es verdad que naturalmente podemos carecer de ciertas habilidades necesarias para ejercer una tarea espiritual, pero cuando Dios nos envía a hacer su obra, él siempre nos dará la capacidad para hacer lo que nos ordena.

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. (Jer. 1:7)

El Señor sabe que cuando nos envía a hacer un trabajo para su reino, el temor invadirá nuestros corazones. Por esto le dio palabras de aliento que servirían de ánimo no solo para él, sino para nosotros también.

No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. (Jer. 1:8)

El temor ha inmovilizado el ministerio de muchos creyentes que ignoran esta poderosa promesa de Dios. Si Dios esta con nosotros, no hay porque temer a ningún peligro, ni ninguna oposición.

Ojalá podamos creer a la palabra de Dios, para así poder andar conforme a la vocación con que fuimos llamados.

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