DANIEL Y LA ORACIÓN (capítulo 9)

Daniel y el pueblo Judío estaban cautivos en Babilonia. Daniel vivió durante el esplendor y la gloria del reino de Nabucodonosor. Presenció La caída del imperio en manos de Belsasar, y el levantamiento del Imperio Medo-Persa bajo el rey Ciro. Ya avanzado en edad y viendo que el cautiverio se acercaba a los 70 años, Daniel estudiaba el libro de Jeremías en donde encontró el número de años de la cautividad. Jeremías 25:11-12 dice: Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.   Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia  y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los  caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.   Esta palabra profética animó su espíritu a interceder por su pueblo humillándose delante de la presencia del Señor. Su deseo era conocer la voluntad de Dios para su pueblo, quería confirmar el cumplimiento de la profecía. Encontramos en Daniel 9:3 los diferentes medios utilizados por el profeta para buscar el rostro del Señor. Lo buscaba en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. 

A través de las Escrituras Dios nos está llamando a que busquemos su rostro. El Salmo 105:4 dice: Buscad a Jehová y su poder; buscad siempre su rostro. En Amós 5:4 dice el Señor: Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme y viviréis. Daniel buscaba a Jehová en oración. Como hemos venido estudiando, la oración es el medio de comunicación del hombre con Dios.

Dice el texto que le buscaba en ruego.  El ruego o súplica es sinónimo de oración. Sin embargo, esta palabra tiene un significado único en si mismo. David Reagan en su sitio “Learn the Bible” da esta definición: “De acuerdo a la historia de la palabra súplica, se refiere a doblegarse e indica una sumisión arrodillándose o postrándose. Rogar o suplicar es pedir humildemente y seriamente. Se refiere mas a nuestra actitud en la oración.”  Rogarle o suplicarle al Señor denota nuestra dependencia en la misericordia de Dios.

También dice que le buscaba en ayuno. Esta es una de las armas mas poderosas del creyente; pero debemos cuidarnos de no ayunar incorrectamente. En Isaías 58 Jehová reprende a su pueblo porque ayunaban, pero no vivían como el Señor les demandaba. El ayuno sin obediencia a la palabra de Dios es pasar hambre. Pero a pesar de esto, el ayuno continua siendo una parte importante de la búsqueda de Dios. En el Nuevo Testamento vemos que aun nuestro Señor Jesucristo tuvo que ayunar. Jesús nos revela que hay géneros de espíritus inmundos que no salen si no es con ayuno y oración. Marcos 9:29 – Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno. 

El cilicio era una vestidura de saco que en los tiempos antiguos su usaba como muestra de luto o gran tristeza. Cuando los hermanos de José le mintieron a Jacob diciéndole que había sido despedazado por una fiera, Jacob rasgó sus vestidos y se vistió de cilicio en señal de luto y dolor  (Génesis 37:34).  También tenemos el ejemplo de Mardoqueo en Ester 4 que cuando vio que el edicto para exterminar a los judíos había sido enviado a las ciudades bajo el reino Persa, se vistió de cilicio y caminaba gimiendo ante todos. Sin embargo, en muchos círculos cristianos el cilicio significa buscar a Dios en oración dejando la cama y durmiendo en el piso. Esto ocurre porque en la mayoría de versículos donde encontramos la palabra cilicio también vemos que la persona se postraba o dormía en ceniza.  Pero no siempre se hacían ambas. Aunque ya hoy en día el creyente no necesita vestirse de sacos para buscar a Dios en oración, creo que el cilicio debe ser una vestidura espiritual que utilizamos cuando gemimos en intercesión por la iglesia y las almas perdidas. El cilicio era una representación tangible del dolor que sentía el individuo. Aunque hoy no necesitamos mostrar el dolor que sentimos con un vestuario visible, podemos vestir el cilicio en el corazón. Recordemos que nuestro cilicio no debe ser a causa de una tristeza carnal o egoísta, sino por amor al Señor y su obra cuando el Espíritu Santo nos dirija.

El postrarse en ceniza era la expresión de humillación y dolor mas grande para los orientales del pasado. Como ya dijimos, la persona doliente se postraba y dormía en cenizas, usualmente acompañada del cilicio (Ester 4:3). El uso de cenizas en el arrepentimiento o búsqueda de Dios en oración no era una practica ordenada por Dios. Mas bien, era una costumbre de los antiguos en el medio oriente que surge como una expresión emocional en momentos de dolor. Cuando Job perdió todos sus bienes, sus hijos y su salud estuvo enlutado sentado en ceniza (Job 2:8). En sentido figurado la ceniza significa “falto de valor,” “insignificante,” “que se desvanece.” No necesitamos postrarnos en ceniza para demostrar que sentimos dolor o que estamos humillados ante el Señor. Pero el significado que tenía esa practica debe ser parte de la humillación nuestra en el corazón. En la actualidad es difícil encontrar siervos y siervas que oren con gemido, lagrimas y lamento. Claro está que este tipo de oración no es para una rutina diaria, sino para momentos señalados por el Espíritu Santo. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Romanos 8:26.

En su oración Daniel hace confesión a Dios por sus pecados y los pecados del pueblo. Aunque él se había mantenido fiel a Dios en Babilonia y Dios le había revelado grandes cosas, Daniel tuvo la humildad para reconocer que no era mas grande que los demás.  Su oración conmovió el corazón de Dios y sin esperar que terminara, Jehová envió el ángel Gabriel para hablar con su siervo. En Daniel 9:20-21 dice:  Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi  pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el  monte santo de mi Dios;    aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.   Recordemos que Daniel estaba en ayuno, pero la respuesta vino cerca de la hora del sacrificio de la tarde. Desde la mañana hasta la tarde Daniel se mantuvo clamando intensamente hasta recibir la respuesta. Que el Señor nos ayude a buscarle de todo corazón. Estando dispuestos a rendirlo todo a Él, dándole siempre el primer lugar en nuestras vidas.

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2 pensamientos en “DANIEL Y LA ORACIÓN (capítulo 9)

  1. Que la paz del Dios todo poderoso le cubra abundantemente, a usted y a su familia. Mi comentario en esta manana es que la clases estubo estupenda y pude notar que el resto de los estudiante le pusiero bastante atencion. Maestro siga continuando animandonos con sus estudios y explicaciones. Tambien queria darle una sugerencias ponga a leer a las personas que casi nos leemos y a los ancianos para que no se sientan aburridos en la clase esa es una forma de intusiamarlos y animerlos en la clases. pase un grandioso dia me saluda a su esposa y a Noemi un Beso grandote

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